Un capricho pucelano

Un capricho pucelano
Presentación del Sporting ante el Condal, en El Molinón. De izquierda a derecha, de pie, García Fernández, Medina, Alonso, Uribe, Alberto, Eraña y Lombardía. Agachados, Montes, Del Cueto, Solabarrieta, Pocholo y Amengual.

Alberto fue traspasado hace 40 años al Valladolid por 21.000 euros, en una operación en la que el Sporting mostró una posición de fuerza

Manuel Rosety
MANUEL ROSETYGijón

Aunque más de una veintena de jugadores tuvieron la oportunidad de jugar en el Sporting y en el Valladolid, sólo hubo una operación de traspaso del club gijonés a la entidad pucelana. Hace casi 40 años, el presidente del club castellano se empeñó en fichar al candasín Alberto Fernández, lo que se culminó por motivos económicos.

El Valladolid había iniciado una remodelación, con una fuerte inversión programada por el presidente, el constructor Antonio Alfonso, con el objetivo del ascenso. En la campaña anterior había quedado a dos puntos del Deportivo, que fue el campeón. Uno de los principales objetivos era el rojiblanco Alberto, cuya marcha no entraba en los planes del Sporting, ya que el traspaso previsto era el de Pocholo al Celta.

En cuestión de unos días se cerró la marcha de Alberto. El candasín había sido el más utilizados, junto a García Cuervo, y Uribe, sólo con un partido menos que Pocholo, que era la figura del equipo y el goleador, junto a Solabarrieta. Sin embargo, el deseo de Alberto era cambiar de aires, porque en el Sporting no se consideraba bien pagado. En su momento expuso que el defensa argentino Leandro Alas, que no llegó a debutar en partido oficial en Gijón, cobraba el doble, por lo que pidió que los traspasaran. El Valencia hizo una propuesta, pero no llegó a la cantidad que pedía el club gijonés. Luego apareció el Valladolid, que le duplicó la ficha que tenía en el Sporting.

La negociación la llevó el secretario de la directiva, José Antonio Álvarez, quien puso el listón alto, ya que la marcha de Alberto sólo iba a producirse por dinero. Si la salida de Pocholo al Celta se había fijado en 18.000 euros (tres millones de pesetas de la época), lo que se valoraba como una buena operación, el traspaso de Alberto se tasó en 21.000 euros (tres millones y medio de pesetas), con una posición inamovible del directivo rojiblanco. Al final, el constructor pucelano asumió las condiciones del Sporting, tras un acuerdo previo con el candasín.

La operación le vino bien al Sporting, porque con la llegada de Carriega hubo una modificación en la plantilla rojiblanca, en la que 'Tati' Valdés y Puente eran un seguro para cubrir las bajas de los traspasados. Además, poco después, a mitad de temporada, dio el salto Quini, quien ocupaba inicialmente la posición de interior. Para esta posición también llegó el abulense Salazar, quien en Gijón tendría poco recorrido.

La planificación pucelana fue un fracaso, aunque Alberto despachó una sobresaliente temporada, siendo el jugador más utilizado. Del resto de fichajes dieron un buen rendimiento un joven Lasa, que luego acabaría como lateral en el Athletic y en el Granada, y el osasunista Astrain, que finalizaría su trayectoria profesional en Valladolid. Los demás refuerzos tuvieron una presencia testimonial y sin relevancia.

Al año siguiente, Alberto sería traspasado al Atlético de Madrid, junto con Quique, formado en la cantera pucelana. El presidente, decepcionado por el fracaso, empezó a hacer una especie de liquidación, que acabó con los pucelanos en Tercera. La temporada tuvo problemas internos, con jugadores apartados por conducta inadecuada y un final con un déficit de 90.000 euros.

A Alberto le vino muy bien un nuevo traspaso, porque en el Atlético estuvo diez temporadas, en las que ganó la Liga en tres ocasiones, la Copa en otras dos y una Copa Intercontinental.

Alberto había debutado en el Sporting de la mano de José Luis Molinuevo, en un partido copero, en noviembre de 1962, el mismo día que debutó también el central Alonso. En seis temporadas disputó 112 partidos ligueros, en los que anotó 17 goles, y diez de la Copa, con un tanto. El candasín era un centrocampista que con los antiguos sistemas de juego podía actuar de medio o de interior, lo que hoy es un pivote ofensivo, con buena técnica y una aceptable visión de juego. Era un jugador ejemplar en los terrenos de juego. Como dato está que sólo vio cinco amonestaciones en 17 temporadas como profesional.

Aunque estuvo diez campañas en el Atlético, su primera trayectoria, en la que tuvo sus raíces, fue el Sporting, en el que fue presidente de la Asociación de Veteranos.

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