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Al Sporting le pinchan el globo

Rubén García trata de abrirse camino hacia la portería de Osasuna el pasado sábado, rodeado por Torró, Lillo y Sebas Coris. / IÑAKI PORTO
Rubén García trata de abrirse camino hacia la portería de Osasuna el pasado sábado, rodeado por Torró, Lillo y Sebas Coris. / IÑAKI PORTO

Los rojiblancos suman ya cinco goles en contra en sus dos últimas visitas con solo tres disparos a puerta | Combinaron más que sus rivales en Los Pajaritos y en El Sadar, pero sin ninguna trascendencia y recuperando menos balones

JAVIER BARRIO GIJÓN.

Ya le dieron las luces largas al Sporting en Soria. Pero no hubo respuesta, pese a los reiterados toques de atención que ha ido haciendo Paco Herrera a sus futbolistas, abrigados hasta hace unos días por su confortable situación en la azotea de la clasificación. Necesitaba el equipo entonces recuperar el orden de las primeras jornadas y, sobre todo, su brillo defensivo, tan cotizado en esta categoría por encima de otras cuestiones, después de la bofetada en Los Pajaritos. Hubo un amago de remonte frente al modesto Lorca, en El Molinón, aunque quedó reducido a un espejismo resultadista. Porque, cuando el Sporting se plantó el domingo frente a otro grupo competitivo y disciplinado, tiritó como un flan. «Siempre encuentro el camino, pero me está costando», asumió el técnico desde El Sadar, campo febril por una superioridad local exagerada. «Me preocupa ser un equipo que se puede identificar», resumió desconcertado.

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Las dos últimas salidas han pinchado el globo que sostenía al Sporting en las alturas de la tabla. Y la caída, si el equipo no se endereza y algunos futbolistas se aprietan el cinturón de verdad, amenaza con ser dura. Urge ofrecer una respuesta estable e inmediata, en un inicio de octubre apretadísimo con tres partidos en siete días. Los datos de las dos últimas citas lejos de El Molinón son tan sintomáticos como peligrosos para las aspiraciones del proyecto. Ante dos rivales de enjundia, con una propuesta definida, el equipo ha recibido cinco goles en 180 minutos de fútbol. Por contra, no ha festejado ninguno en el área rival. La marchita estadística de intentos ofensivos se limita a tres disparos a portería, todos ellos el día del Numancia. Porque en Pamplona fue Aridane el que comprometió a su compañero Sergio Herrera con un intento de despeje que se rebeló. «Hay que jugar noventa minutos, no solo 45», protestó Diego Mariño, severo en su juicio del partido. «Hemos concedido demasiado», concluyó el meta.

Ha perdido cartel el equipo en estas últimas semanas, con dos derrotas -ambas a domicilio- que igualan la estadística del Sporting en los 42 partidos del último ascenso, aunque en el club confían en que a largo plazo esta cura de humildad temporal suponga un estímulo. Los últimos viajes reflejan mejor que nada la crisis de identidad que atraviesa el Sporting, ahora mismo difícil de clasificar porque no despunta en nada. Los números retratan un equipo que tiene más posesión que su rival y registra más pases, sí, pero también más pérdidas de balón y menos recuperaciones, algo que trae de cabeza al director de la orquesta. La visita a Los Pajaritos y a El Sadar, un calco.

En Pamplona gobernó la posesión el Sporting sin mucho boato, con un 56%, completando 117 pases más que su oponente. De poco le sirvió porque administró mal la pelota, con 167 balones perdidos, 34 más que Osasuna, que, por el contrario, recuperó más balones y se revolvió siempre con más sentido. Se manifestó el Sporting en Navarra como un equipo muy plano, con una posesión insulsa y hasta cómoda para el equipo 'rojillo'.

Robo y posesión

Incidir en la responsabilidad de Paco Herrera en el mal aliño del proyecto es obligado, con un equipo que demanda una identidad más acusada y un rumbo fijo, colapsado ahora mismo todo eso por la indefinición más absoluta. En todo caso, resulta prematuro juzgar su labor en solo siete jornadas, máxime con tan poco respaldo de los futbolistas, pese a que se ha hartado de enviar mensajes en público y en privado alertando a los protagonistas de una situación que se torna peligrosa si no se corta de raíz.

Entre otras cosas, adolece el equipo de falta de disciplina táctica y ausencia de carácter en las disputas, con la necesidad de ofrecer una presión más agresiva. «Cuando robamos el balón, la mayor parte de las ocasiones lo hacemos en defensa», constató el preparador barcelonés la semana pasada. Luego, con la pelota en los pies, tampoco es un equipo afinado. El balón se conserva en su campo, pero fluye con dificultad cuando se interna en las líneas enemigas. Es un globo que se deshincha.

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