El veloz extremo, contra su histórico legado

Con 26 años y un físico más afilado, se enfrenta a su pasado en Gijón, con 85 partidos, 15 goles y un sinfín de asistencias

J. BARRIO GIJÓN.

567 días, un descenso, cuatro entrenadores y 26 fichajes han pasado por Gijón desde que el Málaga oficializase la salida de Jony en junio de 2016, aunque ya había sido adelantada por EL COMERCIO en el mes de febrero de aquel mismo año. La noticia, no por conocida, resultó menos traumática cuando se confirmó. No en vano, el '23' se había ganado a pulso la etiqueta de jugador más decisivo de aquel proyecto de los 'guajes' y posiblemente de los últimos años, con permiso de Diego Castro.

Con los números en la mano, nadie podrá discutir nunca su brutal influencia en el histórico ascenso de la temporada 2014-2015 y en la posterior permanencia. La huella que dejó con su estampida hacia La Rosaleda fue enorme, con 85 partidos disputados, 15 goles y un sinfín de acelerones y asistencias desde la banda izquierda. En su último año, concretamente, repartió 7 tantos entre sus compañeros del vestuario de Mareo. En todo eso tuvieron mucho que ver Iñaki Tejada, Gerardo Ruiz y, sobre todo, Abelardo, su gran mentor y el entrenador que creyó en él cuando su carrera agonizaba en Segunda B. De la mano de 'El Pitu', que solicitó su fichaje para el filial, irrumpió en el primer equipo. Fue tras el despido de Sandoval, que no creía en el cangués, en un Sporting-Hércules. Solo necesitó 38 minutos para firmar un golazo con el que aseguró a grito pelado que llegaba para quedarse.

Ahora, con 26 años y un físico más afilado que cuando estaba en Gijón, el extremo cangués encara una apuesta arriesgada atendiendo al legado que dejó en el retrovisor y al reto de altura que tiene ante sus ojos el Sporting, con remontada incluida y el derbi a la vuelta de la esquina, que también le toca de lleno a Jony. El futbolista, que apenas ha jugado en Málaga, llega con el aval de Miguel Torrecilla, que vio en él la mejor alternativa para el refuerzo de la banda y tuvo que sortear una negociación muy delicada, buscando un equilibrio para dejar un pequeño margen de maniobra para intentar otra operación. También deja en paz al consejo y al presidente Javier Fernández, quien, desde la tormentosa salida de Jony, había tratado de reconstruir la relación con el futbolista, con el que mantuvo distintos encuentros en Marbella durante este último año y medio.

Su salida se produjo con un monumental cabreo del cangués, que siempre lamentó que el Sporting no hiciera un esfuerzo para retenerle. Lo hizo, sobre todo cuando Javier Fernández y Ramón de Santiago se habían puesto al frente de las gestiones, pero después de que el jugador hubiese llegado ya a un acuerdo con el Málaga, desencantado por el sentido de las primeras conversaciones que tuvo con Nico Rodríguez.

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