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El Sporting desciende a Segunda víctima de sus propios errores tras una temporada aciaga

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Los futbolistas rojiblancos dejan el césped de Ipurua antes de conocer el desenlace del resto de partidos. / D. ARIENZA

  • Dos años después de subir a Primera el Sporting pierde la categoría, víctima de sus errores

El Sporting vuelve a Segunda y lo hace de forma merecida. Así de claro. A pesar de mantener la incertidumbre durante las últimas semanas, gracias a la mediocridad de los rivales directos, el conjunto gijonés confirmó ayer lo que se barruntaba desde hace meses. El conjunto dirigido por Rubi y antes por Abelardo falló una y otra vez todas las oportunidades que le brindó el destino para asomar la cabeza fuera del descenso. Dio la talla en ocasiones contadas y se estrelló en otras en las que tocaba dar el do de pecho. A la hora de buscar culpables nadie puede mirar para otro lado. Cada uno tiene su cuota de responsabilidad, aunque es evidente de que cada aficionado hará un reparto diferente del porcentaje que corresponde a cada escalafón del club. Es legítimo, la decepción es mayúscula entre los seguidores a los que se les había prometido una campaña prometedora después de lidiar con penurias en los cursos anteriores.

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Es evidente que la entidad y los técnicos no han sabido gestionar los medios con los que contaba para afrontar la temporada. Vaya por delante que el Sporting solo podía gastar más dinero en la confección de la plantilla que Osasuna, condicionado por el límite salarial. Sin embargo, no vale apresurarse a la hora de escudarse en este argumento para justificar el desplome liguero. El Eibar apenas tenía dos millones más para gastar pero a la vista de los acontecimientos es obvio pensar que ha sabido mover mejor sus piezas.

Un arranque prometedor

Al principio todo se tiñó de verde esperanza. Los resultados cosechados por el equipo en el arranque liguero germinaron una ilusión que no tardó en esfumarse con el paso de las jornadas. Lo cierto es que después de tres semanas, con siete puntos, todos los fichajes tenían el beneplácito de la grada y nadie podía sospechar entonces el desenlace actual.

La dolorosa derrota en el Calderón ante el Atlético fue un aviso de lo que vendría después. El cuadro rojiblanco entró en barrena y no dio la talla en la mayor parte de los partidos jugados a domicilio. Lo peor que se puede decir de un equipo de fútbol es que juega con miedo y el Sporting lo hizo muchas semanas. Acumuló partidos sin asomarse ni tan siquiera por el área rival, decepcionando con su actitud a una 'Mareona' entregada al Sporting que encaraba los duelos con el atrevimiento y desparpajo de aquellos que no se sienten inferior al adversario por mucho que el presupuesto diga lo contrario.

La ligera mejoría en El Molinón no le permitía sacar pecho ya que los tanteos no le sonreían, desangrándose a medida que bajaba peldaños desde las alturas a los últimos puestos de la tabla. Nadie puede reprochar a Abelardo sus intentos de cambiar el rumbo de un grupo que perdió la confianza en sus opciones. Agitó las alineaciones y probó diversos planteamientos tácticos sin lograr su objetivo. En la retina de la afición quedan pocos resquicios de satisfacción con el nivel ofrecido por el conjunto gijonés. Asoma en el recuerdo la excelente primera parte que el Sporting despachó ante el Sevilla de Sampaoli, un rival que, por cierto, no ha sido capaz de ganarle esta temporada. Grata fue la impresión que dejaron los rojiblancos de su paso por el Bernabéu, poniendo en un brete a todo un Real Madrid, que solo pudo esbozar un gesto de alivio cuando el penalti de Cop exploró las dimensiones del fondo Sur del coliseo blanco.

El Sporting cavó su tumba en El Molinón. Fueron dolorosas las derrotas que padeció ante el Valencia, la Real Sociedad, Villarreal y Eibar, que terminaría con la etapa de Abelardo al frente de la primera plantilla. «No me considero capacitado para conseguir la reacción de este equipo», lamentó en su despedida el técnico, triste de dejar un club que aspiraba a cincelar en los años venideros.

Relevo

Y llegó Rubi. Un técnico que había acumulado frustraciones en las campañas anteriores era el elegido para reconducir una nave a la deriva. El 'Pitu' avaló la apuesta, elogiando las virtudes de un técnico que aterrizó en Gijón con un modelo de trabajo diferente. Su primera misión, según él mismo reconoció entonces, era recuperar la autoestima de un grupo muy debilitado en el plano anímico, víctima de la inseguridad que contagian los reveses.

El siguiente paso es que esa confianza tuviera traslado al campo y el equipo fuera capaz de dejar su portería a cero, primera piedra para apuntalar el proyecto deportivo. El comienzo fue aparente. El Sporting salió del Villamarín indemne y con la sensación que había brotes verdes a los que agarrarse, que también asomaron tímidamente en Bilbao, tuteando al Athletic hasta el ecuador de la confrontación. Sin embargo, la derrota posterior ante el Alavés, que compareció en El Molinón con un bloque plagado de suplentes, demostró que había mucho camino por recorrer. Hubo en el trayecto una victoria que desató el optimismo del sportinguismo. No solo fue la victoria ante el rival que se intuía podía estar en la pelea hasta el final (Leganés) si no por la recuperación de algunos futbolistas que habían estado desaparecidos a lo largo de la primera vuelta. Los aficionados vieron al fin la mejor versión de Burgui, que se convirtió en la esperanza rojiblanca para encarar el tramo decisivo de competición.

No fueron suficientes las cabalgadas y los recortes del extremeño para impulsar a un bloque incapaz de terminar un partido como local sin recibir un gol. Los empates ante el Celta y el Valencia dejaron un sabor agridulce a un equipo que tocó hueso el día que tocaba ganar. El Deportivo se llevó los tres puntos de El Molinón en el partido que pudo haber marcado el devenir de ambos clubes. Quién sabe lo que hubiera pasado si ese día el Sporting hubiera sacado los tres puntos ante un rival directo. Atenuó la caída la victoria ante el Granada y el empate en el Pizjuán pero, otra vez, el cuadro rojiblanco fallaba en la jornada decisiva. Ante un Málaga metido entonces en mil problemas, el conjunto de Rubi abdicó dejando muchas de las opciones de permanencia que acabó laminando con una irregularidad manifiesta, sin aprovechar las múltiples opciones que concedieron sus rivales en la pelea, dejando escapar la permanencia más barata que se recuerda.

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