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El Sporting pasa el trago

Instante en el que Nacho Mëndez anota el gol tras recibir el pase de cabeza de Borja Viguera, anticipándose al defensa.
Instante en el que Nacho Mëndez anota el gol tras recibir el pase de cabeza de Borja Viguera, anticipándose al defensa. / YAVI JURIO

Los rojiblancos logran el pase de ronda en la Copa antes del derbi en un partido pobre, con muchas novedades, en el que el Reus falló dos penaltis

JAVIER BARRIOREUS.

No le sentó bien la Copa al Sporting, que pasó el trago como pudo, con algún mareo, y que en Reus acusó la sacudida de las rotaciones, parte de la prometedora gestión de personal que persigue Paco Herrera y del equilibrio en el kilometraje. Con todo, sin lustre, pero tampoco riesgo ante el derbi, cumplió su equipo. Ganó, pasó de ronda y logró que su portero -esta vez Whalley- sumara un partido más sin torcer el cuello para mirar en el interior de su casa. Esta vez fue más responsabilidad del Reus, desquiciado desde el punto de penalti, que le brindó dos oportunidades, que del sistema defensivo de los de Herrera, ayer muy tiernos con tanta novedad y con mucho tajo heredado de las múltiples pérdidas de balón. No encontró dulzor el Sporting ni al mojar los labios, también porque tuvo que bailar en un secarral con relieve, pero la apuesta fue resultona y ganadora. Ahora, embalados al sábado hacia el Oviedo.

La Copa pudo tener de partida una digestión pesada para los rojiblancos, que perdieron el control remoto y concedieron demasiada libertad al balón, libre para amenazar. Incómodo, se asustó el Sporting a los tres minutos cuando Ocón Arraiz se imaginó un penalti, en una jugada en la que Whalley salió a despejar un balón y Querol, con Quintero soplándole la nuca, terminó por el suelo. La falta de tino de Édgar, en cualquier caso, hizo justicia al exceso del colegiado riojano, que dio vidilla al Reus con sus constantes errores. El pateo del delantero se estrelló contra una valla publicitaria con la hinchada local tirándose de los pelos.

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Tardó en engrasar la maquinaria la renovada troupe de Herrera, que dio palique al balón a trompicones. Sin continuidad y perdiendo el hilo con frecuencia. Tuvo que ver en el encogimiento, lógico por otra parte, el nuevo personal que compareció en Reus. En la cuadrilla que reunió el técnico había mucho debutante. Xandao, Jordi Calavera -otra vez en casa-, Whalley. Incluso Pedro Díaz, que se anticipó a Nacho Méndez en la elección final y salió a patrullar desde el inicio. Luego, en el descanso, fue sustituido por un problema vírico.

El colegiado Ocón Arraiz estuvo muy desacertado en el primer acto del choque

Sin que sirva de atenuante a la caraja inicial, Ocón Arraiz no tuvo su mejor día en el comienzo. Lo mismo que el césped, con aspecto enfermizo. Los errores del colegiado fueron combustible para el equipo de López Garai, incapaz de sentarse en todo el partido en su nuevo cometido y que dejó detalles muy prometedores en su nueva faceta. El árbitro fue concesivo en acciones muy peligrosas del Reus. Y en el área local no estuvo fino. Obvió, por ejemplo, un saque de esquina favorable al Sporting que, también por una protesta excesiva de los rojiblancos, terminó en el otro área después de un pelotazo de Santamaría que salió como una jabalina. Pero Cámara se anudó los pies y perdió el balón después de probar su punta de velocidad en treinta metros y dar lustre al partido con una bonita escapada.

Emparedando esta, hubo dos acciones muy peligrosas de los rojiblancos. Una, un remate a quemarropa que falló Viguera ante Santamaría en una posición inmejorable. Y, otra, en un disparo de falta de Álex López. Pero, con eso, cada balón que salía escupido en dirección a Whalley se convertía en un silbido de bala. El Sporting manifestaba incomodidad y rigidez ante un buen rival. Puede que por eso Calavera se cortara en sus descolgamientos hacia el ataque, que no fueron tan constantes como promete.

No tardó Herrera en introducir matices al guiso inicial, falto de sabor. Con Nacho Méndez, por el griposo Pedro Díaz, buscó el técnico un espectáculo más controlado y una pelota menos dada a la promiscuidad. Las pérdidas de balón habían sido, en ese sentido, cianuro puro para los de Paco Herrera, a punto de cavar su tumbar en un par de ocasiones. Por ahí, el arranque del segundo acto fue más sosegado, sin tanta detonación. Lo que le convenía al Sporting, a quien, por otra parte, le llegaba con ofrecer unas prestaciones por debajo de su nivel para intimidar al Reus.

Se vio cuando se llevaban un puñado de minutos disputados de la reanudación y un desdoblamiento de Álex López terminó con un centro pasado. Viguera metió el balón con la cabeza en el jaleo y Nacho Méndez, estrenándose como goleador, remachó e iluminó la noche para el Sporting. Más se embelleció el panorama cuando el Reus marró su segundo penalti tras una inocente falta de Castro. Esta vez sí acertó Ocón Arraiz, pero otra vez volvieron a fallar los catalanes. En este caso, el exrojiblanco Álex Menéndez, decidido en su faceta de verdugo, vencido por Whalley, que adivinó su pensamiento y abatió todavía más a los locales.

Entrada de Moi Gómez

A los puntos mereció mejor suerte el Reus, beneficiado, esta vez, por la flacidez defensiva de los rojiblancos -ayer solo de blanco-, aunque Quintero estuviera a un nivel notable. Introdujo un nuevo enjuague Herrera con Moi Gómez. Y sacrificó a Castro, muy desnortado durante toda la noche. El Sporting se abrochó sobre el mismo sistema, pero Nacho Méndez alternó con el alicantino las caídas a la banda y Viguera se situó como punta de lanza. Álex López, por su parte, resultó apañado y la ofensiva y racionalidad siempre partieron de él.

Bajó los brazos el Reus cuando olisqueó menos balón y la eliminación copera. El Sporting tuvo el remate final, pero este se esfumó en una ocasión de Calavera, a punto de poner la mortaja a sus vecinos, y en una acción personal final de Borja Viguera con la que se escribieron las últimas líneas antes del pase de capítulo, esperado desde hace quince años.

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