Una década sin rendición

Una décda sin rendición
SPORTING-GRANADA 74. Bilic celebra el gol de la victoria en el tiempo de prolongación. / JOAQUÍN BILBAO

El Sporting solo ha perdido 16 partidos en Segunda en El Molinón desde la temporada 2007-2008

JAVIER BARRIOGIJÓN.

Sorprendió a más de un sportinguista, que forzaba su garganta para hacerse notar en inferioridad numérica, el acalorado ambiente que presentó el sábado La Romareda, con todas las pinturas de guerra puestas y una atmósfera cocinada para la ocasión. «Este año no habíamos estado todavía en un campo así, que apretara tanto», se reconocía en la grada visitante en relación el altísimo grado de decibelios sobre el que se disputó la contienda frente al Zaragoza. Con la misma medicina recibe El Molinón casi siempre al forastero, sobre todo cuando la temporada llega al clímax y hay algún aliciente por medio. Como el sábado frente al Barcelona B (16 horas). La primera de las cuatro finales para el equipo de Rubén Baraja. La penúltima jornada como local.

A El Molinón regresa el Sporting para salir en persecución de la rueda del Huesca -el que tiene más a tiro-, a una victoria suya y una derrota oscense, y al que en el vestuario ven como el rival a batir con el Rayo disparado ya hasta los cinco puntos. A su mística se aferra el equipo para soplarle en el cogote al equipo de El Alcoraz, al que rebasaría de forma temporal con una victoria en una disputa con un evidente componente sicológico. A la sobremesa del domingo, en Huesca y frente al Alcorcón, saldría en ese caso la cuadrilla de Rubi en 'play off', obligado a ganar o, por lo menos, a puntuar. «Prefiero jugar antes que ellos. Si ganamos les podemos meter un poco de presión», confiesa el italiano Federico Barba. Cualquier detalle marca en este momento.

En todo caso, el Sporting tendría que dejar precintada la victoria veinticuatro horas antes. El «ganar, ganar y volver a ganar» que acuñó Luis Aragonés. Tomar la delantera en el escenario en el que siempre ha alimentado sus posibilidades, embriagado por el chute de adrenalina que le proporciona este ambiente. Porque la estadística no engaña y confirma la brutal influencia de El Molinón en los objetivos que ha perseguido el equipo en Segunda en la última década. Desde el inicio de la temporada 2007-2008, el Sporting ha disputado 103 partidos en su estadio y ante su afición como competidor de la División de Plata. Solo ha perdido 16, ganando 61 y empatando 26, con 176 goles a favor y 83 en contra.

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En Gijón, con el Barcelona B como contendiente esta vez de camino al Granada en la penúltima jornada del campeonato, ha protagonizado enfrentamientos memorables durante este tiempo. Todavía queda el recuerdo de aquel volcánico partido ante la Real Sociedad, en marzo de 2008, resuelto con un gol de Mate Bilic en el minuto 81. Recuperaba su asiento en el ascenso el equipo de Manuel Preciado con aquel sonoro zarandeo a un rival directísimo.

Menos seca está la tinta del emocionantísimo duelo, aquella misma temporada, que protagonizó el Sporting ante el Granada 74. Aquel partido se escribió sobre épica pura y dura, inspirada en la temprana expulsión de Míchel, en fuera de juego cuando el reloj marcaba el minuto 36. Mateu Lahoz, el portador del silbato de la discordia, era un desconocido entonces. En inferioridad y por debajo en el marcador, el Sporting se encendió con un gol de Kike Mateo. Ya en la prolongación, cuando se rumiaba amargamente el empate, otra vez Bilic firmó aquel inolvidable testarazo que puso patas arriba El Molinón.

Especialmente atinado en su campo se ha mostrado el equipo en los finales de temporada. En cuatro de las últimas cinco temporadas en Segunda, el Sporting ha ganado sus dos últimos partidos en El Molinón. Lo hizo en la del ascenso capitaneado por Manuel Preciado con dos triunfos definitivos: Sporting-Córdoba (2-1) y, sobre todo, Sporting-Eibar (2-0). Menos cosecha hubo en la 2013-2014. Abelardo había asumido las riendas del proyecto y el equipo garantizó el 'play off' en el tramo final, abrochado con dos victorias en las dos últimas jornadas. El mismo camino hizo un año después el equipo de 'El Pitu', aunque la inercia y un loco desenlace le otorgó el ascenso directo en el Benito Villamarín, en la última jornada.

«Hoy ha jugado El Molinón que yo estaba acostumbrado a ver», reconoció Rubén Baraja después de que su equipo tumbara al Rayo hace algo más de un mes. El técnico ha remarcado siempre la importancia del estadio gijonés. Con palabras y con números. Ha hecho pleno de victorias en los diez partidos que ha dirigido en casa. Y ahora necesita la undécima. No puede fallar. Ni la magia de El Molinón.

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