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El soñado regreso a El Molinón de Paco Herrera

Paco Herrera da instrucciones a sus jugadores durante un partido en El Molinón.
Paco Herrera da instrucciones a sus jugadores durante un partido en El Molinón. / PURIFICACIÓN CITOULA
  • Con gusto por la cantera y buena relación con los veteranos rojiblancos, el catalán, reclutado para el Celta por Torrecilla, nunca ha escondido su deseo de volver a Gijón

  • «Allí me hice futbolista y persona», indica del Sporting el técnico

Decano de los entrenadores en Segunda División, Paco Herrera (Barcelona, 1953) alcanzó la élite del fútbol nacional como jugador en el Sporting, un club que dejó una profunda huella en el técnico catalán. Cuatro décadas ya han pasado desde que puso fin a su etapa en la medular del conjunto gijonés, pero el cariño por el escudo rojiblanco ha resistido al paso del tiempo y así lo plasma cada vez que cruza su camino con el del equipo gijonés.

«Allí me hice futbolista y persona», recordó el actual entrenador del Valladolid para valorar la trascendencia de su etapa a orillas del Piles cuando tuvo que volver a enfrentarse al Sporting. Centrocampista de ida y vuelta, cuando dejó El Molinón comenzaba a edificarse Mareo, un vivero futbolístico por el que ha mostrado su admiración en varias ocasiones.

«Es una bendición que el Sporting haya tenido que tirar de cantera», indicó cuando comenzaba a germinar el conjunto dirigido por Abelardo, repleto de jugadores formados en las categorías inferiores que engancharon a la afición y le obligaron a recurrir con Las Palmas a la vía del 'play off', la que ahora persigue al frente del Valladolid. Un objetivo clasificatorio del que no le desvía la llegada a la dirección deportiva sportinguista de Miguel Torrecilla, el hombre que fomentó su desembarco en el banquillo del Celta y con el que mantiene una amistad, según reconoció el pasado viernes.

«Hemos estado trabajando tres años juntos y él es, si cabe, todavía más serio y riguroso que yo», indicó Herrera en alusión a la posibilidad de reencontrarse con el salmantino y el trascendental contexto competitivo que vive en Valladolid, que esta tarde pone en juego en Reus gran parte de las opciones de finalizar el campeonato liguero entre los seis primeros clasificados. La situación que vive en el club blanquivioleta, al que está ligado contractualmente solo hasta el final de la presente temporada, obliga a añadir matices de cautela a su horizonte profesional para dar el siguiente paso en una trayectoria que ya contempla más de dos décadas en los banquillos.

Avalado por dos ascensos a Primera esta década y con una excelente relación entre los veteranos sportinguistas fruto de su trienio en la disciplina del club rojiblanco, nunca ha escondido su simpatía por el equipo gijonés. «Se merece todo lo bueno que le está pasando», expuso cuando comenzaban los visos de que Gijón albergase un desenlace festivo en la campaña del último desembarco en la élite.

«El Molinón es de esos campos en los que el público gana puntos», llegó a elogiar el técnico catalán, con un gusto por la cantera que encontró su raíz en una de las escuelas futbolísticas más prestigiosas de Cataluña como la Damm, algo más que un hogar futbolístico antes de alcanzar la minoría de edad. Huérfano por parte de padre en su adolescencia, recibió el respaldo del presidente de la entidad deportiva barcelonesa, en la que comenzó a forjar una concepción futbolística con una mirada siempre próxima a los jóvenes que selló los éxitos de su carrera como entrenador.

Bajo sus directrices regresaron a Primera dos clubes con la amenaza de estancarse en la categoría de plata del fútbol español como Las Palmas y Celta. En ambos estuvieron presentes dos patrones, una preponderancia de jugadores oriundos de la región a la que pertenecía su equipo y la apuesta ofensiva, ilustrada en sus guarismos anotadores.

En Vigo, un año después de ser descabalgado en la carrera por el ascenso con el Granada como verdugo en la tanda de penaltis del 'play off', celebró el ascenso como el conjunto más goleador de la categoría con 83 dianas en una campaña en la que recibió el Premio Ramón Cobo, entregado por el Comité Nacional de Entrenadores. Destituido al siguiente curso en Primera, hasta el momento su gran asignatura pendiente, después un paso más irregular por La Romareda logró a trasladar a tierras canarias esa efervescencia ofensiva plasmada en el conjunto olívico y fue, al alimón con el Betis, de nuevo el más anotador de Segunda en un curso rubricado con el salto de categoría en el 'play off'.

«La virtud de Paco Herrera es decir al jugador las verdades a la cara», indicó Jonathan Viera sobre la gestión de vestuario de un técnico que vivió su bautismo en los banquillos en los juveniles del Badajoz, club al que condujo en su temporada de debut a Segunda. Para entonces ya había hecho buenas migas en el curso nacional de entrenadores con Rafa Benítez, que le reclutó para su proyecto en Liverpool.

«Allí hacía un poco de todo», explicó sobre sus labores en la ciudad del río Mersey, que recorrió en el autocar descapotable característico de todas las celebraciones tras conquistar la Copa de Europa en una inolvidable final en Estambul. Fue un exitoso periplo de dos años antes de regresar a España para ocupar durante tres cursos la dirección deportiva del Espanyol antes de reengancharse en Castellón a los banquillos, su verdadera inquietud.

Siempre preocupado porque sus equipos tengan verticalidad, afable en el día a día y vehemente en la dirección de sus jugadores durante los partidos, esta temporada ha mostrado flexibilidad táctica en busca de dar con la tecla que le ha permitido superar un mal inicio de temporada para adquirir regularidad en el triunfo durante el tramo decisivo. En Gijón sufrió un descenso con una delantera de talla internacional formada por Quini, Ferrero y Churruca, y recuperó la categoría al año siguiente. Una maniobra que ahora se pretende repetir en su venerado estadio gijonés.

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