«Estaba orgulloso de sus orígenes y era un gran chaval»

María Teresa Rodríguez y Mariana Fernández, vecinas de los Castro González en Llaranes. :: MARIETA/
María Teresa Rodríguez y Mariana Fernández, vecinas de los Castro González en Llaranes. :: MARIETA

Vecinos de Llaranes, el barrio en el que Quini se crió y vivió hasta los 22 años, destacan la personalidad de 'El Brujo'

NACHO GUTIÉRREZ AVILÉS.

Oviedo fue su cuna de nacimiento, pero la figura de Enrique Castro González, Quini, se forjó en el siderúrgico barrio avilesino de Llaranes, al resguardo de la empresa nacional, Ensidesa. Llegó con apenas dos años de edad y se fue veinte más tarde a Gijón, tras contraer matrimonio con Mari Nieves, vecina de bloque y su novia de toda la vida, con la que empezó su relación a los 18 años y con la que se casó a los 22.

La noticia del fallecimiento del mítico futbolista del Sporting se está dejando sentir en un barrio en el que aún quedan vecinos, y amigos, que ayer no podían contener su pena por la pérdida de un icono de dimensión universal que nunca olvidó sus orígenes. «Anoche tardé mucho en irme a dormir pensando en él. No tenemos de él más que buenos recuerdos, de niño y después de convertirse en una figura del fútbol», cuenta Carmina Blanco, que a sus 89 años mantiene frescos sus recuerdos de quien fue uno de sus vecinos.

La familia Castro González, Enrique y María Elena, se trasladó desde Oviedo a Llaranes por un puesto de trabajo en la fábrica, en Ensidesa, para el cabeza de familia. Quini tenía dos años y después llegarían Jesús y Falo, que se criaron en la calle Río Piles -parecía una premonición-, en el bajo derecha del número 14.

Tino Quirós Exjugador del Ensidesa «Tenía un don especial con el gol, siempre estaba en el sitio justo para marcar» «Era muy alegre, bromista. En las cenas de veteranos siempre armaba alguna» Carmina Blanco Vecina de Llaranes «Solo puedo decir cosas buenas de su familia y de Quini. Siempre sonreía y era educado con todos»

Allí pasó sus primeros años, cursando estudios en el colegio Salesianos, en cuyas canchas ya empezaba a dejar pistas de su instinto con el gol, en los recreos y en los torneos intercolegiales, con los inacabables partidos en unas calles entonces casi sin coches. Tino Quirós fue uno de sus amigos y compañero de colegio y de fútbol desde pequeño y hasta que Quini dio el salto al Sporting desde el Ensidesa.

Ayer nos acercamos con el exfutbolista avilesino a Llaranes, donde aún reside aunque no en el poblado sino en La Espina. Quirós intentaba asumir la pérdida de 'El Brujo': «Es una pérdida muy grande porque la figura de Enrique traspasaba todas las fronteras. Todo el mundo lo quería y es un momento de mucha tristeza para los que tuvimos la suerte de conocerle, y, como es mi caso, compartir mi niñez y mi juventud con él». También el fútbol juntaba a Tino, un fornido central al que en su día pretendió el Sevilla sin éxito porque el Ensidesa no le dejó salir, y a Quini, primero en los equipos de los Salesianos, después el Savio, más tarde el Bosco y finalmente el Ensidesa, en Tercera División.

«No era un jugador que destacase por su calidad técnica, ni por ser un gran driblador. Pero era el más listo en el área y estaba casado con el gol. Desde que empezó a jugar se veía que tenía un don especial para meter el balón en la portería, con el pie, de cabeza, con lo que fuese, pero él siempre estaba en el sitio correcto», recuerda Tino, nueve meses mayor que Quini.

Al exdefensa del mejor Ensidesa de todos los tiempos no se le olvida el fulgurante ascenso de Quini en su carrera: «Yo ya estaba en el equipo de Tercera y él subió al final de la temporada 67-68. En la cuarta jornada de la 68-69 ganamos 0-5 en Los Fresnos al Atlético Gijón y al final del partido, Colunga, nuestro delantero centro, le dijo que esa semana lo iba a llamar el Sporting. Y así fue, el siguiente domingo debutó en Cádiz. Para nosotros fue una gran alegría y estábamos seguros de que iba a triunfar».

No solo en lo deportivo, también como persona: «Era un chaval muy alegre, abierto y bromista. Eso nunca lo perdió. En las cenas de veteranos te caía una miga de pan y sabías que era Quini, pero no le pillabas. Siempre armaba alguna».

En el bajo derecha del número 14 del Río Piles, donde se crió y vivió Quini hasta los 22 años, residen ahora con sus hijos Juan Luis Villoria y su esposa, María Teresa Méndez. Ella es de Llaranes de toda la vida: «Aunque tengo diez años menos, recuerdo a Quini porque antes se hacía la vida en la calle. Era muy alegre, un buen chaval en todos los sentidos. Hace unos meses estuvo aquí con dos amigos y, aunque no entró, abrimos las ventanas del salón de la que fue su casa».

Muy cerca, dos entrañables ancianas, Mariana Fernández, y Carmina Blanco, «la viuda de Mérida», apunta, hablan maravillas del Enrique vecino y de su familia: «Eran personas humildes, de muy buen trato. Solo podemos decir cosas buenas de ellos. Quini era un rapaz que siempre estaba con los otros chiquillos jugando al balón. Siempre sonreía y era muy educado, un gran chaval», recalca Carmina. A sus 89 años y con sesenta de residencia en el barrio, mantiene frescos sus recuerdos: «Su novia vivía en la siguiente pantalla». Y destaca «la humildad de Quini cuando ya era un jugador conocido. El año pasado estuvo en Llaranes apoyando la candidatura de pueblo ejemplar. Siempre estaba dispuesto a ayudar y se sentía orgulloso de sus orígenes, del barrio en el que se crió y de sus gentes».

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