Borja Viguera: «No he tenido miedo a jugar en El Molinón»

Borja Viguera: «No he tenido miedo a jugar en El Molinón»
Borja Viguera, en el salón de concentraciones de las instalaciones de Mareo. / ARNALDO GARCÍA

«No es plato de buen gusto que la gente te silbe, pero sabía a que club venía, en el que hay una afición exigente»

JAVIER BARRIO GIJÓN.

La voz de Borja Viguera (Logroño, 1987) resuena al otro lado del teléfono, confesándose absorto por el Mundial de Rusia, que reparte con su hija. «Solo veo dibujos y fútbol», bromea. Luego asoma un matiz de tristeza. Surge de cuando en cuando, en alguna valoración que hace de su etapa en el Sporting durante la conversación que mantiene con EL COMERCIO. «He estado muy a gusto en Gijón y me queda la pena de no haber podido estar más años y rindiendo a buen nivel», concluye elegante el delantero desde su retiro estival en las Islas Baleares, donde espera noticias sobre su futuro. El sábado termina su contrato con el Sporting. Toca un cambio de aires.

-¿Su futuro está en España o fuera?

-Mi primera intención es seguir en España. Quiero recuperar las sensaciones de años atrás y estoy en el mejor lugar para hacerlo. Con continuidad y confianza puedo volver a meter goles y a jugar a buen nivel. Tampoco me cierro en banda a vivir una experiencia en el extranjero, pero eso igual se queda para más adelante.

-Aún tiene 31 años.

-Y me encuentro muy bien. No he tenido ningún problema y me siento con fuerzas e ilusión para vivir otra etapa. Quiero recuperar esas sensaciones que tuve en el Alavés, en el primer año con el Athletic, e intentar borrar lo último.

-¿Este último año ha sido especialmente duro para usted?

-Ha sido duro, sobre todo por los últimos meses. Cuando uno trabaja siempre con una sonrisa, sin maldad, siendo reconocido por sus compañeros y por la gente que le ve entrenarse, llegar al viernes y no estar en la convocatoria es jodido. Entra dentro de la profesión, sí, pero es complicado. Luego me iba a casa, le daba vueltas para ver qué estaba haciendo mal. Lo he intentado llevar de la mejor forma, apoyándome sobre todo en mi familia, en mi mujer y mi hija, que entraba por la puerta y me esperaba con un abrazo. Con esto se me pasaban todas las penas. Y con mis compañeros. Hicimos muy buen grupo en estos dos años. Me llevo muchos amigos, no solo en la plantilla, sino trabajadores, médicos, utilleros... Más allá del futbolista está la persona. En lo deportivo no fue bien, pero he disfrutado mucho de Gijón y de Asturias. Con decirle que casi me conozco más la geografía de Asturias que la de La Rioja o el País Vasco... Volviendo a lo otro, me voy con pena de no haber podido estar a mi nivel.

-¿Se lo achaca a usted, a la falta de confianza o a la presión externa?

-Hay una mezcla de todo. Cuando jugaba no lo hacía al nivel que quería. Es evidente. Todo fue mal desde el inicio. Llegué un 30 de agosto, con el equipo hecho y la pretemporada terminada. Era difícil entrar. Cuando lo hice, las cosas se torcieron. Este año me he sentido un poco, igual no es criticado la palabra, pero sí expuesto. Los del año pasado fuimos los damnificados. Esta temporada teníamos que hacer un partido de 11 para que fuera un 6 ó un 6,5. Eso merma.

-¿Y la presión de El Molinón?

-No es verdad que yo no quería jugar en El Molinón. Tuve una o dos reuniones con Paco (Herrera) en las que me preguntó si me afectaba jugar en casa. Había hablado con otros a los que sí les podía afectar. No es plato de buen gusto que tu gente al mínimo fallo murmure o te silbe, pero sabía a qué club venía, en el que hay una afición exigente y en el que al final juegan los mejores. Pero en ningún momento he sentido miedo a jugar en El Molinón. Todo lo contrario.

