«Hay que transmitir la alegría que él tenía»

Falo Castro, hermano de Quini, recuerda ayer a 'El Brujo' en la Escuela de Fútbol de Mareo, donde mantuvo una charla con el vicepresidente de la entidad, Javier Martínez. / A. G.
Falo Castro, hermano de Quini, recuerda ayer a 'El Brujo' en la Escuela de Fútbol de Mareo, donde mantuvo una charla con el vicepresidente de la entidad, Javier Martínez. / A. G.

Falo Castro, hermano de Quini, acude a Mareo para mostrar su gratitud por el apoyo recibido | «Ya no solo era el cariño que desprendía. También lo vamos a echar de menos hasta por las bromas que no gastaba»

ANDRÉS MAESE GIJÓN.

Lo que comenzó con lágrimas en los ojos terminó en carcajadas. Son las que producen las anécdotas que ha dejado para siempre Enrique Castro Quini. Ayer, su hermano 'Falo' fue el encargado de recordar algunas de sus últimas travesuras.

El día amaneció con el cielo despejado. Eran las diez de la mañana cuando el hermano de 'El Brujo' agradeció, en nombre de la familia Castro, el cariño recibido en los últimos días: «Gracias de todo corazón, no os podéis imaginar lo arropados que nos sentimos».

Falo es un hombre que en el mundo del fútbol se ha mantenido en un segundo plano. «Con Jesús y Enrique como hermanos no me quedaba otra», comentó con una pequeña sonrisa, mientras recordaba la figura del mejor goleador en la historia del Sporting.

Su labor en el club es la de tener controlado todo lo que suceda en El Molinón y el viernes regresó al estadio pese a las dudas que le generó volver a pisar 'El Templo' después de haber pasado las horas más intensas y emotivas de su vida en el terreno de juego.

«Vine a Mareo para dar las gracias al consejo de administración por todo lo que están haciendo por nosotros», explicó, después de haber mantenido una conversación con el vicepresidente de la entidad, Javier Martínez. «Gracias de corazón, nos estamos encontrando con mucho cariño, sinceramente nos está ayudando a pasar el mal trago», repitió un emocionado Falo, al que le costaba contener la emoción.

El hermano de 'El Brujo' acudió en representación de la familia Castro y afirmó que «se nos ha tratado con mucho respeto tanto por las entidades como por todos los aficionados del fútbol». Un ejemplo de ello es que recibió un mensaje de unos seguidores de Las Palmas que realizaron una visita a El Molinón el pasado verano. Los seguidores canarios terminaron fotografiándose con él cuando supieron que era familiar de una leyenda del fútbol. «Aquel día les di mi teléfono y el viernes me escribieron. Esos son los detalles con los que me quedo», aseguró durante la media hora en la que estuvo conversando con los representantes de los medios.

«Algún día contaré las bromas que gastaba para que la gente sepa verdaderamente cómo era 'La Brujina'», subrayó. Y es que en la casa de los Castro, Enrique no era 'El Brujo', sino que le llamaban 'La Brujina', un mote que nació a raíz de que el goleador acertaba los resultados de su Sporting.

Una sonrisa eterna

Las trastadas de Quini dejaron atrás el llanto para que las carcajadas inundaran, por un instante, la Escuela de Fútbol de Mareo. Lo que comenzó con una pequeña anécdota terminó con un corrillo que se formó en torno a Falo. Entre el público, que escuchaba atento sus historias, se encontraba el padre de Carlos Castro.

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«Ahora es difícil recordarlo con una sonrisa, pero hay que tener claro que tenemos que seguir transmitiendo la alegría que él tenía», explicó, entre travesura y travesura de 'El Brujo'. Falo recordó la última broma que le gastó su hermano hace unos días, en la previa del partido ante Osasuna: «Se hizo pasar por el director de partido de la Liga. Me llamó tres veces con un número oculto y tuve que recorrer el estadio entero en su búsqueda hasta que me di cuenta de que era él. Estaba escondido en una sala de El Molinón a carcajada limpia».

El paso de los días hará que la familia Castro vuelva poco a poco a la normalidad, aunque tal y como aseguró Falo «además de por el cariño y la alegría que transmitía, va a ser imposible no echarlo de menos por las bromas que gastaba. Siempre tenía una sonrisa en la cara».

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