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Sporting - Las Palmas | «Me cae bien el Sporting, pero no me voy a poner a llorar si le gano»

Quique Setién, técnico de Las Palmas, durante una rueda de prensa.
Quique Setién, técnico de Las Palmas, durante una rueda de prensa. / EFE
  • Quique Setién, entrenador de Las Palmas: «El proyecto del año pasado tenía algo más; me parecía más explosivo. Jony era un jugador muy importante»

A Quique Setién (Santander, 1958) le chifla la cuadrícula del ajedrez. Ya de jugador recortaba sus vacaciones para perderse en aperturas, enroques y banderas perdidas en algún torneo de verano, custodiando con mimo desde aquellos años dos recuerdos con Kasparov y Karpov. «Me ofrecieron jugar unas simultáneas con ellos, con el primero en Coslada y con el segundo en Logroño. Fueron dos días extraordinarios. Lógicamente no tenía nivel para medirme con ninguno en una competición y me los crucé así, por medio de amigos. Si no, me habrían sacado de tres jugadas», recuerda con guasa el entrenador de Las Palmas, que amenaza con un jaque mate al Sporting

Muchos entrenadores coinciden en que hay que adaptar la propuesta a la plantilla, pero usted siempre lo ha tenido claro.

Es más fácil que todos se adapten a uno a que todos se pongan de acuerdo para decidir cuál es la mejor manera. Es imposible poner en sintonía a todos los futbolistas. Yo creo que la propuesta que propongo les gusta, sobre todo cuando da resultados.

Sostiene además que «hay un compromiso con el espectáculo».

Claro. Sé que hay muchísimos intereses y que lo importante es ganar, pero se puede también ganar tratando de jugar bien. Al 95% de los futbolistas les gusta tener el balón y combinar. No correr tras él. Lo mismo que hacíamos en el patio del colegio. No creo que nadie se haya puesto a jugar al fútbol para correr detrás del balón.

Le dijo a Cruyff que habría dado «el meñique» por jugar en su Barça.

Se lo dije en la boda de Eusebio, que coincidimos. Cuando nos tocaba jugar contra el Barcelona, nos tirábamos todo el partido corriendo detrás del balón. Ni lo tocábamos. Eso era lo que realmente me gustaba, aunque muchas veces tenía entrenadores que me decían que pegase un pelotazo y luego a pelear. Yo bajaba a recibir y había compañeros que ni siquiera me miraban. Comprendí que a través de una idea todo resulta más fácil.

¿Siempre ha dirigido su carrera?

La realidad es que sí. Necesito estar a gusto. Permanecer en un sitio en el que no lo estoy, cuando no tengo necesidad, es absurdo. Ahora la realidad es parecida. Uno acaba viendo que las ideas de la otra parte no son las mismas que las suyas. Lo respeto, pero me voy a donde pueda desarrollar lo que me gusta. Lo que pretendo es ir creciendo con un poco de sentido común y haciendo las cosas con coherencia y tranquilidad. El problema es cuando quieres dar pasos demasiado grandes y no estás preparado para ello.

¿Eso es lo que le ha pasado en Las Palmas para rechazar la oferta de renovación que le presentaron?

Más o menos. El club tiene una manera de hacer las cosas y yo no puedo más que respetarlo. El club no es mío y hasta ahora les ha ido bien. Creo que la manera que me proponía el club me iba a costar. Yo sé con lo que voy a poder y con lo que no. Puede que esté equivocado.

Han tenido muchos problemas extradeportivos...

Son llamativos algunos casos que hemos tenido con jugadores, pero lo tomo como una parte más del trabajo como entrenador. Son chavales y alguno está un poco confundido. Al final procuras hablar con él y ponerle en el camino correcto. A veces hay que dar una palmada en la espalda y otras ponerse más serio, pero tengo muy buena relación con todos.

¿Usted también tuvo años locos como futbolista?

He liado alguna, como todos. No voy a decirle que era un bendito. Quien más o quien menos la ha liado alguna vez. Al final, un futbolista no deja de ser un chaval joven que en un momento de su vida tiene unas condiciones un poco especiales para un deporte. Pero con muy pocos acabo teniendo problemas de verdad.