-¿De qué partido guarda un buen recuerdo?

-Del partido frente al Almería, por ejemplo. Paco (Herrera) me puso de titular. Ganamos 2-0 y creo que hice un partido correcto. Me sustituyó en la segunda parte y la gente reconoció mi trabajo. Lo que no entiendo, y no hablo solo de mí, porque ha pasado mucho con Carlos Castro o Pablo Pérez, es que algunos salíamos del banquillo y la gente ya estaba pitando. Es algo que no me entra en la cabeza.

-Frente a eso ha sido una persona muy apreciada dentro del Sporting.

-Soy un tío que siempre tiene una sonrisa en la cara, que quiere crear buen ambiente. He hecho muchos amigos en el Sporting a todos los niveles y he intentado ser el Borja Viguera de siempre: sin ser hipócrita, sin engañar a nadie y siendo yo mismo. Eso en el día a día. Luego ya peleaba por disfrutar en el campo los domingos y hacer disfrutar a la gente. Pero no pude. No fue bien la cosa. Me quedó esa espinita de qué nivel habría podido dar con confianza.

-Ha sido el único jugador de la plantilla que no se ha perdido ningún entrenamiento este año.

-Correcto. He tenido molestias como todo el mundo, aunque también es verdad que cuando uno juega igual queda más tocado porque los niveles de esfuerzo en competición son mayores. Me gusta mucho entrenar, enfadarme con la gente, picarme y luego que se me pase.

-No sé si le echarán tanto de menos sus compañeros de 'pocha'.

-Lleva razón. Mariño y compañía no creo. Les quitaba toda la pasta (risas).

-¿Algún recuerdo?

-El derbi fue increíble. Había vivido el Athletic-Real, pero esto fue otra cosa. Había más rivalidad. También se cogió con ganas porque hacía años que no se vivía. Quizá con eso, con haber conocido gente que me llevo para toda la vida. Gijón fue la primera ciudad en la que mi hija, que tiene dos añitos, era más consciente e hizo sus amigos. Es una ciudad genial.

-¿Y qué se lleva?

-El cariño de mucha gente. Y que si llegamos a subir mucha culpa habría sido de Lora, Álex López, Whalley, mía... Jugadores que no participamos casi, pero que entrenamos como cabrones para tener una oportunidad y para que no se perdiera competitividad. Sabíamos que si entrenábamos a medio gas iba a ser malo para nosotros y el equipo. Lo hemos dado todo.

-¿Qué pasó en el 'play off'?

-Creo que hicimos un esfuerzo sobrehumano para intentar llegar arriba. Nos vimos como el candidato número uno a subir y era algo irreal. Había que mantener una racha que no se consiguió nunca. Estar 17 ó 18 partidos sin perder. También hablaba con muchos compañeros de que para el entorno era todo o nada. Si no subíamos directos, la mayor ruina. Eso hizo mella. Recuerdo la visita del Barcelona B. Había un plan, que el míster preparó muy bien. No teníamos que ir a presionar al portero. Con el 0-1, la gente empezó a ponerse nerviosa y se fue arriba a apretarle. El equipo se estiró y empezaron a crearnos superioridades, a enganchar con Rivera, Galarreta y Aleñá. Esa ansiedad no nos vino bien. También creo que, quitando a lo mejor a Sergio, nos ha faltado algo de carácter. El año pasado, también, aunque estaba Pichu, que imponía. Más allá de eso, el Valladolid fue muy superior en el 'play off'.

-¿Le queda tristeza por no haber podido ofrecer su mejor versión?

-Es lo que peor llevo. Para mucha gente seré un 'tuercebotas' y no es así para alguien que ha seguido mi carrera. El primer año en Gijón solo jugué dos partidos seguidos. Mucha gente estaba deseando que me fuera para hacer una fiesta. Me alegro por ellos, pero a mí me da pena que no se haya visto al Borja con continuidad, con confianza, que ha jugado en Primera y que ha sido 'Pichichi' de Segunda.

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