El Comercio
Sporting

Sporting

«Tenemos una plantilla de calidad, pero nos faltan un par de líderes en el campo»

Paco Herrera, durante su visita a la redacción de EL COMERCIO. / Damián Arienza
  • Francisco herrera. Entrenador del Sporting

  • «No me interesan los presupuestos. No me gusta dar pena. Hay que tirar adelante»

  • «El mensaje a los canteranos es que, si alguien quiere ser futbolista, aquí tiene su oportunidad»

Aunque suene ranciamente manido, Paco Herrera (Barcelona, 1953) es un hombre genuino de fútbol. Mediocentro afilado en sus años mozos –«un Lampard, pero en malo, aunque metí un gol a Iribar», ha recordado con guasa en alguna ocasión–, como entrenador es un líder nato. Optimista irremediable, guerrero, sencillo, curtido en mil batallas y con recursos suficientes para convencer al jugador de lo imposible. Es la escuela de fútbol a la que asistieron los Luis Aragonés, Manuel Preciado, José Luis Mendilibar y tantos otros entrenadores. «Soy feliz con poco», explica en su visita a EL COMERCIO antes de regresar a Badajoz para iniciar sus vacaciones. «Me gusta la gente. Soy incapaz de ver a tres niños que vienen con sus padres y piden una foto, y esconderme. Emocionar a la gente de otra manera es nuestro trabajo», considera tajante sobre su profesión.

–¿Dónde vivía en Gijón en los setenta?

–En El Muro. Cuando llegamos Manolo González y yo a Gijón había una especia de residencia. Era una sidrería. Se llamaba Casa Herminio. El dueño tenía un piso encima del bar en el que residían algunos chicos jóvenes de los equipos inferiores del Sporting. Allí fuimos a parar. Estuvimos como cuatro meses y tras ese tiempo nos emancipamos (risas). Cogimos un piso de solteros en la calle Doctor Aquilino Hurlé. Al cabo de un año vino Maceda. Yo me casé y me fui a uno que había enfrente.

–¿Ha tenido la tentación de pasar por allí estos días?

–El lunes. Estuve cenando con Miguel (Torrecilla) hasta las doce. Nos quería llevar después en coche al preparador físico (David Chorro) y a mí hasta el hotel. Pero le dije que yo me iba andando. Quería pasar por allí. Le expliqué a David que allí había vivido yo en mis años en el Sporting. No he tenido margen para ver mucho más. El resto del tiempo ha sido para ver casas o pisos, estar en Mareo, conocer a un montón de gente, una reunión con Miguel y la secretaría técnica, y otra para empezar a trabajar con David. Ya hemos puesto en pie quince días de trabajo en pretemporada.

–¿Por qué tanta ilusión por el Sporting?

–En el fútbol he sido siempre muy impulsivo, sobre todo como jugador. Sentía la necesidad de jugar por encima de otras cosas. En el Sporting, cuando me fui al segundo año por el servicio militar, jugué la mitad de aquella temporada. Pero con Miera, ya en el tercer año, no jugué todo lo que me hubiera gustado. Y fui yo mismo el que rompió esa situación. Me quería un club, que pagó una cantidad de dinero por mí, y me fui porque quería jugar. Con el tiempo creo que me equivoqué, pero era lo que me pedía el cuerpo en aquel momento. Estoy seguro de que me habría quedado muchos años en el Sporting si hubiera aguantado. Mi necesidad ahora era recuperar aquella situación. ¿Podría volver alguna vez y rectificar aquello?

–¿Y temió que se le cerrara la puerta del Sporting este verano?

–Valoré que había una especie de palabra por ambas partes, aunque tampoco definitiva. El compromiso era olvidarnos de todo hasta que terminase la competición. Y lo respetamos. Si hubiera sucedido otra cosa, el tiempo me ha hecho ver que este tipo de cosas pasan. Hay que seguir.

–Sus padres son de Granada, nació en Barcelona y está afincado en Badajoz, pero tiene un carácter muy del Norte.

