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El Sporting sobrevive a un desastre

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Carlos Castro bate por bajo a Sirigu y consiguió así el empate que permitió al Sporting sumar en Pamplona. / PALOMA UCHA

  • Los rojiblancos, que se quedan a cuatro puntos del Leganés, se extraviaron con el primer gol en contra 'rojillo'

  • Canella y Carlos Castro equilibran en un minuto un partido perdido ante Osasuna en El Sadar

Este Sporting siempre tiene estómago y tiempo para la tragedia, más dolorosa cuando las buenas oportunidades florecen como el amarillo de colza que embellece el paisaje navarro estos días y su aprovechamiento escasea. Clínicamente muerto a doce minutos para el final de un triste espectáculo en El Sadar, la bombilla se encendió en la cabeza del conjunto rojiblanco, obtuso hasta la detonación, pero con alma de superviviente. Lo que no se sabe es por cuánto. Porque ese puñado de minutos no entierra lo que pudo ser una cornada con muchas trayectorias en El Sadar, que se zampó al Sporting en el segundo acto, aunque no es menos cierto que Osasuna pudo hincar rodilla en el último asalto, cuando el encuentro se desbocó, sin protocolo defensa-ataque. Cuesta mantener la fe en un equipo así, tan proclive a desmayarse a la hora de la verdad, desquiciantemente irregular, únicamente capaz de presionar al Leganés desde la distancia.

Canella y Castro birlaron dos puntos con los que ya se relamía la grada 'rojilla' en un minuto de inspiración divina y clímax sportinguista, pero el sentimiento resultante fue de culpa por la enésima oportunidad perdida. La cuenta de ocasiones que se han ido por el sumidero ya rebosa. Cierto es que desde un prisma objetivo, el Sporting amanece hoy mejor que ayer, a cuatro puntos del Leganés, pero el calendario juega en su contra con solo cinco partidos para enmendar su tendencia. Y el retrovisor del 'Lega' no termina de ver las luces de su perseguidor.

Digerida la tarde de fútbol en Villarreal, costó lo suyo que el espectáculo arrancase en Pamplona y se liberase. El inicio del primer tiempo se consumió en un fútbol de probeta, poco estético y cortado al milímetro por el miedo, abrasando el balón a su poseedor. La adrenalina era de ajedrez. Aunque cuando el Sporting se agarró al piso de El Sadar, sosegó su juego, dando palique al balón. Y fue superior a un rival que se vio con viento a favor no se sabe bien cómo, con el tanto a la limón entre Kenan Kodro y Meré. Quizá Gil Manzano tuviera una remota idea, anulando un gol legal a Burgui, en línea, y obviando un empujón a Cop en los primeros espasmos del encuentro. También los rojiblancos tuvieron su cota de responsabilidad en el desnivel. El máximo goleador del Sporting se nubló en un mano a mano ante Sirigu. Ajustó tanto que terminó desenfocando su remate con la zurda.

Nervioso y espeso, asustado por el marcador en contra y la posibilidad de otro gatillazo, el equipo de Rubi buscó refugio en el balón, dando carrete Vesga y Moi Gómez a las correrías del revoltoso Burgui, excesivo cuando quiso ampliar su repertorio a los balones parados. Cop se iba al frente en cada disputa. Los cerca de los dos mil aficionados rojiblancos, diseminados por las butacas de El Sadar, sufrían de lo lindo, atornillados a su asiento.

El farolillo rojo se estimuló con el empuje obstinado de su hinchada, animosa y ejemplar pese a la realidad que dibuja la clasificación, pero siempre fue actor secundario en esta imberbe fase del encuentro, aunque con una propuesta raquítica, de receta básica, le sirvió para gobernar en la parte más sustancial del fútbol. Ayudaron a ello Kenan Kodro, el incordio de Sergio León y la movilidad de Roberto Torres.

Encogido de pavor

Percutió el Sporting con la misma idea a la vuelta del intermedio, pero volvió a mostrarse muy tierno en el área rival, seco, pese a disponer de una importante variedad de ocasiones. Burgui desgarró por la derecha, tocando a rebato, aunque se escurrió de forma incomprensible en el cuerpo a cuerpo con un defensor cuando enfilaba a Sirigu. Perdonó Gil Manzano a renglón seguido la expulsión a Tienza, con una amarilla a sus espaldas, en una entrada sobre Vesga. Vasiljevic no quiso tentar más a la suerte. Un puñado de minutos más tarde dio entrada a Fran Mérida en su lugar. Antes Sergio León había tenido el cuchillo en el cuello del Sporting en un centro de Torres que remachó el cordobés con la derecha. El sportinguismo se encogió de pavor.

Con ese panorama, bajó un mar de marchas el equipo de Rubi, un manojo de nervios que envalentonó a Osasuna, en plena crecida. Rubi hizo comparecer a Víctor Rodríguez por Carmona, pero siguió el desinfle y los navarros ganaron vigor. El Sporting se volvió plano en el sobeteo de pelota, con los anfitriones parapetados en su campo, entregados al orden y el juego directo. Buscó el picante el catalán asociando a Castro con Cop, pero la cosa todavía fue a peor. Kodro remató al Sporting, con la mortaja cubriendo ya su lánguida silueta.

Cuando más desahuciado parecía el equipo, soltó de forma inesperada amarras y se liberó en ataque. En un pestañeo, Canella y Castro pusieron patas arriba El Sadar, equilibrando el choque. El equipo de Rubi olió sangre y se lanzó a la yugular. Castro tuvo el gol de la victoria tras una pared con Cop -incomprensible que no ejecutara ninguna de las dos faltas directas del partido-, pero se estrelló con Sirigu. No hubo tiempo para más. Solo para rumiar el trago amargo de lo que pudo ser y no fue.

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