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Sporting | Paco Herrera, en el ojo del huracán

Miguel Torrecilla, ayer, a la salida del vestuario./ARNALDO GARCÍA
Miguel Torrecilla, ayer, a la salida del vestuario. / ARNALDO GARCÍA

El club no tomará esta semana ninguna decisión sobre su futuro a la espera del partido en Barcelona | Miguel Torrecilla mantuvo una charla con el preparador en el vestuario antes del inicio del entrenamiento

JAVIER BARRIO GIJÓN.

Abierta la caja de los truenos de par en par, Paco Herrera atraviesa en este momento un campo de minas, con una pérdida de crédito importante a nivel social tras una riada de malos resultados que ha desaguado en una crisis de magnitud, con algún sector de El Molinón pidiendo ya el domingo su destitución a grito pelado. Lo que se presentaba como un tramo del calendario prometedor para confirmar el asalto a la cumbre, endulzado por la victoria frente al Almería, antes de arrancar noviembre, se ha revuelto de manera virulenta, disparando alarmas a todos los niveles con la interminable caída en picado del proyecto. Noveno clasificado, a seis puntos del ascenso directo, han saltado todos los remaches del equipo en poco más de un mes. Y Herrera polariza todos los debates.

El club no ha transmitido ningún mensaje público, más allá de las palabras de Javier Fernández tras la derrota frente al Zaragoza, en las que anticipó que cualquier decisión deportiva, en este caso vinculada al futuro del preparador, tendría que salir de Miguel Torrecilla, que mantuvo ayer un encuentro con el técnico antes del inicio del entrenamiento. En Mareo prolongaron ayer esa máxima, aunque ya se daba por hecho que esta semana no se tomaría ninguna decisión en relación a Herrera, que cuenta, por otra parte, con el respaldo de la mayor parte del vestuario y la confianza de Torrecilla. Tampoco se confirmaba si el entrenador disponía de un margen de tiempo concreto, en un intento por no tensionar más la situación, para retomar el rumbo del proyecto. Parece evidente, en cualquier caso, que la situación actual no admite otro traspiés el viernes en el Mini Estadi, lo que podría precipitar los acontecimientos para un relevo.

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Con todo, el club no quiere apresurarse en la toma de decisiones, que llevaría aparejada la búsqueda de un sustituto y el encaje económico de un despido en el ejercicio y su influencia ante el mercado invernal. Nadie oculta que existe una gran preocupación por la dinámica de resultados y algunos síntomas que manifiesta el propio Herrera, además del catastrófico episodio de las lesiones. Pero, por encima de todas estas cuestiones, perdura la confianza en el exfutbolista del Sporting, entendiendo que en su momento se hizo una apuesta fuerte por su fichaje y que su trayectoria, con 433 partidos en la categoría, le avala. Aunque, lógicamente, si el proyecto no se encarrila pronto, el club asume que tendrá que tomar una decisión para no comprometer la temporada.

Herrera, mientras, regresó ayer al trabajo con el equipo, con semblante serio y parco en palabras durante toda la sesión. Mantuvo alguna conversación esporádica con algún futbolista o auxiliar, como el masajista Diego Lobelle, pero se extendió más con Ángel Rodríguez, su segundo y su mayor apoyo en esta situación comprometida. Igual que Miguel Torrecilla, quien se acercó al vestuario a primera hora para intercambiar impresiones con el preparador, con un evidente bajón, para manifestarle su respaldo en este incierto y amenazante escenario que tiene ante sus ojos.

Al Sporting le restan tres partidos hasta el parón invernal (Barcelona B, Tenerife y Granada) y todos los afrontará bajo mínimos. Este es uno de los atenuantes con los que cuenta el técnico, que ha visto con impotencia cómo la plantilla iba perdiendo competitividad en menos de un mes con la lesión de Sergio y, el domingo, la de Álex Bergantiños, además de Calavera, el lateral derecho titular, hasta contar siete futbolistas en el parte médico, que se espera reducir esta semana con la vuelta de Canella. Sin el resto, tendrá Paco Herrera que recomponer todo el puzle y, al mismo tiempo, buscar a la desesperada un triunfo revitalizante en el Mini Estadi (21 horas).

A esto se suma la crisis de confianza que expresa el equipo, caricaturizado en las acciones de estrategia, lo que queda en la mayor parte de los casos en el debe de los futbolistas más que en el del entrenador, desesperado por esta circunstancia. En cinco jornadas ha lamentado el equipo de Herrera ocho goles, una cifra desorbitada para un teórico candidato al ascenso. Y cinco de esos tantos han llegado a balón parado. Así cedió el equipo un empate en el Carlos Belmonte y así claudicó el Sporting frente al Zaragoza este domingo.

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