El primer esbozo de Mareo

El primer esbozo de Mareo
Manolo Llanos, ayer, en el Paseo de Begoña, con el dossier de la inauguración de Mareo. / DANIEL MORA

Manolo Llanos conoció las instalaciones de Lezama durante un viaje en 1974 y realizó un informe para el Sporting

VÍCTOR M. ROBLEDO GIJÓN.

En el verano de 1974, Manolo Llanos cogió su coche y se plantó en Bilbao tras un largo viaje por las carreteras del Cantábrico. El exdirector deportivo del Comité Olímpico Español -entre otros cargos de relevancia pública- era entonces un joven recién licenciado en Educación Física con ganas de aplicar en el Sporting los novedosos métodos aprendidos durante su etapa como estudiante en Madrid. Solo una semana antes, Llanos se había incorporado a la entidad rojiblanca como preparador físico de las categorías inferiores, tras enviar una carta al presidente Ángel Viejo Feliú ofreciendo sus servicios. Su viaje a Bilbao, no obstante, lo hizo a título particular. Quería conocer de cerca los métodos y la estructura de Lezama, la primera gran referencia española en lo que a escuelas de fútbol se refiere.

«Allí estaba Manolo Delgado Meco como preparador físico y dirigiendo la escuela, que fue también preparador físico en la selección española y que había estudiado conmigo. Llegué a media mañana y estuvimos toda la mañana viendo las instalaciones, los campos y hablando de detalles», recuerda Llanos. La visita se prolongó durante toda la jornada e incluso una visita al entrenamiento del primer equipo del Athletic en San Mamés. Al día siguiente, Manolo Llanos compartió toda aquella información con Enrique Casas y con Roberto Entrialgo, el directivo del Sporting responsable de las categorías inferiores.

La idea de Manolo Llanos pasaba por replicar de alguna manera la escuela de Lezama y no solo en cuanto a instalaciones, sino también en su organigrama. «Poco antes había llegado a Gijón un entrenador yugoslavo, Branko Zebec, al que se le habían puesto los pelos de punta al ver los campos en los que entrenaba el Sporting. Por eso rechazó coger al equipo», explica Llanos.

La actividad rojiblanca se dividía entonces en cuatro campos. El primer equipo entrenaba y jugaba en El Molinón, mientras que el filial, el Deportivo Gijón, lo hacía en el campo de Los Fresno, en los terrenos donde se levanta actualmente el centro comercial. El equipo juvenil entrenaba en La Fontanía y el infantil en Los Depósitos, en Roces. Unificarlos todos permitiría ahorrar gastos y mejorar notablemente la logística del club.

«Cuando vi Lezama se me caía la baba. Después de esa visita fui hablando una serie de cosas con Roberto Entrialgo: cómo se estructuraba una escuela para un municipio, la política del club, el apoyo a los equipos de la ciudad... Era un proyecto pedagógico. El Athletic motivaba a todos los críos de Bilbao a jugar allí, pero en Gijón había mucha rivalidad ya en juveniles. Había que hacer algo así aquí», explica Manolo Llanos.

La mejora del organigrama de Mareo también fue un tema recurrente en las conversaciones entre Llana y Entrialgo. El preparador físico realizó incluso un boceto con el número de equipos y las áreas de trabajo que necesitarían para optimizar el rendimiento de la hipotética escuela de fúbol, que ni siquiera estaba entonces en proyecto. Llanos abogaba por crear una estructura sencilla, donde los clubes colaboradores tuvieran un importante peso.

Manolo Llanos, sin embargo, no llegó a ver plasmadas desde dentro aquellas ideas. Dos años después de llegar al Sporting, en 1976, dejó el club para iniciar una nueva etapa en el Grupo Covadonga como coordinador deportivo. En su salida del club rojiblanco estuvo propiciada por cierta «desilusión» . «Pasieguito, el entrenador del primer equipo, nombró a un preparador físico y le dijo al presidente que no era bueno que yo fuera a los entrenamientos. A mí me gustaba ir para tomar notas, pero en aquella época a los entrenadores no les gustaba porque algunos creían que los de INEF queríamos quitarles el puesto».

Llanos quedó satisfecho con su trabajo en el Sporting. A sus órdenes tuvo a futbolistas que no mucho tiempo después darían el salto al primer equipo, como Joaquín, David o Rivero. Sus ideas sobre la escuela de fútbol y la estructura necesaria en las categorías inferiores se quedaron en un cajón de la sede del club. El 28 de marzo de 1978, Llanos acudió a la inauguración de Mareo invitado por Manuel Vega-Arango, al que le unía una gran relación. Por esa época, Roberto Entrialgo sondeó su regreso al Sporting, pero Llanos se encontraba a gusto en el Grupo Covadonga y la conversación no pasó del simple tanteo.

La Escuela de Fútbol de Mareo quedó inaugurada con tres campos de tierra, un detalle que Manolo Llanos había previsto en su boceto inicial. Manuel Vega-Arango le confesó después que Pablo Porta, presidente de la Federación Española, se había extrañado de que el Sporting hubiera optado por esa superficie en lugar del césped. «Era algo bueno para los críos. En Asturias, en aquella época, los campos de hierba se convertían en patatales de jugar mucho en ellos en un fin de semana. Con tierra, los niños se acostumbraban también a jugar el balón por abajo», explica Manolo Llanos, que aún conserva el dossier informativo que le entregaron en la inauguración.

«Mareo era un deseo del sportinguismo, algo necesario. No se podía seguir trayendo gente de fuera, había que trabajarla aquí», concluye Manolo Llanos. Su historia, en parte, arrancó cuatro antes de su estreno, con viaje por carretera entre Gijón y Bilbao para conocer Lezama.

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