–(Risas). Me lo han dicho siempre. No sé si es por mi manera de expresarme o qué. No lo sé. Sobre lo de Badajoz he aprendido que uno, como se dice, no es de donde nace, sino de donde pace. Me siento muy identificado con Extremadura y Badajoz. Llegué con 25 años y tres de mis cuatro hijas nacieron allí. Tengo la vida hecha en Badajoz. La gente me adora y yo a ellos. Tengo más de pacense que de catalán.

–Y una de sus hijas es de Gijón...

–La mayor, Edurne. Por cierto, acabo de coger una camiseta del Sporting con su nombre para llevársela. ¡Le voy a dar una alegría tremenda! Es muy futbolera. Es del equipo en el que esté su padre y del Sporting.

–Jugador, entrenador, director deportivo. ¿Por qué ha sido tan versátil en el fútbol?

–Por necesidad. La mejor forma de estar en el fútbol es siendo futbolista. La segunda seguramente sea estando lo más cerca posible del campo y esa es como entrenador. En el campo siempre he sido un líder. Alguien que tiraba de todos de manera positiva. Esa necesidad que sentía de expresar todo eso fue como entrenador. Pero en Badajoz, luego, entrenaba a los juveniles, al de Tercera, y a la vez era el director deportivo. Por necesidades he tenido que hacer otras cosas. Cuando me fui con Rafa (Benítez) al Liverpool era el segundo entrenador, técnico del equipo de reservas y secretario técnico (cheef scout). No era más porque no podía ser. En Badajoz me pasaba igual. Pero me gusta mucho mi trabajo. He llegado a ser director deportivo de un equipo de Primera (el Espanyol) porque no tenía otras opciones. Y debí hacer un buen trabajo porque jugamos la final de la Liga Europa y la perdimos con el Sevilla. Pero nada más que tuve una oportunidad volví a entrenar.

–¿No le gustaba el despacho?

–Me agotaba el teléfono. Era todo el día, veinticuatro horas.

–¿Su relación con Miguel Torrecilla es diferente a la que tuvo en su día con Nico Rodríguez en Las Palmas?

–Distinta. Tuvimos una relación correcta siempre. Él (Nico) funciona de distinta forma a como lo hace Miguel Torrecilla. Ni mejor ni peor. También porque Las Palmas es un sitio diferente y eso condiciona. Pero en el último mes en Las Palmas estuvimos muy cercanos. Pero la forma de trabajar es distinta a la de Miguel y seguramente los años hacen que yo tenga más compromiso o cercanía con Miguel.

–¿Le han ofrecido ser mánager?

–Tuve alguna propuesta este verano, pero, no. Tenía muy claro que quería venir aquí, primero, y, segundo, eso es mentira en España (sonríe).

–¿A qué canteranos les ha echado al ojo? Nacho Méndez, Pedro Díaz, Pablo, Mateo, Dani Martín...

–A Nacho no le pude ver en Beasain. Me han hablado bien de él. También de Pedro, que tampoco jugó, y de Pablo. Pero aquel partido no fue para juzgar a nadie. Como me dijo un amigo, resultó una castaña (risas). Sí le digo que siento mucha ilusión cuando veo que un chaval vale. La mejor medalla que me puedo poner es sacar un chico joven adelante si lo hay. A veces me equivoco y no lo veo, pero suelo acertar y siempre hay alguien. Si puedo, voy a coger el coche para venir a ver el partido del domingo –por hoy–. Será un encuentro distinto.

–¿Tiene decidido qué canteranos subirán o dependerá de este partido?

–No tengo una idea. Casi toda la información que tengo, que me vale, es de los técnicos, pero también necesito ver. El año pasado, por ejemplo, había un chaval en el Valladolid B que estaba cerca de salir cuando llegué. Luego fue uno de los chicos que vino a hacer la pretemporada con nosotros. A los quince días le dije que ya no bajaba y marcó 14 goles en la temporada. Es José Arnáiz. Eso sí que es una satisfacción.

Paco Herrera.

