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El Sporting mide su zancada en Tarragona

Álex Pérez se lanza al suelo durante un ejercicio con el grupo en el último entrenamiento de la semana en Mareo.
Álex Pérez se lanza al suelo durante un ejercicio con el grupo en el último entrenamiento de la semana en Mareo. / ARNALDO GARCÍA

Los rojiblancos, en pleno crecimiento y antes de la Copa y del derbi, buscan la primera victoria a domicilio frente al Nástic | Herrera medita dar continuidad al equipo que volteó al Lugo en la segunda mitad del partido en El Molinón

JAVIER BARRIOGIJÓN.

Al agradable abrazo del Mediterráneo se marchó ayer el Sporting en busca de una especie de retiro futbolístico -un aislamiento con balón y competición previo al derbi febril del próximo fin de semana en El Molinón- y en pos de tres puntos más que llevarse a la boca esta tarde en Tarragona (Nou Estadi, 18 horas), además de la oportunidad de servirse un copazo en toda regla en Reus, dentro de cuatro días, en el primer sorbo que brinda el trofeo del K. O. En cualquier caso, el ideario de Paco Herrera no es muy diferente al de otros compañeros de gremio. Piensa a corto plazo y en continuar hoy dando cuerda a la madrugadora escalada en la clasificación de su Sporting ante un equipo de corte ilustrado.

Abrirá juego esta tarde el conjunto gijonés, que llevó hasta Cataluña una repleta agenda de compromisos enlatados en ocho días, en busca y captura de su primera victoria como forastero frente al Nástic de Tarragona, este año descendiente directo del 'cruyffismo' más tradicional con Lluís Carreras a los mandos. El envite del Nou Estadi permitirá calibrar el proceso de madurez en el que se encuentra este Sporting, apocado hasta el intermedio del encuentro frente al Lugo, pero desmelenado en esa notable segunda mitad, manteniéndose sin mácula Mariño, que en estas dos jornadas aún no ha tenido que torcer el pescuezo hacia su portería.

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El Sporting que voló ayer hasta Cataluña presentaba una silueta más afinada y menos voluminosa, en una jornada en la que Miguel Torrecilla cumplió su objetivo sin necesidad de alcanzar la hora bruja. Encajó por la puerta de salida del mercado a Lillo y Babin y acordó la rescisión de contrato de Dani Ndi. Habrá tiempo para analizar con más fundamento los primeros pasos de su gobierno. Pero ha manifestado la determinación y los recursos de un técnico de altura. En su primer año se ha visto forzado a completar una transición mayúscula, en la que solo sobreviven cuatro de los dieciséis fichajes que se realizaron el año pasado, y que además exige la coronación de un ascenso.

Con esa nueva figura, menos aparatosa para el cuerpo técnico, Herrera alistó a los 21 futbolistas con ficha del primer equipo para el viaje a Tarragona y el posterior duelo copero. La única salvedad fue Rachid, en tierra, aunque Herrera abrió la puerta a su continuidad cuando se consuman todas las oportunidades del mercado. Xandao y Jordi Calavera, mientras, se vistieron de novedad y disfrutarán de sus primeros minutos con la rojiblanca. Los imberbes Pedro Díaz, Nacho Méndez y Dani Martín, por su parte, se unirán a la expedición tras la cita del Nou Estadi. La semana dará para mucho y la Copa siempre huele a rotaciones.

La media inglesa con la que camina el Sporting ha amortiguado el aterrizaje en Segunda, con Osasuna y Granada sin haber podido todavía hincar el diente a una victoria. Pero Herrera anhela una evolución balompédica y un equipo más académico en la construcción de la ofensiva. Faltó fútbol en Alcorcón y se echó también en falta en la primera mitad de la contienda frente al Lugo, pero la botella se descorchó en el segundo acto de este último partido. Un punto y aparte. El hilo de una nueva historia.

El criadero de La Masía

En ese brutal descosido que provocaron en la zamarra lucense la sociedad Moi Gómez-Carmona y las veloces estampidas de Rubén García y Michael Santos, el Sporting manifestó sus posibilidades. Y ese prometedor retrato quiere volver a dibujar hoy Herrera, que amenaza con repetir esquema, sin descartar algún ingrediente sorpresa como Álex López o el propio Bergantiños. Incluso Carlos Castro. El técnico catalán reconoce una acusada tendencia a sacudir el árbol e intercambiar las piezas con frecuencia. Aunque se reconoció convencido y sintonizado el pasado fin de semana con lo que vio en El Molinón.

Herrera enfrenta su propuesta con la de un entrenador salido del criadero técnico de La Masía, con todos sus matices. El libro de estilo de Lluís Carreras se escribe sobre un 4-3-3 muy inspirado en la cultura del Barcelona, de la que bebió profusamente el exfutbolista de San Pol de Mar, Guardiola, Sergi, Eusebio y tantos otros. Su credo es el culto al balón, al que han incorporado este año al exrojiblanco Álvaro Bustos, además de Juan Muñiz, un francotirador excelso a balón parado educado en Mareo. La posesión entrará en una discusión severa esta tarde. No le ha llegado el gobierno de la pelota, en todo caso, para festejar todavía. Una derrota frente al Almería (0-1) y un empate en Reus (1-1) condensan su trayectoria en estas dos primeras jornadas.

Académico, sí, pero físico y tradicional, también. No todo el fútbol que se cuece en Tarragona, golpeada estos días por el virus FIFA (el portero Dimitrievski y Otar Kakabadze se encuentran con sus selecciones) y la baja de última hora de Tejera, deriva hacia una vertiente poética. Con Manu Barreiro (1,92 metros) busca Carreras un contrapeso a los riesgos de su estética, que amenaza de cuando en cuando con la posibilidad de abandonar su camino por alguna aventura aérea para conectar con la corpulencia del delantero gallego, su imponente estilete. Un tipo de altura. Igual que la semana que le espera desde hoy al Sporting, que mide su zancada con el Oviedo al final de los días.

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