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El Sporting derrapa de atrás

El gaditano Luismi, a la izquierda de la imagen, en plena celebración del gol del empate del Valladolid en El Molinón tras una jugada de estrategia mal defendida./DANIEL MORA
El gaditano Luismi, a la izquierda de la imagen, en plena celebración del gol del empate del Valladolid en El Molinón tras una jugada de estrategia mal defendida. / DANIEL MORA

El equipo ha recibido este mes casi tantos goles como en las doce primeras jornadas del campeonato | Cuatro de esos siete tantos que han castigado a los rojiblancos en los cuatro últimos partidos provienen del balón parado

JAVIER BARRIO GIJÓN.

En un momento de incertidumbre, donde afloran las dudas y los rojiblancos se contonean nerviosos en el campo como un flan, el Sporting acrecienta de forma peligrosa su ingenuidad defensiva. Es una de las principales enfermedades que atormentan a este escuálido grupo del último mes de competición. Y ya se sabe que la Segunda División es despiadada con el que lamenta con frecuencia el gol en sus dominios. «He querido poner un equipo más sólido. Desde hoy -por el domingo-, el que no trabaje no juega», prometió Herrera, preocupado por esa flacidez sonrojante del último tramo. Urge la búsqueda de una solución, con el Zaragoza amenazante a la vuelta de la esquina, para restaurar la fiabilidad y el comportamiento defensivo de antes. Si no, el temporal arreciará.

No hace tanto el Sporting expresaba una notable solvencia en las áreas, especialmente en la de Diego Mariño, pero en los cuatro últimos partidos ha surgido un roto difícil de remendar, un 'resfriado' en defensa monumental, con un registro de goles recibidos disparatado y en su mayoría evitable. Coincide en el tiempo con la ausencia de Sergio, que se ha revelado como una circunstancia influyente, pero también con un largo serial de errores individuales. «Los dos goles que nos han hecho han sido iguales, perdiendo la referencia», apuntó Herrera sobre los dos tantos del Albacete. «La marca con tres centrales estaba puesta para eso, con algo que sabíamos que iba a pasar», incidió el entrenador barcelonés.

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Su cuadrilla ha perdido comba en este apartado y lo expresa con un dato incontestable: los rojiblancos han recibido solo un gol menos en estas cuatro últimas jornadas (7) que en las primeras doce del calendario (8). Y, aunque hasta no hace mucho presumía como referencia, ya hay cinco equipos mejores que él en la clasificación de menos goleados en Segunda, quedando rezagado en un relación que suelen gobernar los aspirantes al ascenso. Sin ir más lejos, el Sporting de los 'guajes', que concedió únicamente 27 goles, doce más de los que suma este proyecto en dieciséis jornadas, puede certificarlo.

El modo en el que han llegado esos siete tantos tiene miga y propone un análisis de calado. Cuatro de esos goles provienen del balón parado, de las situaciones de estrategia, desde todas las vertientes. Y cuatro se han firmado con la cabeza. Herrera no ha perdido de vista este dato y de hecho en Albacete intentó, sin éxito, ganar centímetros con la entrada de Pablo Pérez, Rachid o Viguera para prevenir este tipo de acciones.

La veda se abrió en Reus, con el golazo de falta del portugués Gus Ledes. Lo difícil de evitar aquí fue la excelsa ejecución del mediocentro portugués, con una zurda exquisita, pero sí resultó innecesaria la falta que realizó Barba para dejar al estandarte del proyecto de López Garai frente a esa situación idílica. Más descarado fue, una semana después, el gol del empate del Valladolid en El Molinón. Surgió de un córner botado por Óscar Plano. El balón voló generoso hasta una cuadrícula en la parte derecha del punto de penalti. Luismi se liberó con una maniobra con los brazos de un blando marcaje de Isma López y solo tuvo que apuntar con la cabeza para vencer a Mariño.

Engordó el grupo del Sporting sus complejos en la siguiente jornada, frente al Cádiz, en el despertar de esta cita que se había anunciado en la cartelera como una reválida, pero que terminó con la primera victoria de los rojiblancos en sus dominios. Todo el plan descarriló cuando José Mari pateó otro saque de esquina y Garrido, entrando desde atrás después de dejar en el retrovisor a Barba, embolsó el primero con un violento testarazo. Ahí comenzaron los problemas para el Sporting ese día.

El más cercano, el gol del empate de Gaffoor en el Carlos Belmonte, fue escandalosamente evitable tras la falta botada por Bíttolo. El central del Albacete quedó descolgado, en una salida en falso de la defensa al fuera de juego, y cabeceó a gol sin vigilantes a su alrededor. También fueron sonrojantes, a su manera, el error de marcaje de Calavera en el segundo tanto del Cádiz y, de vuelta al domingo, el gol de Zozulya, que cazó un balón con la cabeza en el segundo palo, sin ninguna oposición, con Quintero a su espalda. Otro roto.

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