Paco Herrera. / D. Arienza

–¿Asume que el Sporting tiene que sustentarse en la cantera tras un año tan pobre en ese aspecto?

–Es que hay generaciones y generaciones. Pero nunca hay que dejar de trabajar en la cantera, aunque haya uno o dos años malos. Pueden subir un 10%, un 30% o ninguno, pero el Sporting no puede olvidarse de su cantera. Aunque yo estoy recién aterrizado y no puedo juzgar esas cosas.

–¿La filosofía ideal es la del Athletic de Bilbao?

–Puede ser peligrosa en ciertos momentos. Hay que encontrar ese equilibrio. Ahora mismo, por ejemplo, no tienen delantero. Cuando Aduriz esté fuera, ¿dónde habrá otro? A veces no le da la cantera. Tendrá que recurrir a la Real, Alavés, Osasuna. Y lo tendrá que pagar. Pero sí, es encomiable.

–¿Cuenta con Amorebieta?

–Hay algunas situaciones en las que se me ha hecho un planteamiento que no tiene respuesta por mi parte. En todos los casos parecidos a este me han dicho que puede ser difícil la continuidad porque el jugador se plantee salir, pero no sé.

El de Meré está bastante claro.

–Efectivamente. Y creo que Amorebieta es prácticamente igual que Cuéllar. Y me lo dan como algo que no tiene vuelta atrás. Por lo tanto no hago ninguna valoración. A partir de ahí paso a la siguiente página. Tenemos que fichar.

–O sea, además de la salida de Cases, es complicado que sigan Meré, Amorebieta y Cuéllar, ¿no?

–Creo que va por ahí. Es lo que se me ha transmitido. Algunos llevan un ciclo importante y consideran que ha llegado el momento de salir. Amorebieta, por ejemplo, no es ese caso. Pero la valoración que hago con todo eso es que hay que buscar un central.

–¿Y cuenta con el resto?

–Y si alguno de estos se queda porque al final no haya una solución estaré encantado. Si tenemos que fichar un central en vez de dos porque Amorebieta no salga, ficharemos uno y le sacaremos partido.

–Con el que ya no puede contar es con Nacho Cases.

–No soy complicado, ni de quejarme. Si la situación está clara por las dos partes, lo acepto, aunque entienda que podía ser un jugador muy importante para conseguir el objetivo. Lo acato y a otra cosa. Nacho Cases para mí será un bonito recuerdo de los muchos años que jugó en el Sporting. Pero tengo que ser práctico. Ya estoy pensando en otro jugador.

–¿Y cómo analiza lo de Babin?

–Respetando muchísimo a su país y la competición que va a jugar, entendemos que hay circunstancias que desaconsejan que juegue esas competiciones. Entiendo que el jugador debe de ponerse en contacto con Miguel (Torrecilla). Hablar con él para buscar una solución consensuada. Si esto no ha sucedido entiendo que algo no se ha hecho bien y lo tenemos que arreglar. Todos los jugadores son importantes para mí. Pero creo que tiene que haber un respeto a la institución y las cosas deben de hacerse de forma consensuada.

–Ndi ha sido importante en Segunda, pero ha estado marcado, primero, por sus problemas extradeportivos y, después, por las lesiones. Le queda un año de contrato. ¿Un talento por explotar?

–En cada situación seguro que hay un trasfondo. Ndi me dicen que ha sido alocado, muy despistado. Da la sensación de que el fútbol se puede combinar con otras cosas. Y para mí el fútbol no se debe de combinar con nada. ¿Seremos capaces de recuperar a un jugador que anda despistado? Es parte del trabajo. En todo caso, siempre que hay un futbolista al que le queda un año de contrato, y me lo dice la experiencia, hay un momento que su cabeza se divide en dos si tiene una posibilidad de futuro. Y uno no puede jugar dos partidos a la vez.

–¿Y eso puede condicionar a Carlos Castro también?

