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La vida entre dos tierras del exrojiblanco Pablo

Pablo posa en las inmediaciones de Pechón, donde se instaló de nuevo en 2010 tras varios años en Zaragoza.
Pablo posa en las inmediaciones de Pechón, donde se instaló de nuevo en 2010 tras varios años en Zaragoza. / E. C.
  • El antiguo lateral trabaja en el camping que regenta su familia en la localidad cántabra de Pechón, cerca de Asturias

Apenas un kilómetro después de cruzar la frontera que separa Asturias de Cantabria se encuentra la localidad de Pechón. El coqueto pueblo costero, de apenas trescientos vecinos en época no estival, acogió en 1993 uno de los capítulos más tristes de la memoria sportinguista, ya que allí falleció el inolvidable Jesús Castro al tratar de salvar a dos niños que se ahogaban en la playa del pueblo. Cuando aquello sucedió, uno de los primeros puntos del pueblo a donde llegó la noticia fue el camping de Las Arenas, regentado por los padres del entonces futbolista del Sporting Pablo Díaz Stalla.

Unos cuantos años antes, en la década de los sesenta, el padre de Pablo emigró desde Pechón a Buenos Aires en busca de trabajo. Allí conoció a su mujer y allí nacieron también los dos hijos del matrimonio. Pablo lo hizo en 1971. Tres años después, toda la familia estaba instalada en Cantabria. «Yo nunca he vuelto a Argentina», comenta el exrojiblanco, que espera conocer algún día la tierra de sus orígenes.

La vida de Pablo ha tenido siempre cierto carácter nómada. También sus inicios como futbolista. «Estudié EGBen Colombres, que pertenece a Asturias, y de ahí me fui a Llanes para entrar en el instituto. Empecé a jugar en infantiles y el último año me llamó la selección asturiana, porque deportivamente me formé siempre en Asturias», rememora el exjugador del Sporting.

La llamada para ingresar en Mareo le llegó en edad juvenil, tras subir con el Llanes a Primera. «Mis primeros años en Gijón, cuando llegué en juveniles, fueron los mejores de mi vida. Guardo muy buenos recuerdos de esa época», explica Pablo, al que se le escapa alguna carcajada al hablar de sus aventuras con Tomás Hervás y Tino Aller en la residencia de la escuela de fútbol, en el instituto de Roces donde estudiaron y en el piso que compartieron después en la calle de Capua.

Pablo pasó en total ocho años en el primer equipo del Sporting. Fue un periodo en el que le tocó vivir de todo: desde la última clasificación para la Copa de la UEFA hasta el traumático descenso de 1998, pasando por la promoción contra el Lleida de 1995. «En mi primer año nos clasificamos para Europa al ganar al Valencia en Mestalla. La temporada siguiente jugamos contra el Steaua, aunque yo en el partido de Rumanía no pude jugarlo por una lesión en la rodilla. Se suponía que iba a ser algo leve y estuve siete meses de baja», lamenta. Aún hoy arrastra secuelas de aquella dolencia que acabaría obligándole a dejar el fútbol con 32 años:«Ahora tengo una artrosis bastante curiosa. Antes jugaba algunos partidos con los veteranos del Llanes, pero hago un poco de bicicleta y poco más».

Adiós a Gijón

El descenso a Segunda provocó el adiós al Sporting de Pablo, que puso rumbo a Zaragoza, donde ganó dos Copas del Rey. «Yo en el Sporting tenía el ejemplo de Joaquín y Jiménez, que eran mis ídolos. Quería estar tantos años como ellos en el club, pero el fútbol ya era muy distinto», explica el exlateral rojiblanco, que reconoce que ese último año en Gijón«fue muy duro porque a los de casa se nos machacó bastante».«Era lógico por la temporada que hicimos, pero se centró demasiado la crítica en gente como Tomás, David Cano, Mario o yo», asegura.

Retirado en 2004, tras seis temporadas en Zaragoza, Pablo y su mujer se quedaron a vivir con sus dos hijos en la capital mañana hasta 2010, cuando decidieron regresar a Pechón: «Ahora estoy trabajando en nuestro camping, Las Arenas, y antes lo hice en una empresa de iluminación industrial».

El contraste entre dos tierras que él mismo vivió en su juventud lo está experimentado ahora por partida doble con sus hijos. «El crío tiene 17 años y juega a fútbol en Llanes. La niña tiene doce años y hace atletismo en Cabezón de la Sal. Entre una cosa y otra, voy siempre pilladísimo de tiempo, porque me gusta verlos todo lo que puedo», afirma Pablo. Dentro de un tiempo, no obstante, no descarta entrenar a algún equipo de fútbol base como hizo en su época en Zaragoza.

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