Sporting

El Sporting se borra

Mariño saluda al sector del estadio donde se ubicaron casi un millar de seguidores del Sporting. /IÑAKI PORTO
Mariño saluda al sector del estadio donde se ubicaron casi un millar de seguidores del Sporting. / IÑAKI PORTO

Fue arrollado en la primera mitad por Osasuna, que facilitó en un cabezazo de Aridane hacia su portería la mejor réplica gijonesa

Javier Barrio
JAVIER BARRIOPamplona

Si el partido de El Sadar servía como detector anticipado de candidaturas, en el bando visitante no la hubo. El Sporting salió de Pamplona trasquilado, ondeando la bandera blanca, y sin la cresta de gallo de la que presumía antes del fin de semana. Osasuna le afeitó en seco con una primera parte de superioridad indiscutible y una segunda, más equilibrada, pero igual de apañada y resultona para festejar un segundo gol y dar paz a su indómita hinchada en un final sin gas. Por suerte queda trecho, pero cada vez que descarrila el equipo lo hace de forma más grosera y antipática, agudizando la crisis de identidad de un proyecto inmaduro y aún difícil de catalogar. Porque hay poco a lo que agarrarse cuando a los rojiblancos se les funden los plomos. Aunque parecía difícil, la visita a Pamplona no le fue a la zaga al terrorífico viaje a Los Pajaritos. Al grupo de Herrera le saltan cada vez con más frecuencia los remaches, por más que el técnico se deje la garganta en la banda y avise a sus jugadores de que empieza a ver las orejas al lobo. Esta vez no hay puntos ni liderato para disimular los problemas, que los hay. La manta no alcanza para cubrirlos.

2 Osasuna

Sergio Herrera; Lillo, Aridane, Oier, Clerc; Coris (Arzura. M, 61), Torró, Fran Mérida, Torres (De las Cuevas. M, 69); David Rodríguez y Quique.

0 Sporting

Mariño; Calavera, Álex Pérez, Barba, Canella; Sergio; Carmona (Santos. M, 66), Moi Gómez (Isma López. M, 66), Álex López, Rubén García (Pablo Pérez. M, 73); y Scepovic.

Goles:
1-0: M, 8. Roberto Torres. 2-0: M, 59. David Rodríguez.
Árbitro:
Oliver de la Fuente Ramos. Amonestó a Lúcas Torró, Lillo, Fran Mérida. En el Sporting vio amarilla Álex Pérez, Pablo Pérez.
Incidencias:
partido disputado en El Sadar.

Como acostumbraba a decir Preciado, ayer quemó una traca de envergadura el Sporting, cuyo pico de fútbol se redujo a veinte efervescentes minutos en la segunda mitad. Sin su pegada, este grupo adolece de toda clase de males y tiene un serio problema que amenaza con estrangularle. Está desgarrado por el centro y las bandas, flácido e insolidario, con poca capacidad para inquietar el gobierno de balón rival. Y ya no abrocha atrás tan bien como antes. Aunque la peor conclusión que arroja la derrota en El Sadar es que cada vez que el equipo se enfrenta a un rival serio se hunde y escabulle. Ayer, sin ir más lejos, no supo de qué pie cojeaba Herrera hasta la segunda mitad, cuando por fin logró enfocarle, pero con un cabezazo del local Aridane. La intermitencia nunca es un buen compañero de viaje, aunque Mariño se haya empeñado en cargar semana tras semana con el sambenito de salvador del equipo.

Más Sporting

Ya arrancó chato el Sporting, ojiplático ante la superioridad sin paliativos de Osasuna, que estuvo a un tris de golear sin mucho floripondio en una primera mitad monocolor. Cargó por la izquierda y, sobre todo, por la derecha el equipo de Diego Martínez, que sabía lo que se traía entre manos y madrugó para encontrar el punto de cocción al partido. A los diez minutos ya llevaba la cuadrilla de Herrera un bofetón en el carrillo, con el gol de Roberto Torres. Y la cosa pudo ser peor si Mariño no sofoca un buen testarazo de David Rodríguez y Quique no ejecuta un remate a quemarropa de manera infantil en línea de fuego, por mencionar las acciones más escandalosas. El equipo rojiblanco deambuló por el verde abierto en canal. La estadística no se engordó con ningún disparo a puerta del equipo de Herrera en el primer acto. Tampoco en el segundo. Osasuna, por contra, las tuvo de todos los colores. El olor a quemado llegó hasta Gijón.

Despertó lentamente al Sporting, que parecía salido de una legañosa e inexplicable sobremesa, pese a que había alcanzado la cita con las luces de emergencia puestas y muchos avisos. Latió tímidamente el pulso del equipo rojiblanco, ayer solo de blanco, en un golpe franco de Carmona que se estrelló contra la jungla de piernas 'rojilla'. Canella y Calavera empezaron a ensanchar el campo rojiblanco, pero sin mucha chicha. En eso quedó el canijo ataque gijonés.

Con menos, Osasuna volvió a situarse a un palmo de Mariño, que tuvo tajo de sobra, cumpliendo con nota. Quique, un delantero interesante para la categoría e incómodo, no dejaba de contonearse y abrir líneas de juego. Y David Rodríguez invitaba al pase con sus explosivas estampidas. Al lado de estos, Roberto Torres y Torró se estrellaron contra la inspiración del meta gallego en un doble remate a bocajarro. Pim, pam. Lo mejor, aunque suene a herejía con un marcador que indicaba derrota, era el resultado. Había que frotarse los ojos para ver que todavía había opciones de cosechar en una primera mitad en las antípodas del descorche.

Regalado el primer acto, el Sporting se entonó un pelín, no más, con el tirón de orejas de rigor. Abrochó un buen puñado de minutos dentro de un partido dantesco. Una falta de Carmona, cabeceada por Aridane contra su portería, obligó a Sergio Herrera a una contorsión imposible. La única, sí. El poste terminó de escupir la pelota. La producción rojiblanca se amplió con otra combinación, por la derecha, que pateó en una buena situación Álex López a la grada. Pero, en ese amago de desmelene, compareció David con el mazo. El exrojiblanco hizo el segundo tras un desgarro de Fran Mérida por el centro y un buen desmarque de Quique, ofuscado ante Mariño.

Al Sporting le quedaba tan raquítica su propuesta como grande el rival. Herrera no aguantó quieto mucho más y en el minuto setenta agotó todos los cambios, alistando en su desesperada contraofensiva a Santos, Isma López y Pablo Pérez, evaporados los Moi Gómez, Carmona y Rubén. Aunque se ventiló el centro del campo, el equipo no fue a más. Hasta De las Cuevas, icono de la victoria más festejada por el sportinguismo en tiempos pretéritos, estuvo cerca de besar el santo. Sin más opciones para unos y otros, el partido se marchitó dejando una honda herida en los gijoneses, a los que se les han disparado todas las alarmas.

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