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El Sporting tropieza con el balón

Santos, en plena carrera el sábado, durante un ataque del Sporting, perseguido por Borja Fernández y otro futbolista del Reus. / XAVI JURIO
Santos, en plena carrera el sábado, durante un ataque del Sporting, perseguido por Borja Fernández y otro futbolista del Reus. / XAVI JURIO

El equipo ha perdido siempre que ha tenido más posesión que su rival lejos de casa | De las siete visitas que llevan los rojiblancos, tan solo en Soria, Pamplona y Reus superaron el 50% del control de la pelota

JAVIER BARRIO GIJÓN.

Directo a la raíz del problema. «Me voy preocupado porque este tipo de partidos no nos van nada: la pelea, el contacto, la lucha y la disputa nos cuestan», martilleó Paco Herrera desde Reus. El mal que detectaba este sábado, y sobre el que ya llamó su atención en alguna ocasión anterior, parece algo endémico. Este Sporting queda varado siempre en el mismo arenal, cuando actúa como visitante y guerrea contra un contendiente de características muy definidas: peleón, corajudo, solvente a lo largo y ancho de los partidos, sólido en defensa, con manejo de las acciones de estrategia y que se preste al roce y la disputa. Ante eso, la rojiblanca se encoge y se agobia, dando como resultado un fútbol más chato.

«Aquí o vienes con el mono de trabajo, o se te van los partidos», concluyó serio el entrenador catalán sobre la idiosincrasia del estadio que cobija al equipo de López Garai, vencedor con un solitario gol de falta directa de Gus Ledes y una mejor adaptación al lluvioso paisaje que ofreció Reus al paso del Sporting, un manojo de nervios en defensa y con la dentadura mellada en el área contraria. La mayor expresión de lo segundo fueron las dos ocasiones que disparó con Michael Santos, sin munición real.

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Incólume en El Molinón, con catorce puntos sobre dieciocho posibles, sin hincar la rodilla en seis partidos, el Sporting deja más que desear cuando se sube al autocar. Con el viaje a Reus, ya han desafinado los rojiblancos en tres visitas en este trayecto de la primera vuelta. No es casual y en parte tiene mucho que ver con las cuestiones que describía Herrera el sábado, de un grupo doblegable desde lo físico. «Son parte de nuestras características y tenemos que seguir aprendiendo. Hay cosas que nos plantean dificultades y lo tengo clarísimo, pero debemos seguir trabajando para que cada vez nos pasen menos», abundaba el técnico barcelonés.

Soria, Pamplona y Reus presentan los peajes más caros de este viaje por Segunda, con las tres únicas derrotas que afean los números del equipo, adheridas a una imagen muy vulgar del proyecto. Porque, aunque el sábado el equipo no desafinara tanto como en los otros dos encuentros citados junto al estacionamiento en Reus, tampoco la entidad del rival y el potencial eran los mismos. En estas tres nefastas experiencias, en cualquier caso, se dio un extraño denominador común que no se replicó en otros desplazamientos: el Sporting tuvo más posesión que su oponente, aunque muy mal administrada a tenor de los resultados, y perdió, sin enfocar la portería rival.

Este no es un dato menor, más allá de que sea el nexo común de las tres únicas ocasiones en las que la cuadrilla de Herrera se ha quedado a cero, y que en el resto de sus desplazamientos el Sporting estuviera siempre de manera paradójica por debajo del 50% del gobierno de la pelota, suficiente para puntuar: en Alcorcón solo tuvo el 45,9%, mientras que en Tarragona le bastó con el 45,3% para golear. En León, varias jornadas después, la estadística cayó hasta el 42% y en Vallecas registró la mínima de la temporada, con un 40,5%.

Cómodo con el contragolpe

Los números de estas trece primeras jornadas retratan un equipo más cómodo en la interpretación del contragolpe, que se activa con el robo de balón, que un grupo dominador de encuentros, como se pretendía inicialmente, aunque los elementos elegidos parecen manifestar otra tendencia para dar su mejor rendimiento. Prueba de ello es que, en una estadística extendida a todos los partidos, incluidos los de El Molinón, tan solo superó el equipo de Herrera con la pelota al Sevilla Atlético, con el 55,8%, y al Lugo, con el 51,1%, además de esas tres derrotas.

En Reus, al Sporting le costó aguantar el balón en zonas avanzadas del campo. Lo manoseó mucho, pero sin profundidad y, a la hora de la verdad, con nervio, contabilizando 74 pérdidas de balón. Luego, entró en juego el cuerpo a cuerpo al que se refería Herrera. «Sabía que todas las acciones divididas iban a ser muy disputadas, pero tengo claro que siempre salimos perdedores de ese apartado», observó el técnico, que puso como ejemplo la acción que desembocó en el gol de falta del Reus: «Hacemos faltas ridículas».

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