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El Sporting se obliga al más difícil todavía

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Nacho Cases toca un balón hacia Sergio, con Mikel Vesga a su espalda. / Damián Arienza.

  • Los rojiblancos, que han disputado 37 partidos lejos de El Molinón en estas dos temporadas, cuentan en Butarque su única victoria del curso

  • El equipo, que solo ha ganado cuatro partidos en un año y ocho meses de viajes, busca un triunfo a la desesperada

El Sporting se juega mañana su destino a la ruleta rusa, con apenas un par de huecos vacíos en el cargador, acentuando esa situación incontrolable por el mal endémico que sufre el equipo cada vez que agarra la maleta y se sube al autocar. Son muchos los fantasmas que tendrá que combatir y espantar este domingo el equipo de Rubi en Ipurúa si quiere recibir un golpe de vida que le permita abrazar la última jornada con esperanzas. Pero sobresale por encima de todos el pobre rendimiento que ha ofrecido el Sporting en las dos últimas temporadas a domicilio, coronadas por una pobre estadística. En un año y ocho meses de Primera, 37 partidos de competición, solo ha podido festejar cuatro victorias fuera de El Molinón.

Aunque cercana en el tiempo, la última va camino de convertirse en una fotografía en blanco y negro, una rareza. «Había mucha alegría en el vestuario, estaban todos los jugadores muy contentos. Son momentos que hay que disfrutar», concedió exultante Rubi tras la victoria de esta temporada en Butarque. Un año se cumplía entonces del último triunfo rojiblanco, pero el contador, activado, volvió a pararse en el siguiente viaje y de momento solo ha registrado esa muesca. La debilidad del Sporting se detecta en las grandes cifras, pero también en los pequeños detalles. En esa treintena holgada de contiendas solo ha sido capaz de dejar en ocho ocasiones su portería a cero y en veintiuna ha recibido dos goles o más. 34 tantos lamentó la pasada temporada y otros tantos suma curiosamente en esta. A los problemas defensivos, no obstante, hay que añadir los ofensivos. Manifiesta una pobre pegada el conjunto rojiblanco como forastero, quedándose con la pólvora mojada en dieciséis partidos de ese largo serial. Y únicamente en cinco ha festejado dos goles o más.

«No nos ha ido bien en los partidos fuera de casa, pero no queda otra este domingo que ganar», asumen desde Mareo. La necesidad es tan grande que al Sporting solo le basta con un botín de tres puntos y complementar su jugada con un 'favor' del Athletic y del Villarreal, o por lo menos de alguno de los dos. Y tendrá que romper el equipo rojiblanco esa situación de desamparo que experimenta fuera de Gijón ante un grupo de enorme fiabilidad, el Eibar, el equipo menos goleado de la categoría en su campo tras los seis primeros clasificados y que ahora parece un coloso, pese a su modesta naturaleza.

«Nos han ganado bien»

«El Eibar ha hecho una gran temporada y nos ha ganado los tres partidos que hemos disputado contra ellos, además nos han ganado bien», asumió ayer Rubi, que anticipó un equipo de colmillo retorcido, fiable como un reloj suizo en rendimiento: «Es un equipo que siempre ha demostrado que compite bien. Me pongo en el peor escenario para este partido». En cualquier caso, puso hocico José Luis Mendilibar, que no podrá contar con los lesionados Fran Rico, Antonio Luna y Nano Mesa, y el sancionado Arbilla, receloso por los últimos días de su equipo. «No hemos tenido una buena semana de entrenamientos», anticipó enigmático el técnico de Zaldívar, quien confió en que no tenga influencia en el desarrollo del partido. «Tenemos que salir fuertes», sostuvo.

El Sporting está en un callejón sin salida, con la única ventana para la escapatoria en la victoria en Ipurúa y, al mismo tiempo, en cruzar los dedos para que no se ilumine la bombilla del Deportivo y el Leganés. La derrota, que contractualmente se cobraría la primera pieza en el cuerpo técnico y en Duje Cop, cuya opción de compra obligatoria desaparecerá en la División de Plata, activaría ya sin remilgos el plan de batalla para competir la próxima temporada en Segunda División, haciendo de la última jornada frente al Betis un incómodo trámite en el calendario para el club y los futbolistas.

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