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Rubén García: «En este Sporting no hay excepciones; corremos, peleamos y sufrimos todos»

Rubén García, ayer, golpea un balón tras el entrenamiento en Mareo./ARNALDO GARCÍA
Rubén García, ayer, golpea un balón tras el entrenamiento en Mareo. / ARNALDO GARCÍA

«Ganar este sábado al Rayo Vallecano sería un golpe anímico a la Liga y un respeto añadido»

Javier Barrio
JAVIER BARRIOGijón

Da la impresión de que Rubén García (Játiva, Valencia, 1993) ha vivido varias vidas en estos últimos ocho meses. Dos fotografías, con poco en común, salen a flote en la conversación con EL COMERCIO. Aquella maniobra en defensa, que rezumaba amor propio bajo la lluvia del Tartiere, para birlarle un balón al oviedista Fabbrini, que se relamía con el tercer gol en el derbi. Y, cómo no, el gol en el Viejo Nervión. El primer homenaje a Quini tras su pérdida. Cinco tantos y seis asistencias se ha adjudicado ya este fino mediapunta, prestado por el Levante, de conversación fluida, agradable y alternativa a los cánones discursivos de la profesión. A modo de curiosidad, doce tatuajes recorren su cuerpo, entre ellos uno (en la pierna) de Ragnar, de la serie 'Vikingos'. «Pero 'Juego de Tronos' no tiene comparación», puntualiza.

-¿Cuánto le trastocó la vida debutar en Primera con el Levante con 18 años?

-Antes de aquel día habría hecho, como mucho, tres entrevistas en mi vida. Me mandaron salir y vi todas las televisiones nacionales allí plantadas para preguntarme. Me impactó mucho. ¡No recuerdo ni qué dije! Para un chico tan joven es fundamental mantener la calma y, sobre todo, tener cerca a gente que le asesore bien. Yo he tenido esa suerte con mis padres. Me han ayudado mucho.

-¿Con algún tirón de orejas?

-(Sonríe). Tuve una época, con 14 ó 15 años, en la que era un poco cabra loca con los estudios, incluso con el de salir de fiesta. Y ya ve que con esa edad no podía hacer gran cosa, pero se me fue un poco de las manos. Mis padres fueron muy importantes para ponerme en mi sitio. Yo no veía más allá de pasar del colegio y estar con mis amigos. Coincidió, además, con el año en el que estaba en el Valencia. Ellos me hicieron ver todas las oportunidades que tenía. A partir de ahí ya recalé en el Levante, que me ayudó mucho a centrarme. Pero mis padres han sido fundamentales.

-Hábleme de ellos.

-Mi madre, Rosa, ha trabajado toda la vida, pero ahora está muy pendiente de mi abuela. Mi padre, Pepe, siempre lo ha hecho en una fábrica de frutos secos de mi pueblo. Le encanta el fútbol. Ahora, imagínese, va más ancho por el pueblo... (risas). Esto un sueño cumplido para él.

-¿Y su abuela?

-Se llama Herminia. Tiene 99 años. Ella era la que me echaba para atrás a la hora de salir cedido del Levante. He vivido toda mi vida con mi abuela. Si tenía alguna duda fue por ella, por su edad. Mi primer tatuaje fue para ella (enseña el antebrazo izquierdo). Es una imagen de cuando fue fallera en mi pueblo en 1936. Creo que además fue la primera que hubo.

-¿Y le gustó que se lo hiciera?

-¡Sí! Le enseño el brazo ahora, porque a veces no se acuerda, y se reconoce. Me dice que así está conmigo. Son cosas de las abuelas. Pero le encanta. Cuando me he hecho otros tatuajes, no le han gustado tanto (risas).

-Lleva cinco goles y seis asistencias. ¿Su mejor temporada?

-Mi primer año fue especial porque me salió todo bien, pero esta es mi temporada más regular. Salvo por el día del Lugo, he participado en todos los partidos. Es el año en el que mejor me estoy encontrando.

-¿Goles o asistencias?

-Le diría que el gol da más placer. Es evidente. Pero soy de los jugadores a los que les gusta dar una asistencia y que se vea que supone casi un gol (sonríe). Vamos a dejarlo en que tendría que ser más egoísta...

-¿Qué tiene el '14'?

-Me gusta desde pequeño. Mi hermano nació el 14 de junio y yo el 14 de julio. Ha sido siempre un número especial para mi familia. Aquí pude cogerlo. Me da suerte.

-No sigue el guión establecido.

-Intento ser yo mismo. Me han dicho algunas veces que, en las ruedas de prensa, parece que estoy hablando con mis amigos (sonríe). Cada uno es como es y tiene que ser así, quitando algunas preguntas puntuales. Intento ser lo más natural posible. Todos deberíamos serlo.

-¿Qué habría sido de no dedicarse al fútbol profesional?

-Tenía una pasión muy grande: ser mecánico. Soy muy aficionado a los coches, pero sin pasarme. Soy más partidario de invertir en otras cosas y dejarme asesorar en situaciones que me puedan ayudar el día de mañana. La carrera del fútbol es muy corta. Es muy importante un buen asesoramiento. Hay futbolistas que empiezan a ganar mucho dinero con 20 años. Es difícil pensar con la cabeza y no dejarse llevar por los impulsos de comprarse coches y otras cosas.

