«No éramos conscientes de que hacíamos historia»

En la fila superior, Andrés, Redondo, Joaquín, Jiménez, Ferrero, Rezza, Abel, Miera y Doria. Abajo, González, David, Claudio, Javi, Cundi y Pedro./FOTOS DE DANIEL MORA
En la fila superior, Andrés, Redondo, Joaquín, Jiménez, Ferrero, Rezza, Abel, Miera y Doria. Abajo, González, David, Claudio, Javi, Cundi y Pedro. / FOTOS DE DANIEL MORA

El sportinguismo homenajeó a la plantilla del curso 78-79 en el 40 aniversario de su debut europeo | Más de quinientos aficionados acudieron al Palacio de Congresos para presenciar el reencuentro de una generación histórica

VÍCTOR M. ROBLEDOGIJÓN.

Durante un instante fugaz, el sportinguismo viajó en el tiempo hasta el 13 de septiembre de 1978 con la mirada en blanco y negro. La sintonía de Estudio Estadio y el repaso a la portada de EL COMERCIO marcaron el arranque del acto conmemorativo por el cuarenta aniversario del debut rojiblanco en Europa en un histórico partido ante el Torino celebrado en El Molinón. Más de quinientos aficionados acudieron al Palacio de Congresos del Recinto Ferial Luis Adaro para compartir una hora con los jugadores que participaron en aquella hazaña. El técnico Vicente Miera se llevó la primera ovación antes de que los jugadores de aquella plantilla asomaran por el escenario mientras se anunciaba la alineación de aquella época.

El periodista Rodrigo Fáez fue el encargado de conducir un acto entrañable y emotivo, en el que Vicente Miera y catorce exfutbolistas fueron narrando con sus testimonios un partido que marcó enormemente sus trayectorias. Arrancó Joaquín Alonso, que desveló que los ánimos en los días previos al partido de Vicente Miera y su segundo entrenador, José Manuel Díaz Novoa, «inculcaron ilusión por participar en la competición». «Era impensable cuando subimos el año anterior llegar a una meta así», añadió Joaquín.

Recogió su testigo Víctor Hugo Doria, con una voz temblorosa que delataba su emoción por regresar a Gijón: «Tuve la suerte de vivir diez años en esta ciudad». «Fue un orgullo formar parte de este equipo. No éramos conscientes de que hacíamos historia», afirmó el central.

Las palabras de Doria se repitieron en la boca de prácticamente todos los jugadores, que coincidieron además al señalar el secreto de aquel grupo. «La clave del éxito es que éramos una familia más que un equipo», apuntó Claudio, que recordó además a los compañeros ausentes por el paso del tiempo. Su homenaje despertó una de las ovaciones más emocionantes de la tarde. Para entonces, alguien había colocado al pie del escenario una camiseta de Quini con el número 9.

En la retina de todos los jugadores permanece la imagen del aspecto que presentaba El Molinón en el partido ante el Torino. Enzo Ferrero fue más allá: recordó su gol ante el equipo italiano con tanta precisión con sus históricos centros al área en busca del 'Brujo': «Aquel día fui a sacar el córner, Ricardo Rezza amagó ir al primer palo, los defensas no lo siguieron y el balón pasó entre el portero y el segundo palo. Fue precioso. El estadio saltó de alegría». Su relato culminó con una explosión de aplausos seguramente similar a la que recibió entonces.

Aunque al principio ocupó la silla que le reservaron en la parte central del escenario, Vicente Miera aprovechó la reproducción de un vídeo con los goles del partido para mezclarse en uno de los bancos laterales con sus exjugadores y mantenerse en un segundo plano. El técnico, en cualquier caso, fue el centro de los elogios por parte de la plantilla.

Más Sporting

David le agradeció públicamente haber apostado por un canterano como él, «que es precisamente lo que hoy en día no se hace con la gente de la casa». Entre los mensajes de admiración también hubo alguna queja velada al gusto del técnico por las concentraciones y las dobles sesiones de entrenamiento. «Eso no se hacía mucho en España y me costó algún problemilla que arreglamos en familia», admitió con una sonrisa el entrenador cántabro. Por el gesto de admiraciones con el que lo observaban sus jugadores, parece que acabaron entendiéndolo.

También se habló de la diferencia entre la afición de entonces y la actual -«era impensable que la gente llevara una camiseta al campo», afirmó Jiménez-. Y de multas. Como la que recibió Ferrero por llegar tarde a un entrenamiento. Apuró tanto que tuvo un leve accidente de tráfico cerca de Mareo. «¡Aceleró al máximo porque no quería pagar!», bromeó Joaquín. Andrés aseguró que después de entrenar iban todos juntos «a tomar una Coca Cola», pero las risas del resto del grupo le hicieron dudar de su propia afirmación. «También podía ser una cerveza», concretó.

Rezza destacó que la mentalidad de aquel Sporting era «no relajarse» y recordó que en la plantilla «todos fuimos internacionales juveniles o absolutos». Abel aseguró que al acabar el partido ante el Torino en El Molinón «estábamos pensando ya en el de vuelta». Pedro admitió que «no esperaban» ganar 3-0. Cundi no ocultó que en Italia «lo pasamos mal» para mantener el resultado de la ida. Redondo lamentó «no tener treinta años menos» y se mostró «orgulloso de haber pertenecido a ese equipo». González no negó que en su momento no pensó que «cuarenta años después podríamos estar aquí hablando de aquello». «Yo estaba orgulloso y lo vivía con entusiasmo», añadió Javi. El acto acabó con un minuto de aplausos en memoria de los ausentes. En ese punto, los de muchos se fijaron en la camiseta de Quini que decoraba el escenario. Nadie como él habría disfrutado del reencuentro de una generación tan querida como inolvidable.

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