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Paco Herrera, un experto en Segunda de regreso a su cima como jugador

  • El técnico, con una dilatada trayectoria en la categoría engalanada con dos ascensos, regresa al Sporting, donde se hizo «futbolista y persona»

En el inicio de su estancia en Las Palmas, undécima parada de su extenso itinerario en los banquillos del fútbol español, Paco Herrera (Barcelona, 1953) dejó su tarjeta de presentación en una frase que sintetiza su esencia desde que colgó las botas para trasladar sus conocimientos a la pizarra. “Soy un técnico de la Segunda División que vive por y para el fútbol desde que era muy pequeñito”, indicó el entrenador barcelonés, ligado al balón por influencia de su hermano mayor Juan desde su niñez.

Hijo de emigrantes andaluces, a los diez años canalizó esa pasión al ingresar en una de las escuelas más prestigiosas de Cataluña, la Damm, algo más que un hogar futbolístico para él antes de alcanzar la mayoría de edad. Allí se impregnó del gusto por la cantera del que ha hecho gala en los diferentes equipos que ha dirigido y vivió una etapa en la que sufrió un duro revés vital al perder a su padre durante su adolescencia. Se encontró entonces con el respaldo del presidente de una entidad en la que permaneció hasta que el Sabadell llamó a su puerta.

“Nací entrenador. No paraba de hablar, colocar, corregir a los compañeros. Empecé a tener un estatus como transmisor de las órdenes del técnico", afirmó Herrera en declaraciones a 'El Norte de Castilla' evocando sus dos temporadas en el club vallesano, su trampolín a Primera de la mano del Sporting. “Allí me hice futbolista y persona”, expresó el técnico catalán cuando tuvo que volver a cruzar sus caminos con los del conjunto gijonés, en el que vivió tres años intensos. Se estrenó en la élite del fútbol nacional, sufrió un descenso a Segunda y celebró un ascenso antes de dejar El Molinón. A orillas del Piles forjó una amistad con algunos de los veteranos sportinguistas como Quini, Cundi, Ferrero y Redondo que perdura en la actualidad y quedó prendado por la sapiencia táctica de Pasieguito, el técnico con el que se encontró a su llegada a Gijón y al que califica como una de las grandes influencias en su posterior etapa como entrenador.

Centrocampista de ida y vuelta, tras dejar El Molinón lució su llegada desde segunda línea vestido con las camisetas del Levante y del Badajoz. Máximo goleador histórico del club pacense, en su conjunto juvenil arrancó su prolífica trayectoria en los banquillos y en el primer equipo, con un patrón táctico innovador del que habla con orgullo cuando rememora aquel conjunto, logró ascender a Segunda. Una categoría en la que acumula una dilatada experiencia, repartida entre el Numancia, el Mérida, el Albacete, el Poli Ejido, el Recreativo, el Castellón, el Villarreal B, el Celta, el Zaragoza, Las Palmas y Valladolid, con más alegrías que decepciones.

“Jugar bien es ser prácticos”, explica Herrera, que se describe como minucioso a la hora de corregir los detalles defensivos y desarrolló su apuesta ofensiva en Vigo y Gran Canaria para devolver a la élite a dos clubes estancados en la categoría de plata. En la entidad celeste, a la que llegó de la mano de Miguel Torrecilla, que vuelve ahora a contar con él para liderar a pie de campo su proyecto en Gijón, puso fin a un lustro lejos de Primera como el equipo más goleador de la categoría y en territorio insular zanjó trece años de sinsabores de su afición con la celebración en un ‘play off’ en el que había sufrido la cruz del fútbol en la campaña de su estreno en Galicia.

“Los clubes cambiaron en Primera, pero yo seguí comprometido con la cantera. Eso me costó el puesto”, expuso recordando sus destituciones en Las Palmas y en el Celta, donde nutrió el primer equipo de jugadores formados en sus categorías inferiores. En el conjunto isleño llegó a confeccionar una alineación compuesta íntegramente por canarios y en Balaídos alineó a nueve gallegos dentro de una apuesta a largo plazo que terminó de forma prematura y le ha impedido concluir una temporada al mando en Primera. “Hay urgencias, hubiera necesitado más paciencia. Con el Numancia incluso habíamos ganado al Real Madrid, con Vicente del Bosque de entrenador. Y habíamos empatado en el Camp Nou. La decisión vino de la presión a la que estaba sometido el presidente”, señaló en una charla en la Universidad de Valladolid acerca de una de las asignaturas pendientes de su trayectoria.

Brillo continental en otros roles

Tras una breve y fallida estancia en Huelva, Herrera recibió la llamada de Rafa Benítez, con el que había entablado amistad en el curso nacional de entrenadores, que le reclutó para su proyecto en el Liverpool. «Allí hacía un poco de todo», explicó sobre sus labores en el conjunto ‘red’, con el que conquistó la Liga de Campeones tras una legendaria remontada frente al Milan en Estambul. El puntilloso técnico madrileño quiso retenerle a su lado más allá de los dos años inicialmente firmados, pero el barcelonés cumplió la palabra otorgada a sus familiares de regresar a España.

Asumió la dirección deportiva del Espanyol y apostó por confiar las riendas del equipo ‘perico’ a Ernesto Valverde, que condujo a los blanquiazules a una final de la Liga Europa que se decantó del lado del Sevilla gracias al acierto de Palop en los penaltis. Reenganchado a los banquillos en el Castellón, al que instaló en la primera mitad de la tabla en Segunda, mostró su facilidad para sacar lo mejor de los jóvenes jugadores durante la segunda mitad de la temporada en el filial del Villarreal antes de recibir la llamada del Celta para sacar al club de una espiral negativa con una maniobra que no ha podido repetir esta campaña en Valladolid, donde se quedó a las puertas de ‘play off’.

Versátil tácticamente y enérgico durante la dirección de sus jugadores durante los partidos, varios de sus expupilos han elogiado su gestión del vestuario basada en ese equilibrio entre la confianza y el mantenimiento de las distancias. “Cuando un jugador se desenchufa y lo pierdo un poco para mí es una pequeña derrota”, confesó el técnico catalán, que cumplirá un viejo anhelo volviendo unir su camino con el del Sporting cuatro décadas después.

“El Molinón es de esos campos en los que el público gana puntos”, expresó durante uno de sus regresos como adversario a Gijón, donde se reencontrará con Víctor Rodríguez, al que empleaba como revulsivo durante una estancia en La Romareda fagocitada por la inestabilidad institucional del club maño. Con la necesidad de enderezar el rumbo tras el descenso y ya como el más veterano de los entrenadores de Segunda vuelve a orillas del Piles, el escenario en el que alcanzó su cima como jugador y dejó siendo un veinteañero tras saborear un ascenso a Primera que ahora anhela repetir.

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