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El aciago bautismo del salmantino en El Molinón

Torrecilla presiona al bético Alfonso durante su etapa de zaguero en el Salamanca.
Torrecilla presiona al bético Alfonso durante su etapa de zaguero en el Salamanca. / E. C.
  • En su etapa como zaguero del conjunto charro fue expulsado a los veintisiete minutos de juego en un encuentro que su equipo terminó perdiendo por 3-2

Encargado de confeccionar la plantilla sportinguista que luche por regresar a la élite del fútbol nacional, el vínculo de Miguel Torrecilla con El Molinón nació desafortunado para él. En su primera visita al estadio gijonés, como integrante de la zaga del recién ascendido Salamanca, el nuevo director deportivo rojiblanco acreditó su fama de férreo futbolista al ser expulsado por frenar con excesiva vehemencia un contragolpe conducido por Dani Bouzas a los veintisiete minutos de juego.

Esa tarde del 7 de enero de 1996, con el Sporting en crisis de resultados tras encadenar tres derrotas y caer a la segunda mitad de la clasificación, supuso el estreno de Ramiro Solís en el banquillo del primer equipo rojiblanco, que se reconcilió con la victoria ante el conjunto charro. «Me quedó grabado el primer gol, que fue muy pronto», recuerda el entrenador gijonés, todavía hoy con la satisfacción inherente al entrenador que logra que sus jugadores plasmen sobre el terreno de juego el inicio de partido diseñado.

Con apenas dos entrenamientos dirigidos tras la derrota en San Lázaro ante el Compostela que había detonado la destitución de Ricardo Rezza, la consigna de Solís era clara. «Le había pedido a Hugo Pérez, que tenía buen golpeo, que lanzase un balón un balón en diagonal a la banda hacia la carrera de Dani Bouzas y que él pusiese un balón al área», explica el técnico sobre una jugada que finalizó Julio Salinas en el minuto inicial del choque ante el Salamanca.

«Sabíamos que Lillo adelantaba mucho la línea defensiva de sus equipos y queríamos sorprenderle. Ahora es habitual, pero en aquella época no», indica sobre el plan inicial Solís, que no recuerda con claridad la expulsión de Torrecilla cuando Julio Salinas ya había firmado su doblete y Ablanedo le había negado al lateral izquierdo Jandri la oportunidad de recortar distancias en el marcador desde los once metros. Sí conserva con mayor claridad en su memoria el extécnico sportinguista la tipología de futbolista del nuevo director deportivo rojiblanco. «Era un defensa contundente, un marcador al que le gustaba anticipar, 'rascaba' y metía fuerte la pierna», explica sobre un zaguero al que mostraron catorce cartulinas amarillas y tres rojas en una temporada que su equipo finalizó colista tras abandonar El Molinón con una de las veinticinco derrotas sufridas esa campaña.

«Ese día al final sufrimos, cambiamos a Lediakhov porque nos estaban apretando mucho», confiesa Solís, que mantenía una buena relación con el técnico del conjunto charro, Lillo, forjada a base de enfrentamientos previos y encuentros en reuniones de entrenadores. «Coincidí con él cuando estaba en la Cultural Leonesa y desde entonces hablábamos mucho para intercambiar información de jugadores. Era un innovador, después vino para entrenar al Oviedo y me decía que siempre le ganaba», señala Solís, que recuerda una remontada en El Molinón una remontada del Sporting Atlético al Salamanca que concluyó con el mismo marcador (3-2) del único encuentro que Solís dirigió en Primera.

«Me lo recuerdan con frecuencia mis amigos, soy de los pocos entrenadores que pueden decir que tiene un 100% de efectividad en Primera», indica entre risas el exentrenador sportinguista. Él encarnó la alegría en una tarde aciaga para Torrecilla, expulsado de forma prematura a orillas del Piles en la única de las once temporadas de su trayectoria profesional como zaguero en la que militó en la élite del fútbol español.

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