El Comercio
Sporting

La fórmula renovadora de Torrecilla

Miguel Torrecilla.
Miguel Torrecilla. / Peteiro
  • El salmantino llegó al Celta con el club en un depresivo momento deportivo como el que atraviesa el Sporting y logró devolverlo a Europa en siete años

Miguel Torrecilla asume en el Sporting la dirección deportiva de un equipo con su afición sumida en la depresión inherentemente ligada a un descenso. Se embarca en una nave recién naufragada, con la necesidad de enderezar el rumbo para no encallar y la sombra de un pasado de mayor brillo que su presente. Un contexto familiar para él, que ya asumió la labor de reflotar al Celta en su momento más delicado, cuando se tambaleaba sobre la cuerda floja del descenso a Segunda B apenas dos años después de disputar la Liga de Campeones.

En el último tercio de la temporada 2008-2009 relevó a Ramón Martínez en el cargo y en sus primeras semanas en el club vivió con sufrimiento el duelo sin margen de error de los celestes ante el alavés, en el que se agigantó la prometedora figura de Iago Aspas para firmar una remontada que certificó la permanencia. Evitada la debacle, diseñó una plantilla con una decena de caras nuevas y varios jugadores que ya le habían aportado un buen rendimiento en Salamanca para intentar espantar en el terreno de juego la inestabilidad institucional de una entidad con el yugo económico de un proceso concursal.

En ese contexto de austeridad en caja, apostó por cedidos y jugadores libres para dar sus primeros pasos en Vigo. Después de una campaña irregular con Eusebio en el banquillo y apuestas erradas del salmantino en el mercado internacional como Cellerino, Papadopoulos y el exsportinguista Arthuro, apostó entregar las riendas del equipo a Paco Herrera, que fomentó la apuesta de dar protagonismo a los jugadores forjados en la cantera.

Con refuerzos para incrementar la competitividad de la plantilla como Quique de Lucas acarició al primer intento un ascenso que le negó en la tanda de penaltis del ‘play off’ un Granada con Orellana en sus filas, al que Torrecilla echó el lazo al conseguir su cesión con opción de compra. La incorporación del chileno fue una de las grandes maniobras que el director deportivo charro completó en Balaídos, ya que el escurridizo atacante anotó 13 dianas y estableció con Iago Aspas una sociedad demoledora para las zagas adversarias en una temporada en la que siete de los once futbolistas que más minutos disputaron habían pasado por las categorías inferiores del club para volver a saborear la élite.

Una muestra que ilustra la voluntad del salmantino por no desaprovechar prolíficos viveros de talento. «Mareo tiene que ser un referente», aseguró el nuevo director deportivo sportinguista en su presentación, en la que también indicó que «el futbolista que está en el Sporting B tiene que ver que hay huecos en el primer equipo». Con protagonismo para los frutos más prometedores del filial y un ratio de acierto superior en el mercado continental ya en Primera, devolvió al Celta a Europa con una fórmula renovadora que deberá certificar en Gijón

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