–No lo sé. Juan Villar, por ejemplo, era un jugador muy apetecible para algunos clubes de Segunda. Hubo un momento que lo perdimos. Eso se intuye. Tuve un jugador, por el contrario, que todos sabíamos que había fichado por un equipo de Primera a falta de siete partidos. Hable con él y me dijo: «me tienes hasta el final, míster». Como siempre digo, hasta el último minuto del último partido. Era el capitán y así fue. Hay que tener la cabeza bien amueblada para eso. Si tienes un jugador así, no hay más que hablar. Con otros, hay que pelear.

–¿Qué valoración hace de la plantilla que se ha encontrado?

–Sin poner un número, creo que tenemos una plantilla de calidad y le falta carácter. Nos faltan un par de líderes por decir algo. Alguien que en el campo dé un grito y todo el mundo despierte. Creo que hay muy buena gente, muy buenos profesionales, buena calidad para conseguir el objetivo, pero faltan dos líderes que empujen a los demás.

–¿Y eso se puede crear?

–Al que le sale la vena, le sale, pero, si uno no es de comunicar, es complicado. A Víctor Rodríguez, por ejemplo, lo tuve en el Zaragoza. Es un chico extraordinario con un montón de condiciones buenas. Sé que últimamente no ha estado bien, pero a un futbolista como él hay que recuperarlo poniéndole cerca a otro que le haga funcionar mejor. Estoy muy contento de volver a tenerlo.

–¿Vamos a ver un Sporting que salga jugando desde atrás o más contragolpeador?

–Repase el equipo de Las Palmas que se enfrentó al Sporting hace unos años. Trataba de salir jugando la pelota. No rehuyo tampoco la posibilidad del contragolpe. Todo me vale. Pero la pregunta es: ¿vamos a tener jugadores de calidad para eso? Si no los tengo, no voy a ser un suicida. Me adapto a lo que hay. Y no me pregunte por el sistema, si será 4-4-2 ó 4-3-3, porque le digo lo mismo. Yo quiero que fichemos los mejores que podamos y en este caso están definidos: centrales, mediocentros, bandas...

–Decía en la presentación que Osasuna iba a tener el doble de presupuesto, pero no mejor equipo que el Sporting.

–Nunca me fijo en los presupuestos, pero lo dije porque el director deportivo de Osasuna (Braulio) es el que estaba conmigo en Valladolid. Es amigo. Él me expresó lo que iba a tener. Pero no me interesan los presupuestos. Los que me importan son los jugadores. Y los que tenemos son los mejores. No me gusta dar pena. Hay que tirar para adelante.

–¿Le preocupa la Segunda que se avecina?

–Creo que habrá mejores equipos que en la pasada temporada, a excepción de Levante, que desde el primer día ya dije que estaba en otra Liga por una serie de circunstancias. Habrá mejor liga, más competencia, más igualdad en la parte alta. El Rayo, por ejemplo, va a crecer. El Valladolid ha vuelto a hacer un equipo. Luego está Osasuna... Pero mi única preocupación es el Sporting y cómo vamos a hacer para sacar rendimiento a cada jugador: con uno me tendré que cabrear, con otro no sé qué, a alguno le tendré que pasar la mano por encima... Todas esas cosas me ocupan todo el tiempo.

–Torrecilla sabe perfectamente lo que usted quiere, ¿no?

–Creo que sí. Nunca impongo nada, pero lo suelto (risas). Si no sale, no pasa nada. Él sabe algunas cosas que yo no sé respecto a determinadas cuestiones, situaciones que están fuera de lo que es el campo.

–¿Qué mensaje manda a los canteranos?

–(Pensativo). He sacado muchos jugadores de abajo, pero porque estaban ahí. Yo no me voy a inventar un jugador de la cantera si no tiene condiciones. El mensaje es que, si alguien quiere ser futbolista, que pueda estar en el segundo equipo e incluso en el juvenil, aquí tiene su oportunidad.

El entrenador del Sporting también repasa la situación de muchos de los futbolistas de su plantilla y quienes regresan de las cesiones. Lea la entrevista íntegra en la edición impresa y Kiosco y más.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate