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El calvario del Sporting

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La afición celebra el primer tanto rojiblanco, marcado por Duje Cop. / DAMIÁN ARIENZA

  • Los gijoneses tuvieron contra las cuerdas al líder, pero claudicaron en una individualidad final del mediapunta y se quedan en manos del Espanyol

  • Isco ajusticia a los rojiblancos, que se pusieron por delante en dos ocasiones, en el minuto 89

A punto estuvo el Sporting de incendiar la Liga en sus dos frentes más extremos. Lo hizo con un partido generoso de físico, de sobresalto hasta el último suspiro, pasional y meritorio, con El Molinón en plena erupción, aunque el talento de Isco escamoteó el punto con el que ya se relamía el sportinguismo. Dos veces se puso por delante el equipo de Rubi ante el líder de la Liga, pero en las dos le explotó su mentón de cristal, con muy poco aguante en el cuerpo a cuerpo, frágil en defensa y nervioso en la navegación a favor de corriente, aunque el guión del partido merecía un desenlace equilibrado.

El Madrid ganó con su flor legendaria, en el último suspiro del encuentro, en el que se maneja como el mejor grupo futbolístico del mundo. Aunque sudó de lo lindo para embalar los tres puntos en el equipaje de vuelta a la capital. Sin suponer un estímulo matemático, la contienda sirvió para que el Sporting se reconciliase con el fútbol tras dos gatillazos demoledores en sus opciones. A estas alturas, en cualquier caso, supone un consuelo demasiado nimio, con la ilusión totalmente dependiente del comportamiento que muestre este mediodía el Espanyol en Butarque, donde hoy se juega la permanencia de los rojiblancos, al borde del abismo.

El partido tuvo nervio al principio y al final. Viril y revoltoso, el Sporting planteó la batalla desde un muro de contención en su retaguardia, asociados Babin, Amorebieta y Meré en el mismo once, con Cop y Carmona -este libre para iniciar alguna excursión- lanzando la ofensiva. Pero el equipo de Rubi fue un flan al contacto con el balón, tímido y apocado ante un coloso con menos pedigrí sin Cristiano, Benzemá y Bale, aunque Isco se reencarnase en todos ellos. La elaboración solo existía en los pies de Vesga, notable, clarividente y calculador en cada pase. A la altura del espectáculo. El resto era fútbol espumoso, con Isma López como instigador principal de todas las acometidas, con demasiados nervios y precipitación en los metros finales, donde moría el plan de ataque.

Descorchó la botella, sin embargo, el Sporting, que dejó destemplado al cuadro de Zidane. Vesga subió un balón al cielo de Gijón y el incansable Cop, que olfateó una autopista entre Nacho y Sergio, apuntó el noveno gol en su cuenta con la pierna izquierda. El tanto tuvo poso histórico porque además era el primero que recibía el Madrid en Gijón tras algo más de dos décadas con la pólvora mojada. El Molinón alcanzó un estado febril. Aunque el golpe fue de corto alcance. Apenas un molesto zumbido para el Madrid, que reaccionó de inmediato y contuvo la crecida de El Piles. Isco alumbró una belleza en un metro cuadrado, dejando secos a Vesga y Amorebieta con su regate corto, y venciendo a Cuéllar con un diabólico disparo con la izquierda.

El partido se sosegó un poco en el ecuador del primer acto, probadas ya las dos porterías. Las fuerzas se igualaron y ambos contendientes bajaron un par de marchas. El Sporting elaboró algo más, abrochado a Vesga, aunque el equipo de Zidane compartía en contadas ocasiones el balón. Pero su monopolio, espeso con el derroche de los centrocampistas rojiblancos, solo le daba para inspeccionar de forma superficial la madriguera de Cuéllar, que vivió en relativa calma este tramo del encuentro.

Título y permanencia

El Madrid se vio en un problema cuando, a la vuelta del receso, el Sporting le cogió sesteando en una larguísima falta sacada por Carmona. Babin templó el envío con la cabeza y Vesga superó con otro testarazo la posición adelantada de Casilla. La Liga ardió en ese momento por sus dos extremos. Título y permanencia. Y Rubi comenzó a desear la aceleración del reloj. Hubo toque de corneta desde la grada para impulsar a sus muchachos. El Molinón se metió de lleno en la realidad que dibujaba el marcador, con el Leganés a dos puntos.

A Zidane le entró la prisa. Marcelo compareció por Coentrao. Sonaron los tambores de guerra y el Madrid percutió más por la izquierda con el brasileño, que alteró el choque. El Sporting, descamisado, renunció al balón para cubrir todos los metros del campo, aunque su mandíbula de cristal volvió a explotar en un centro de Danilo cabeceado por Morata.

Fernández Borbalán se metió en problemas en una acción en la que sancionó de manera injusta a Lillo tras un encontronazo con el delantero del Madrid. Aunque sin influencia, su brazo cebó de tarjetas con saña al equipo rojiblanco, que siguió compitiendo con mucho voltaje. Isma López se lanzó desbocado por la izquierda y cruzó treinta metros de verde sorteando obstáculos hasta asomarse al área del Madrid y disparar con la derecha. La explosión silbó cerca del oído de Kiko Casilla.

Zidane ordenó cargar con toda la caballería, sintiendo el soplido en la nuca del Barça. Y Rubi buscó frescura con Cases en plena embestida 'merengue'. Isco hizo que los aficionados se clavaran en sus butacas de pavor con otra peligrosísima secuencia de regates, que concluyó Marcelo con un disparo seco. El técnico catalán retiró a Cop, con las piernas molidas por un esfuerzo titánico, y sumó a su apuesta el músculo de Ndi. A la espalda de su ofensiva, el Madrid dejaba mucho aire. En ese nido de posibilidades porfió su oportunidad el Sporting, que hiló un par de acciones peligrosas en su desarrollo, pero inofensivas en su culminación.

Injusto fue el desenlace. La bombilla de Isco volvió a iluminarse para recepcionar un pase de Marcelo y derrotar a Cuéllar con un derechazo raso que pegó un lametazo a su poste derecho. Ahí claudicó el Sporting, marchitado de esperanza, fundido al límite y aguardando este mediodía con los dedos cruzados una última oportunidad por cortesía del Espanyol.

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