El Sporting de Baraja coge carrerilla

El Sporting de Baraja coge carrerilla
Rubén Baraja conduce un balón durante el entrenamiento del Sporting ayer en Sevilla. / ROCÍO RUZ

El equipo enfila los tres últimos meses de competición en su mejor momento de la temporada

Javier Barrio
JAVIER BARRIOGijón

Austero en los tiempos de vacas flacas y también en los de bonanza, que han sido más bien escasos. Así se expresa Rubén Baraja. Siempre equilibrado. Siempre concentrado. Sin descarrilar, sin concesiones públicas. Sin bajar la guardia ante las preguntas. «Llevamos cuatro partidos sin conocer la derrota. Hemos sumado en dos partidos fuera de casa y el grupo está bien, pero hay hasta diez equipos que están igual», recita inamovible tras la laboriosa victoria del domingo frente al Sevilla Atlético.

Contra su continencia verbal, la realidad es que el Sporting se ha abierto paso a feroces bocados en dirección a la cumbre, a la que ha recortado tres puntos en cuatro jornadas de suma y sigue. Eso al segundo clasificado, al Rayo Vallecano, en ascenso directo y blindado por el momento por una barrera de cinco puntos que ya no parece inalcanzable. Será el siguiente, tras la Cultural, en venir de excursión a Gijón. Al inhumano Huesca, el intratable líder de Segunda División, le ha rebañado seis. Disparada después de que el Real Oviedo afeitara en seco al Sporting, la cuadrilla de Rubi avanzaba con una larga zancada y se escapaba hasta los 16 puntos de ventaja. Hoy esa brecha ha encogido hasta los diez. Todo con el remonte. Junto al Zaragoza, el más entonado de esta secuencia de cuatro enfrentamientos, el grupo de Rubén Baraja es el que presenta una mejor factura de puntos y goles a favor y en contra. Es la punta del iceberg.

Retornado al 'play off' tras salir vencedor y embalado de Sevilla, el Sporting ha cogido carrerilla en un momento decisivo de la competición. Ha puesto patas arriba la clasificación y ya da las luces al Cádiz de David Barral, que se relamía desde la segunda posición no hace mucho. Contra pronóstico, la traumática derrota en el Carlos Tartiere resultó una extraña fuente de inspiración; un pescozón para despertar y reivindicar la candidatura al premio gordo. Renovarse o morir. Cuatro partidos después del doblete de Mossa, el equipo de Baraja se ha erguido y deja ver su mejor momento de la temporada. Esos 360 minutos de competición han sido suficientes para limar con su vecino lo que parecía una grosera ventaja entonces: ocho puntos que se han consumido en su totalidad.

A la caza de Cuéllar

Hay datos que atornillan el momento creciente de los rojiblancos. Diego Mariño lleva la friolera de 404 minutos sin retirar un balón del interior de su portería, actualizando su mejor registro de la temporada y a la caza y captura ya de los 439 que se mantuvo impoluto Iván Cuéllar en el desenlace de la trama de la temporada 2015-2016. La bajada de persiana se sustenta, además de en las manos del gallego -notable en el Viejo Nervión en la parada de la falta sacada por Curro en el tramo final-, en un comportamiento defensivo coral con pocos matices. De los once encuentros que ha dirigido al Sporting el entrenador vallisoletano, en siete ha terminado con la portería a cero; cuatro de esas ocasiones encadenadas de forma consecutiva tras la debacle escenificada en el Tartiere.

«Después del derbi se generó una incertidumbre a nuestro alrededor y hemos trabajado hasta llegar al 'play off'. Queda mucho, pero hemos ganado en un campo muy difícil», observa Rubén García, responsable del desequilibrio el domingo con su simbólico gol, tras el triunfo en el Viejo Nervión. No resultó una victoria muy estética, con el equipo acogotado en la segunda mitad por la ventolera y el empuje del filial hispalense, pero vale su peso en oro. La estadística del gobierno de Baraja confirma la severa corrección del proyecto, golpeado en su línea de flotación en mitad del mes de noviembre, cuando la lesión de Sergio y, a renglón seguido, la de Bergantiños derivaron en un proceso de descomposición que terminó con Paco Herrera en la calle.

Más Sporting

Ahora ha regresado el Sporting, aunque en las oficinas de Mareo se mantienen con la mosca detrás de la oreja tras una temporada de subidones y bajadas considerables. «Esta victoria es un impulso. Había muchos motivos para ganar aquí: por nosotros, por romper la dinámica y por honrar la memoria de Quini con el esfuerzo de los jugadores. Nos refuerza mucho la confianza», sostiene el técnico rojiblanco tras el último latigazo de su equipo. El domingo estaciona la Cultural en El Molinón, intratable y sin tachas con Rubén Baraja, que no ha parado todavía el contador de casa. Seis partidos, seis victorias. Quince balones han tensado la portería rival, por los pírricos dos -ambos en el encuentro frente al Córdoba- que cuenta en negativo.

El repunte que se ha originado en la llegada de Baraja se sustenta en los once partidos que ha dirigido. Aunque ha tenido borrones fuera de casa, perdiendo tres partidos, una hipotética clasificación elaborada desde su aterrizaje en el banquillo de El Molinón situaría a los gijoneses en el segundo puesto, tan solo superados por el Huesca y dándose codazos con el Rayo por esa segunda plaza, abrazada por una mejor diferencia de goles que los madrileños: diecinueve a favor, por nueve en contra. A falta de trece partidos, el Sporting está de vuelta.

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