-¿Arregla alguna avería?

-Me gusta y pregunto cuando voy al taller, pero no tengo ni el mínimo de conocimiento. Eso sí, la rueda sé cambiarla (sonríe).

-'Don't stop me now' puede ser una buena canción para este momento del Sporting, ¿no?

-(Risas). Me gusta mucho 'Queen'. Antes de los partidos a veces escucho 'The show must go on', que me motiva mucho. Y sí, como dice la canción, que no nos paren. Estamos en el mejor momento de forma de la temporada por la regularidad que estamos teniendo defensiva y ofensivamente. Vienen huesos duros de roer, pero tenemos que seguir. Esta es una semana muy importante y el primer paso lo hemos dado bien, aunque ahora viene el equipo más en forma.

-¿De dónde le viene su pasión por los animales?

-Antes de que yo naciera, mi abuela tenía gallinas, gatos, perros. Lo llevamos en los genes. Mi madre es así también. No puedo ver un perro solo porque ya pienso que está abandonado. Es algo que llevo dentro. Mariño me llama a veces 'malas pulgas (risas).

-¿Cuántos perros tiene?

-Dos en Gijón. Mi madre tiene siete u ocho. La verdad es que me gustaría el día de mañana tener una protectora de animales en mi pueblo.

-¿Cómo afronta esta cesión?

-La clave está en uno mismo y yo soy como soy. No sabía cómo iba a adaptarme, pero tanto mi predisposición como todas las facilidades que he encontrado provocan que esta no sea una cesión sin más.

-¿Y el año que viene?

-Eso no depende de mí. Vengo del club de mi vida, del Levante. Soy como los guajes de Mareo, pero de Buñol. Suena muy típico, pero tengo que centrarme en los partidos que vienen. El objetivo que tengo en mi cabeza es subir a Primera con el Sporting. Estoy muy contento aquí. El trato es genial, muy parecido al del Levante. Gente humilde, amable, una familia. Se me ha hecho todo muy fácil.

-¿Qué imagen le quedó de su llegada al vestuario tras la derrota en el Tartiere?

-Buff. Un momento difícil. Los dos, tanto el de El Molinón como este otro, fueron de los partidos con más tensión que he vivido en mi carrera. El equipo lo dio todo. Fue un día extraño, de mucha lluvia. Después de ese partido parecía que no íbamos a estar ni en promoción. Pies en el suelo.

-Rumiaron en silencio dentro de aquel vestuario aplausos, música, celebraciones, declaraciones rivales. Eso duele, ¿no?

-Nuestra mente no lo controla, pero muchas veces es un poco así. Te tocan la fibra y dices: «por mis cojones vamos a ir para arriba y demostrar que podemos estar ahí». Pero el trasfondo de todo es el trabajo diario. Hemos mejorado muchísimo a nivel táctico y de presión desde que llegó el míster, que ha provocado la unión del grupo. Somos muy compactos. Cada vez se nota más. Estamos dando pasos agigantados en esa faceta. Pero sí, igual ese momento nos dio ese puntito y nos tocó la cabeza.

-¿Este equipo es candidato al ascenso directo?

-Parezco conservador, pero quiero pensar que es un candidato a la promoción de ascenso. Nos vemos muy cerca del directo, de ser campeones incluso, pero hay que tener en la cabeza, por ejemplo, que el Huesca nos llevaba 16 puntos y ahora está a cinco. Intento no mirar ni la clasificación.

-¿Hace cuánto no la mira?

-Ayer -por el miércoles- la miré (risas). Intento no hacerlo, pero mi mente me traiciona.

-Será para siempre el autor del primer gol tras el fallecimiento de Quini.

-Sabía quién era Quini, pero desconocía aspectos importantes de su historia, como lo del secuestro o la desgracia de su hermano. Me impactaba mucho su forma de ser. Es difícil ser tan normal. Como dicen aquí, un paisano. Ojalá nunca se hubiera dado el sentido de ese gol. Pero para mí fue un orgullo. Algo que recordaré siempre.

-¿Alguna anécdota con él?

-Él era muy reacio a los batidos que tomamos para recuperar. Nos decía: «¡Dejar de tomar los 'biberones' esos, coño! Nosotros comíamos unes fabes y un cachopo e íbamos como aviones».

-¿Qué le permite tener a Jony en el rabillo de su ojo izquierdo?

-Muchas veces le digo: «cuando me veas perfilado, arranca». Tener un jugador tan veloz en el equipo tiene muchas ventajas. Hay veces que parece que se me ha ido largo el balón, pero hasta el final espero por si llega. Ha venido con mucha ilusión y está siendo clave.

-¿Y si ganan mañana?

-Será un golpe anímico a la Liga. Creo que ahora mismo el Rayo es el equipo más en forma. Sería nuestra octava victoria consecutiva en casa, frente al que va primero y viniendo de ganar al Huesca. Sería ganarnos un respeto añadido. Pero detrás de todo está el trabajo. Aquí no hay excepciones; corremos, peleamos y sufrimos todos.

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