La venganza del ídolo caído

El exrojiblanco Barral pide perdón a la afición de El Molinón tras su gol. /  ARNALDO GARCÍA
El exrojiblanco Barral pide perdón a la afición de El Molinón tras su gol. / ARNALDO GARCÍA

David Barral acaparó parte de la atención en un partido que abrió aún más la brecha entre el Sporting y la grada

VÍCTOR M. ROBLEDO GIJÓN.

La incógnita sobre el sustituto de Sergio Álvarez centró buena parte de las conversaciones en los aledaños de El Molinón antes del partido, pero no fue ni mucho menos el único debate. Entre debates sobre esquemas y variantes tácticas, el nombre de David Barral también recuperó su protagonismo de antaño. El regreso del gaditano fue uno de los alicientes de un partido que abrió aún más la brecha entre la grada y el equipo rojiblanco.

David Barral fue recibido con división de opiniones cundo saltó al césped en el minuto 83. Algunos aficionados aplaudieron en recuerdo de sus seis temporadas en el Sporting, mientras que otros expresaron su malestar por algunas de las polémicas protagonizadas por el delantero tras su salida de Mareo, como sus incendios en las redes sociales durante su etapa en Turquía o su 'piscinazo' de hace dos años en un Granada-Sporting. Barral había prometido en la víspera no celebrar un hipotético gol ante su exequipo y cumplió su palabra.

También acaparó la atención del público al inicio del partido la presencia como árbitro asistente de una mujer: Guadalupe Porras Ayudo. La colegiada manchega ocupó la banda contraria a los banquillos y cuajó una buena actuación. Uno de los sportinguistas que sufrió desde la grada fue Pablo Carreño. El tenista gijonés acudió a apoyar a su equipo tras concluir su participación en el Torneo de Maestros de Londres.

El partido en sí ofrecía el aliciente de calibrar la temperatura entre El Molinón y el equipo de Herrera. En términos ciclistas, uno y otro llevan desde el principio de la temporada haciendo la goma: cuando parece que la Mareona va camino de engancharse a su equipo, un partido frustrante como el del pasado fin de semana ante el Valladolid posponen la comunión. Ante los gaditanos, el Sporting ofreció su peor versión del curso.

Al descanso asomaron algunos pañuelos blancos para los de Herrera. Muchos de los 19.794 espectadores que ayer acudieron a El Molinón comenzaron a abandonar sus asientos en el minuto 60, tras el segundo gol del Cádiz. Al acabar el partido, la grada estaba casi desierta. La imagen de los jugadores del Sporting observando la piña de los cadistas sobre Barral mientras recibían una sonora pitada al acabar el partido resumió la noche.

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