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El caldo de cultivo de un fracaso

Babin pide explicaciones a sus compañeros, con Cuéllar y Douglas a su lado, en uno de los goles del Villarreal.
Babin pide explicaciones a sus compañeros, con Cuéllar y Douglas a su lado, en uno de los goles del Villarreal. / EFE
  • El proyecto quedará marcado por un voluminoso capítulo de incorporaciones, las tensiones técnicas y un pobre rendimiento coral

  • El Sporting, con pie y medio en Segunda, agota sus opciones tras una temporada para olvidar

Agarrado por un dedo a Primera División se quedó el Sporting en Villarreal, donde se esfumó la última esperanza realista de continuar otro año en la élite, dando paso a un escenario anclado a una cuestión más ligada a la fe extrema en estas tres últimas jornadas que a cuestiones de balón. Todavía no quiere dar la batalla por perdida el vestuario rojiblanco, pero, con independencia del desenlace, la temporada deja un oscuro panorama en el retrovisor del Sporting, con un mal comienzo y un final que se intuye catastrófico.

Pase lo que pase en estas tres últimas citas del calendario, el curso 2016-2017 no quedará en el recuerdo del sportinguismo por atractivo. El proyecto de los dieciséis fichajes nació envenenado, con una nula sintonía entre Abelardo y Nico Rodríguez, sus arquitectos -aunque el 'Pitu' se quedó en las trece incorporaciones-, y un rendimiento muy pobre en competición del colectivo. Resulta difícil achacar un posible descenso a cualquier cosa que no sea el balón en un equipo que ha vivido desde la jornada ocho en la zona de riesgo. No hay excusa. Ni con Abelardo, ni con Rubi. El proyecto, hermano de uno histórico y con mayor identificación social, nunca dio una medida aceptable en la permanencia que se anuncia como la más barata de la historia, hundiéndose en los momentos más decisivos. Salvo ante el Leganés y Granada, no ha podido sacar una final adelante en toda la segunda vuelta, con especial inri en el mes de abril, del que solo ha podido rebañar tres puntos. Y opciones, con el equipo madrileño tiritando, ha tenido bastantes para el adelantamiento.

Los episodios externos también han salpicado la campaña y no han contribuido a embellecerla, con especial sonoridad en los encontronazos en las ruedas de prensa y los capítulos, de otra índole, en los que se ha visto envuelto Lacina Traoré. No se queda atrás la tensa reunión que Abelardo y su cuerpo técnico tuvieron en presencia de toda la plantilla con un reducido grupo de futbolistas, quienes les instaron a presentar su dimisión. Sin el respaldo de un grupo importante del vestuario, el técnico optó por presentar su renuncia al día siguiente ante Javier Fernández, que había rechazado sus solicitudes anteriores y esta vez aceptó su marcha.

Mención aparte merece la planificación deportiva y la selección de fichajes. Solo Mikel Vesga, con algún lógico altibajo para su edad, ha estado a la altura, con una clara influencia en el fútbol del equipo. En un nivel inferior, Cop ha tenido un rendimiento aceptable, pero ha fallado en acciones muy decisivas. Lillo ha ofrecido una línea correcta mientras tuvo continuidad, sin florituras, y Douglas ha tenido un efecto gaseoso. Burgui, por su parte, ha despertado en esta segunda vuelta, pero nunca con la capacidad decisiva de Jony, su antecesor, con más curro defensivo. El resto o ha carecido de confianza o ha rendido en la mayor parte de las ocasiones a un nivel discreto. Este capítulo está ligado estrechamente al del fracaso de las renovaciones el pasado verano, contra el criterio de Abelardo, sobresaliendo la de Jony, el jugador más decisivo del Sporting de los 'guajes', que perdieron todavía más parte de su espíritu con el papel residual al que han estado relegados jugadores tan respetados en el vestuario como Lora o Isma López.

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