Un bautismo mágico

Ciriaco, Castro, Joaquín, Redondo, Cundi, Rezza, Morán, Uría, David, Quini y Ferrero formaron el once del partido de ida de aquella mítica eliminatoria ante el Torino. /  E. C.
Ciriaco, Castro, Joaquín, Redondo, Cundi, Rezza, Morán, Uría, David, Quini y Ferrero formaron el once del partido de ida de aquella mítica eliminatoria ante el Torino. / E. C.

La victoria del Sporting sobre el Torino en su debut en la Copa de la UEFA es uno de los hechos históricos de la entidad

La clasificación del Sporting para jugar la Copa de la UEFA, la actualmente denominada Liga Europa, fue todo un acontecimiento. En solo dos años, el club gijonés había sufrido una importante transformación, principalmente por los métodos aplicados por Vicente Miera.

La presencia del Torino, uno de los clubes históricos de Italia, fue el obstáculo del debut. El Molinón se llenó para ver aquel conjunto rojiblanco que sembraba ilusión con su juego espectacular. El partido ante el Torino fue el reflejo de lo que era aquel Sporting en una temporada en la que los rojiblancos acabarían segundos, disputando el título al Real Madrid.

Miera planteó el partido con el objetivo de ganar, de sorprender, al Torino. El técnico cántabro dispuso un 1-3-4-3, con Rezza como único central, flanqueado por Redondo y Cundi, respaldados por un gran Castro. Ciriaco y Uría asumían las bandas, con Joaquín y David en el centro. En la vanguardia, Morán, Quini y Ferrero se encargaban de crearle complicaciones a la zona turinesa.

El gol de córner directo de Ferrero desató la euforia en El Molinón y encauzó un triunfo espectacular

La avalancha gijonesa empezó con el partido. Uno de los primeros avances fue por la zona izquierda, con Ferrero y Quini haciendo diabluras. La falta al extremo argentino la lanzó el ariete en una acción que acabó en córner. El saque, directo, desde la esquina izquierda de Fondo Sur, con un efecto parabólico, sobrevoló a Terraneo, despistado por el amago de remate de Rezza. El Molinón estalló con una alegría desbordante al ver el balón en el fondo de la portería italiana. El ambiente era inimaginable. El previsible 'catenaccio' de Radice quedaba aniquilado.

El gol de Ferrero dio alas a los gijoneses y sembró dudas en los turineses. Llegarían dos goles más. Uno en el primer tiempo, en el minuto quince, y otro, en el segundo, en el 65. El primero, en una jugada excepcional de Ferrero. El otro, en una acción potente de Rezza. Las dos intervenciones fueron finalizadas por un Morán inmenso.

El conjunto italiano buscó la marrullería como arma para frenar a los rojiblancos, pero ni así. Pecci, por quien pasaban todos los balones del Torino para ordenar el juego ofensivo, estaba ofuscado por el control del centro del campo, donde se movía un colosal Ciriaco y un destacado David, quienes completaban el dominio de Joaquín y Uría. Redondo y Cundi se imponían en los laterales, con un Rezza espectacular, que sería la figura del partido en la crónica de EL COMERCIO. El trío de atacantes completó una noche mágica. El histórico equipo transalpino había quedado borrado del mapa.

El Torino era uno de los conjuntos más potentes de Italia, con los internacionales Mozzini, Patrizio Sala, Graziani y Pulici, con Radice de entrenador, que había destacado en la Fiorentina y el Cagliari, otras dos escuadras sobresalientes en la época. El Sporting era un equipo sólido, con pocos cambios en las plantillas. Miera impuso un estilo disciplinado y ambicioso, con un grupo que ganaba en calidad día a día. Así se había conseguido el ascenso de 1977 y la primera clasificación para la Copa de la UEFA, con una línea ascendente que se mantuvo más tiempo.

El entonces seleccionador Kubala presenció el partido. Las notas que tomó debieron ser excepcionales porque, al día siguiente, facilitó una lista de preseleccionados en la que figuraban siete jugadores del Sporting: Maceda, Cundi, David, Joaquín, Uría, Morán y Quini. Solo el central valenciano no estuvo a disposición del técnico para este partido por sus deberes militares.

El bautismo del Sporting en una competición continental cumple 40 años. Es un recuerdo extraordinario que puede celebrar un club con historia.

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