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Sporting

La mayor genialidad de Isco

Wafae, con su hija Manar, junto al futbolista del Madrid en la firma de autógrafos del viernes en el Hotel NH de Gijón.
Wafae, con su hija Manar, junto al futbolista del Madrid en la firma de autógrafos del viernes en el Hotel NH de Gijón. / WAFAE BEN MOUSSA
  • «Estaba emocionada con la celebración del tercer gol y seguro que todos los sordos del mundo también», asegura Wafae Ben Moussa, destinataria del gesto del mediapunta

Aunque escondía un bonito y cariñoso mensaje, la celebración del último gol de Isco provocó en un principio la furia de la grada de El Molinón. En el gesto, con los dedos pulgar, índice y meñique levantados en las dos manos, algunos creyeron ver el deseo velado de un descenso a Segunda División del Sporting. No iban por ahí los tiros, orientados hacia la promesa que se había construido el día anterior en el Hotel NH, con el Real Madrid recién llegado a la ciudad y Morata y el mediapunta de Benalmádena firmando autógrafos a un grupo de aficionados.

En un momento, Manar, una niña gijonesa de 8 años, explicó al futbolista que su madre, Wafae Ben Moussa, y un amigo de ella, Jorge Iglesias Fernández, que precisamente la acompañaban en ese momento de espontánea conversación, eran «sordos». Y arrancó una promesa al fino jugador malagueño. «Dice mi madre que, si marcas un gol, si puedes hacer este signo (el que reprodujo Isco en la celebración final)», le espetó la pequeña. «¿Qué significa?», preguntó él curioso. «Te quiero», explicó Manar. En la despedida, el internacional español confirmó con una sonrisa «mañana -por el sábado-», acompañándose del gesto.

Para desgracia del Sporting, el futbolista del Madrid cumplió su palabra en el minuto 89 del encuentro, con El Molinón paladeando un sabroso punto, cuando vio una ventana para la oportunidad entre las piernas de Babin y muy cerca del poste derecho de Cuéllar, donde coló un latigazo raso. En la celebración se fue a la banda, sacó la lengua, levantó los dos brazos y estiró esos tres dedos de cada mano en un gesto cómplice hacia la pequeña y su madre.

Corazón dividido

En uno de los establecimientos hosteleros de los bajos de El Molinón seguían el partido, en ese momento, madre e hija, con el corazón dividido por lo que suponía para el Sporting el mazazo y, al mismo tiempo, la alegría de ver que el mediapunta no había olvidado la conversación del día anterior. «No lo esperábamos, pero le conocimos y estamos muy contentas por ello. De cerca es muy bueno, muy agradable y muy guapo», bromeaba ayer Wafae Ben Moussa en conversación a través de mensajes de móvil con EL COMERCIO. «Estaba muy emocionada con la celebración y seguro que todos los sordos del mundo también», agregaba esta gijonesa, de origen marroquí, que desde hace años reside en la ciudad, en Ramón y Cajal.

Desde El Molinón, Isco explicó también la intencionalidad de su gesto para evitar malentendidos, que ya había percibido en el campo. «Era para una chica cuya madre es sordomuda y me pidió que hiciera este gesto, que significaba te quiero, y me he acordado de ella (en la celebración)», resumió el internacional español, vestido ya de calle, con una gorra calada y a punto de partir. Madre e hija, gracias a la mediación de los efectivos de seguridad del estadio, pudieron acceder a la zona del aparcamiento para agradecer el detalle con un regalo que habían comprado para Isco, pero el autocar del Real Madrid ya se ponía en marcha con su mayor genio a bordo.

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