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Sporting | «Me voy en paz; he cumplido un sueño»

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Nacho Cases rompe a llorar en un momento de la rueda de prensa de despedida que ofreció ayer en El Molinón. / JORGE PETEIRO

  • «No podría vivir en cien vidas lo que este club me ha dado», asegura en su adiós el canterano, que jugará los dos próximos años en el AEK Larnaca de Chipre

  • Nacho Cases se despide entre lágrimas del Sporting tras veintidós años de estancia en el club

«Me voy en paz; he cumplido el sueño que tenía desde chiquitito». Serio de inicio, con un hilo de voz nervioso que interrumpió en varias ocasiones un llanto de emoción que superó con voluntad, Nacho Cases cerró ayer en El Molinón un intenso e inolvidable ciclo futbolístico de 22 años. Vestido de forma informal, en su estilo, con una sudadera negra y unos vaqueros rasgados por las rodillas, y arropado por toda su familia y amigos -incluidos Carlos Castro, Roberto Canella y Juan Muñiz-, el centrocampista de La Arena concluyó que «no podría vivir en cien vidas lo que este club me ha dado y lo que he vivido en él».

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La despedida del '10', que condensó su larga vida en el Sporting en la lectura de un comunicado, salpicado por menciones a su círculo más íntimo -sus padres, su mujer Loreto y su hijo Nico-, con un foro abarrotado por trabajadores del club, familiares y el consejo de administración el completo, coincidió en el tiempo con el anuncio del AEK Larnaca de su contratación. Dos años firmará Cases con este club chipriota que le brindará la primera aventura de un periodo en el que aspira a vivir con una maleta en la mano. «Me quedan cuatro o cinco años en los que espero conocer determinados países, los que me dé tiempo y las piernas me permitan», agregó posteriormente en una entrevista concedida al club.

No mencionó de forma explícita a su nuevo equipo, pero sí dejó clara la motivación viajera de su partida, anticipada a la conclusión de su contrato, que expiraba en junio de 2018, pese a los intentos de Javier Fernández y Miguel Torrecilla por persuadirle para que reconsiderase su postura. «Tengo mis inquietudes, además de las futbolísticas. Quiero vivir experiencias», deslizó.

El punto de partida de su emotiva alocución se detectó en los instantes posteriores al visionado de un vídeo. Lora, Isma López, Castro, Meré -en plena concentración con la sub 21-, Carmona y Roberto Canella introdujeron la despedida del canterano con una serie de cariñosos mensajes y buenos deseos para el futuro. El club, por su parte, le obsequió con un bonito cuadro, en el que resaltaba un enorme 10 por detrás de la silueta del jugador, en plena estampida hacia el área rival, y un mensaje: «El niño que cumplió su sueño». A partir de ahí comenzó un viaje que se extendió por algo más de diez minutos, durante el que se le formó un nudo en la garganta difícil de deshacer.

Arrancó nervioso Cases -«un chico del barrio de La Arena», describió-. Y el atragantón llegó pronto. «Hace 22 años entraba en Mareo un niño que venía de su 'cole', como muchos otros», dijo, mientras florecían sus primeras lágrimas al recordar al Codema. «Era inquietó, revoltoso, y decían que se me daba aceptablemente bien jugar a la pelota, no al fútbol, a la pelota, que es a lo que me gusta jugar», remarcó, al tiempo que asumió que su travesía en el primer equipo le resultaba inalcanzable hace años: «Nunca pensé que podía defender al equipo de mi vida profesionalmente, durante tantos años, y al nivel de Primera y Segunda».

Lanzó una mirada cómplice al trío de compañeros que se encontraban entre el público, delante de sus primos y sus padres, al lado de su mujer, y recordó la dureza de algunos momentos que habían pasado juntos: «Hemos pasado momentos muy fastidiados y hemos salido adelante, pero este día me voy a quedar solo con lo positivo, que creo que ha ganado por goleada».

Desempolvó de su mágico álbum de recuerdos «las victorias de Primera, el año de mi debut y, sobre todo, cuando Manolo (Preciado) me dijo que iba a debutar una semana antes». Más tarde afinaría su ranking e insistiría con el técnico cántabro -«me dijo que iba a jugar en Santander y que no le dijese nada a nadie, salvo a mis padres»-, al que uniría a la explosiva victoria en el Bernabéu -«por todo lo que rodeó ese partido y lo que sufrió Manolo (Preciado)»-.

A partir de ahí, la voz se le quebró al citar «el ascenso de los 'guajes' y las experiencias vividas durante tantos años». Y, pese a que siempre ha sido un futbolista de culto para un sector de la afición, sostendría con humildad en la entrevista posterior que «héroes o instituciones del Sporting son Quini y dos o tres más».

Antes de recibir un sonoro aplauso, el centrocampista gijonés aseguró tener cubiertas sus «ambiciones deportivas», con un currículum que arroja 181 partidos entre Primera y Segunda División, coronados con 11 goles desde aquel debut el 9 de enero de 2011 frente al Racing de Santander en El Sardinero. «La sangre rojiblanca siempre me va a correr por las venas», remarcaría durante la mañana Cases.

Insistió a renglón seguido en que su marcha a Chipre responde exclusivamente a la búsqueda de una nueva experiencia para su familia y él mismo. «No veréis en mí a un jugador que ponga por delante temas deportivos o económicos, que son importantes, pero por mi cabeza pasan otras cosas: primero mi familia, por calidad de vida, prestaciones hacia ellos, un clima, jugar competiciones europeas». Y la posibilidad de avanzar con otros idiomas, como el inglés, una de sus asignaturas pendientes.

Javier Fernández

El listado de agradecimientos fue amplio, preñado de nombres. Hubo una cita especial para Rogelio García, amigo personal, presente en su adiós, y sobre el que Cases sostuvo que «quizá sea el que más pena sienta porque me vaya». Antes había nombrado, por este orden, al club y al presidente Javier Fernández, sentado en la sala y con el que se fundió en un cariñoso abrazo. «Pese a su insistencia en un cambio mío de opinión le agradezco el cariño y entendimiento hacia una decisión que ya estaba tomada», dijo. Luego llegaron sus compañeros y los técnicos, donde sobresalieron «don Javier Vidales» y, cómo no, «Preciado». Sus nombres, concluyó, quedarán «en mi memoria para siempre».

Cerró su comparecencia recordando a la afición -«un cariño que jamás podré pagar con nada en el mundo»-, sus amigos de siempre, sus padres y abuelos, con una mención especial a su abuela fallecida Pauli, a su esposa, 'Gusi', y a su hijo, Nico, despidiéndose con una promesa: «Con toda mi alma empujaré desde fuera para volver a donde merecemos».

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