Quni, el último mito

Quni, el último mito
IGOR PASKUAL

Nos ha dejado el mejor delantero español de todos los tiempos. Siete veces Pichichi, cinco en Primera División y dos en Segunda. Con el Sporting y el Barcelona. Esas cifras están ahí no sólo para que las supere quien pueda, sino como un certificado contra el olvido. Sus logros se erigen sólidos como una roca frente al mar. Pero no sólo ha muerto una gloria del balón sino una manera de entender la vida y el fútbol. Nos abandona una forma de estar en el mundo.

También se va alguien a quien al mirarle a los ojos le salía la nobleza del corazón. Gijón caminaba con él, se curaba con él y también se aferraba a él. Era el último mito. Si se hubiera presentado a las elecciones para ser presidente de Asturias es muy posible que hubiera ganado. Y era uno de los pocos futbolistas en el mundo del que deseabas comprar su camiseta treinta años después de haberse retirado.

Y es que Quini consiguió ser un coloso en los campos y luego, comportarse como alguien normal en la calle. Llevaba en un pie un zapato con la suela gastada y en el otro, las botas con tacos, alas y la mira telescópica para perforar porterías. En las circunstancias que vivió, no haber sido un estúpido es algo absolutamente extraordinario. Poca gente sabe lo difícil que es seguir siendo normal después de alcanzar tales logros, de vivir esas tentaciones y estar sometido al elogio constante. Aunque lo que más recibía Quini eran muestras de un respeto casi regio. En todos los campos de España se le recibía con honores.

En Asturias nos sentíamos orgullosos de su forma de ser porque, en el fondo, encarnaba muy bien el carácter asturiano y era un embajador oficioso que iba más allá de lo deportivo.

Quini era un ‘paisano’, tal y como se entiende en Asturias, es decir, alguien de quien te puedes fiar sólo con darle un apretón de manos. Lo que representa Quini para nosotros es algo tan especial que tengo muchas dudas de que sea comparable a lo que suponen ídolos de grandes clubes para sus ciudades. Para la posteridad queda ese reportaje de Canal 9 del 2003 con cámara oculta, donde Quini asombra por el amor sincero, casi de niño, que aún mantenía por el fútbol. Enorme en el campo, colosal fuera de él. Estoy seguro de que en el cielo, una vez más, volverá a ser Pichichi.

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