El Comercio
Sporting

Menos distancia, más difícil

El once rojiblanco, que ayer vistió con medias de color fluor, saludan al Sadar antes del inicio del partido.
El once rojiblanco, que ayer vistió con medias de color fluor, saludan al Sadar antes del inicio del partido. / PALOMA UCHA
  • El punto recortado frustra las ilusiones de los rojiblancos, conscientes de que solo quedan cinco jornadas para alcanzar al Leganés

En un escenario propicio para completar una gran zancada en su camino hacia la remontada, el Sporting dio ayer un ligero paso al frente. Un tenue avance en su anhelo de escalada clasificatoria, difuminada por un paso de las jornadas que cimenta una agónica cuenta atrás.

Al contrario que el del Leganés, su rival en el pulso por eludir el descenso, el casillero sportinguista se movió veinte días después para achicar su desventaja con el cuadro 'pepinero' hasta los cuatro puntos, pero los centenares de sportinguistas que poblaron el estadio de El Sadar salieron de él con una sensación de desazón. La alimentó una reacción incompleta que no permitió a su equipo sumar por partida triple en el feudo del colista.

La carrera contra el reloj eleva su grado de frenetismo y los gijoneses no encuentran un gran impulso que permita estrechar el cerco a su gran rival en el mano a mano por la permanencia. El remate de Carlos Castro estrellado en el cuerpo de Sirigu, con el conjunto dirigido por Rubi entregado al toque de corneta, se quedó a las puertas de cristalizar en ese espaldarazo de moral que les permitiese vislumbra un horizonte con menos nubarrones y trasladar de esa forma la tormenta a los alrededores de la capital española.

La postrera dentellada a la portería de Osasuna no sació el apetito del sportinguismo, obligado este martes a llenar un estómago famélico de triunfos en El Molinón ante el Espanyol, un rival con más mimbres para proteger su menú que el conjunto navarro. Le siguen rugiendo las tripas al Leganés, que se quedó con la miel en los labios en Villarreal al escurrírsele en el tiempo añadido y con permisividad arbitral un punto que comenzaba a saborear.

Explotó al ver perforada su meta con la mano Iago Herrerín, que expresó su descontento por esa jugada en su cuenta de Twitter y este miércoles recibirá al talentoso y díscolo ataque de Las Palmas en Butarque, con el conocimiento del resultado de la batalla entre el Sporting y el Espanyol. Un nuevo duelo en una guerra en la que los gijoneses se encomiendan cada vez más a la épica.

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