¿Ya tiene equipo?

Todavía no. Estamos en ello. Espero no quedarme sin trabajar el año que viene. De todas formas, lo que pretendo es terminar de la mejor forma posible en Las Palmas.

Desde que comunicó su intención de salir el equipo ha caído en barrena: 21 goles en 7 partidos...

Hay una serie de circunstancias que ya hemos comentado que podrían servir para dar una explicación. Otra que hay varios jugadores que terminan contrato y otra que la llegada de jugadores en el mercado de invierno generó unas expectativas muy altas después de la primera vuelta que habíamos hecho. Nos vimos con posibilidades europeas, pero hubo tres partidos que nos hicieron mucho daño, dejándonos en tierra de nadie: Málaga, Sevilla y Real Sociedad.

¿Vienen en pie de guerra?

Antes de acabar queremos ganar algún partido más fuera de casa. Es un reto y una motivación. Sabemos de las dificultades que nos vamos a encontrar en Gijón porque el Sporting se está jugando el futuro. La única posibilidad que le queda pasa por ganar y esperar. Es un partido de vida o muerte para el Sporting, aunque para nosotros no tanto, pero vamos con todas las ganas del mundo a ganar.

¿Cómo ve a Alen Halilovic?

Es un muchacho que necesita madurar. Tiene unas condiciones extraordinarias, pero debe de cambiar un poco el pensamiento y su forma de hacer las cosas. Hemos tratado, como hizo Abelardo en su momento, de ir mejorándole conceptos para que explote y demuestre las condiciones que tiene. Está en ello, pero aquí no ha tenido mucho tiempo ni la continuidad que todos demandan. Tiene potencial para haber dado algo más, pero no termina de hacerlo. Es un asunto que ya no depende del equipo en sí mismo, sino de él.

¿Y cómo se gestiona una bomba de relojería como Marko Livaja?

Tiene un carácter fuerte. Le cuesta controlarse, pero es un chaval extraordinario. Hablo mucho con él y es algo que trata de corregir. Lo que me dice muchas veces es: «no sabes cómo era antes, míster». Tiene un potencial enorme, pero a veces uno es como es.

¿El Sporting es un equipo familiar para usted?

Siempre me ha caído bien. Tengo cercanía con él, la afición me gusta y luego he tenido muchísimos amigos futbolistas del Sporting. Además estuvo allí Manolo (Preciado) y todos nos hicimos un poco del Sporting, pero esto no deja de ser algo sentimental. No tiene que ver con lo profesional. Me cae bien, pero no me pondría a llorar si le gano.

¿Alguna vez le tentó?

No. La verdad es que nunca. Directamente nunca he tenido la oportunidad de acercarme al Sporting.

¿Ha visitado la estatua de Manolo Preciado?

Sí. Tengo una foto con ella.

¿Cómo ha visto la transformación del Sporting?

El del año pasado era un equipo diferente. No sé si un poco mejor, más competitivo, pero tenía algo más. El caso de Jony, por ejemplo, que me parecía un futbolista muy importante. Cada vez que cogía el balón siempre generaba algo de peligro. No sé... Tampoco lo analizo con profundidad. Pero sí que me parecía más explosivo.

¿Para un entrenador rival qué supone encontrarse con Traoré al otro lado del campo?

Uno piensa que está bien para un partido de baloncesto (risas). Hay muchos casos de futbolistas de esa altura que han dado un rendimiento extraordinario. Le he visto con muchas ganas, aunque tampoco tengo una referencia clara de qué puede dar. Evidentemente hay que tener cuidado con él porque estos jugadores son impredecibles.

¿El Sporting puede salvarse?

El fútbol siempre da regates inesperados, pero la realidad es que lo tiene muy mal. Lo primero que deben de hacer es tratar de ganarnos. Y, pese a la imagen que podamos transmitir fuera de casa, el equipo está bien y va a por la victoria.

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