«Que la próxima fabada la comamos en Primera»

Ciriaco Cano, Marcelino Elena, Chus Bravo, José Manuel Colmenero, Sergio Fernández, Churruca, Alonso, Miguel Montes, Gonzalo Rubiera, Lombardía, Uría, Bango, Vicente González-Villamil, Sietes, Jerkan, Armando y José Luis Rodríguez posan con la bandera de Asturias. / ARNALDO GARCÍA

Quince exjugadores del Sporting y del Oviedo se reúnen en Gijón para confraternizar antes del derbi

VÍCTOR M. ROBLEDO GIJÓN.

«Yo uno de lo que más recuerdo es ese que ganamos 5-4 aquí en El Molinón. ¿Tú creo que todavía estabas en el Oviedo, eh?», le dice con socarronería Alonso a Lombardía mientras esperaban en la terraza del restaurante El Tasqueru, en el alto del Infanzón, mientras esperan la llegada del resto de comensales a la gran comida de confraternización previa al derbi que organiza Gonzalo. Alonso, central, y Lombardía, portero, compartieron vestuario durante tres temporadas en el Sporting en los años sesenta, pero también vivieron desde dentro la rivalidad regional en la época en la que el meta defendió la portería azul. La amistad, no obstante, estuvo siempre por encima de cualquier rivalidad, como ayer quedó demostrado.

Gonzalo Rubiera, actual responsable de El Tasqueru, comenzó a promover el acto hace ya un par de meses. Varios exjugadores del Sporting, como José Manuel Colmenero, Alonso o Churruca, son habituales del local desde hace varios años, así que el efecto llamada facilitó un reencuentro en el que causó baja a última hora Quini, que se desplazó ayer a Barcelona para estar hoy en el partido de Copa del Rey frente al Reus.

Alonso y Lombardía fueron los primeros en llegar a la cita, con EL COMERCIO como único testigo. Tras ellos comenzaron a desfilar hasta quince futbolistas con pasado rojiblanco o azul. Por parte sportinguista acudieron Churruca, Ciriaco Cano, Montes, José Manuel, Sergio Fernández, Chus Bravo y Marcelino Elena. El bando oviedista estuvo representado por Sietes, Jerkan, Armando y Villamil. También hubo exfutbolistas con pasado en los dos equipos, como Bango, Lombardía y Uría.

En la planta de arriba les esperaba un menú tan asturiano como el propio derbi, con sopa de marisco, fabada y cabritu. Antes, sin embargo, hubo tiempo para los saludos y para recordar las primeras anécdotas. A cinco metros de la mesa de Alonso y Lombardía, Armando y Jerkan. «Yo solo viví los derbis de la temporada 94-95. ¡Era un guaje y estaba acojonado! Fue un día muy intenso, la gente en el campo estaba con mucha tensión... No necesitas ni motivación», recuerda el ovetense. Jerkan, a su lado, asiente. El croata, que llegó al Oviedo en 1990, pronto entendió la trascendencia del derbi en Asturias, más allá de lo deportivo. «Es un partido especial. Este puede ser diferente, sobre todo por el tiempo que pasó sin que se vieran los equipos. Creo que es más un derbi de aficiones que de jugadores, porque los jugadores de ahora todavía no saben lo que significa».

Chus Bravo conoce mejor que nadie ese significado. El excentral sportinguista debutó con el primer rojiblanco en el derbi copero de 2001. «Ganamos 4-2. Eso lo hizo todo más especial aún. Yo, como creo que todos los asturianos, ya tenía ganas de volver a vivir uno», confesaba.

Otro punto de vista

Otro exsportinguista, José Manuel Colmenero solamente vivió un derbi sobre el césped. Fue en 1998, en la temporada del traumático descenso a Segunda rojiblanco. Ahora reconoce que ve «muy bien» al Sporting de Paco Herrera, con el que coincidió como entrenador en el Numancia y en el Poli Ejido. «Es un entrenador que conoce la categoría a la perfección. Estoy convencido de que tendrá al equipo ahí arriba», apuesta.

Uría, con pasado en los dos equipos, lamenta que la vorágine del fútbol actual ha borrado parte de la esencia del de antaño en lo que a derbis se refiere. «Con tantos cambios en las plantillas ya no hay jugadores que juegan diez o doce años en un equipo, y eso resta un poco de identidad», explica. El gijonés destaca además que en su época «los jugadores de los dos equipos teníamos una gran relación fuera del campo».

La comida transcurrió entre anécdotas y recuerdos de viejas batallas, en un clima de absoluta deportividad. «Es bonito volver a juntarnos gente que hace mucho que no nos juntábamos y rememorar tiempos bonitos», explicaba el exoviedista Armando, quien tuvo tiempo para bromear con su excompañero Ricardo Bango. Al gijonés no le sorprendieron las enormes colas registradas anteayer en El Molinón, aunque sí que reconoce que el punto de vista cambia radicalmente para el jugador tras colgar las botas. «Ahora lo ves más relajado, más tranquilo y agradecido a los dos equipos. Tengo la esperanza de que el año que viene hagamos otra comida, pero en Primera».

La comida se alargó hasta bien entrada la tarde. Algunos incluso la remataron con una partida a la pocha que, en el fondo, tenía la esencia de un verdadero derbi asturiano.

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