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«En el Sporting me dan la oportunidad de ser alguien importante y su cariño»

Bergantiños, a la izquierda, junto al presidente Tino Fernández, en la despedia de jugador.
Bergantiños, a la izquierda, junto al presidente Tino Fernández, en la despedia de jugador. / R. C. D.

Bergantiños llega cedido a Gijón por una temporada tras sellar su renovación con el Deportivo | El coruñés, que agregará brega a la medular rojiblanca, confesó el papel determinante de Paco Herrera en su llegada a El Molinón

IVÁN ÁLVAREZGIJÓN.

Un bregador para la medular rojiblanca. El Sporting inauguró ayer el capítulo de refuerzos al dar oficialidad a la incorporación de Álex Bergantiños, que jugará en Gijón cedido por el Deportivo el próximo curso, tras extender su vinculación contractual con el club coruñés hasta 2019.

«Me dan la oportunidad de ser alguien importante. Me han dado su cariño desde el principio y me han ofrecido un proyecto interesante, creo que es el momento de dar el paso», aseguró ayer Bergantiños, en su rueda de prensa de despedida en La Coruña, acerca de su salida del Deportivo rumbo a Gijón. Un «hasta luego», como lo calificó Tino Fernández, presidente del club coruñés, que se encargará de sufragar el 40% del salario del rocoso mediocentro gallego en un nuevo curso que afronta dispuesto a «ayudar a que el Sporting haga un gran año».

La llegada al conjunto herculino del joven uruguayo Federico Valverde desbordó la competencia en la medular e impulsó a Bergantiños a tomar una decisión de dejar Riazor que ya había valorado en el último mercado de traspasos. «Ahora mismo soy más útil saliendo», indicó el pivote coruñés, que contaba con varias ofertas de clubes de Segunda y una posibilidad de continuar con su carrera en el extranjero, pero se decantó por la propuesta del Sporting debido a las similitudes de Gijón con su ciudad natal, la proximidad geográfica y la insistencia de Miguel Torrecilla y Paco Herrera.

«Que te llame el entrenador del club al que vas a ir también es importante, al final quien va a tomar las decisiones es él. Estoy agradecido por el interés personal y ahora intentaré devolver esa confianza con trabajo y esfuerzo, como en todos los equipos en los que he estado», expresó a las puertas de la cuarta cesión de su trayectoria deportiva, empleando una coletilla que resume la actitud con la que afronta cada jornada.

«Es un jugador que lo va a dar todo. Hace un trabajo sucio, porque no es un mediocentro que distribuye y mete unos pases espectaculares, pero todos los equipos necesitan a un futbolista como Álex, que trabaja desde el minuto uno hasta que el árbitro pita el final del partido», explica el guardameta gijonés Manu Fernández. Primero en el filial y después en la primera plantilla, el cancerbero formado en Mareo fue compañero en la disciplina deportivista del nuevo pivote rojiblanco, al que augura una buena sintonía con la grada de El Molinón, ya que los sportinguistas «muchas veces quieren esa entrega y por su parte no va a faltar».

Esa actitud aguerrida y perseverante fue la que permitió al coruñés hacerse un hueco en el equipo de su ciudad natal. Después de desarrollar su niñez compaginando el verde del césped con la pista de fútbol sala, disciplina en la que fue bicampeón de España, llegó al conjunto blanquiazul en edad juvenil procedente del Imperator, el equipo del barrio de la Sagrada Familia. Los técnicos deportivistas en el filial consideraron que le faltaba talla para ser central y adelantaron unos metros su posición en la medular.

«Es un pivote para jugar por delante de la defensa, dando ayudas y haciendo coberturas. Con balón no va a hacer cosas del otro mundo, no va a dar asistencias de gol, pero es bastante correcto y da dinamismo», le analiza el treviense Saúl Fernández, que le conoce bien fruto de sus tres temporadas en el mismo vestuario en Riazor. Un estadio al que Bergantiños acudía en su infancia para animar desde la grada al Súper Dépor y cuyo césped no pisó para estrenarse en un partido oficial con el primer equipo del conjunto herculino hasta los 26 años, después de luchar para hacerse un hueco mediante cesiones previas en el Xerez, el Granada y el Nástic.

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En Andalucía dejó su sello en dos de los cuatro ascensos a Primera que constan en su currículo, que en 2012 estrenaría de forma óptima en la primera plantilla del Deportivo. «Entrena siempre muy bien. Si hay que correr media hora, hay que hacerlo a tope la media hora, no veinte minutos. En ese aspecto fue un capitán desde el filial hasta día de hoy», argumenta el guardameta Manu. «Es sacrificado y todo lo que tiene se lo ha currado desde abajo», secunda Saúl Fernández, un exfutbolista de banda pulido en Mareo que en los últimos años ha iniciado su trayectoria en los banquillos en la Comunidad Valenciana y cree que Bergantiños se puede amoldar bien a la propuesta del nuevo entrenador sportinguista.

«El año que Paco Herrera está con el Celta, nosotros en el Dépor tenemos a Oltra. Son dos entrenadores de carácter ofensivo y que quieren el balón, Álex fue titular toda esa temporada», recuerda Saúl respecto a una campaña en la que el pivote gallego disputó todos los encuentros ligueros, 41 de ellos desde el pitido inicial. El coruñés fue el ancla del conjunto que batió un récord de puntuación en la categoría que en la actualidad todavía ostenta el club coruñés. Un inicio rutilante para su transcurso competitivo en Riazor, trazado desde el éxtasis hasta la dura caída del descenso, sensaciones antagónicas trenzadas en un sendero competitivo irregular en el plano colectivo que le empujó hacia el ojo del huracán en el plano individual.

Meses después de celebrar su cuarto ascenso a la élite del fútbol español, una derrota ante el Elche disparó las alarmas acerca de las opciones de permanencia y los aficionados más radicales increparon a los jugadores, con especial dureza hacia Bergantiños. «Siempre dio la cara para afrontar este tipo de situaciones que para nadie son agradables. La entereza mental que tiene es enorme», indica su excompañero Manu. Tres semanas más tarde, el mediocentro coruñés se resarció a lo grande, marcando en el Camp Nou el gol del empate que aseguraba la presencia de su equipo entre los veinte mejores del país un año más.

Una actitud de nunca bajar los brazos que le llevó a ganarse un hueco en el once inicial cuando parecía definitivamente relegado a la suplencia el siguiente curso. «Por cómo entrena nunca le costó estar al nivel de compañeros que tenía más minutos», explica Manu. Sin embargo, esa perseverancia no impidió que viese reducida su cuota de minutos la última temporada. De carácter introvertido, en el campo se transforma, confiesan sus excompañeros. El niño al que apodaban 'Koeman' por su semejanza capilar y su ubicación en el eje de la zaga llega a Gijón con 32 años, casado y con una hija, dispuesto a conquistar el quinto ascenso a Primera de su carrera.

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