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Sporting | «Aquel córner iba a donde estaban Doria y Rezza y terminó en la portería»

Ferrero, cuarenta años después, saca un córner desde la misma esquina en la que logró aquel gol el 13 de septiembre de 1978./ARNALDO GARCÍA
Ferrero, cuarenta años después, saca un córner desde la misma esquina en la que logró aquel gol el 13 de septiembre de 1978. / ARNALDO GARCÍA

Enzo Ferrero Águila, autor del primer gol de la historia del Sporting en la Copa de la UEFA: «El Torino era el cabeza de serie y nosotros los tontos de pueblo, por los que nadie daba un duro, y les sorprendimos»

JAVIER BARRIOGIJÓN.

Minuto 4. Enzo Ferrero camina hacia el córner izquierdo del Fondo Sur, dejando a su espalda la Tribuna Este de El Molinón. Hay un ruido ensordecedor en el ambiente, febril. Bombeará con la derecha. Un par de pasos. Y patea con fuerza el saque de esquina. El balón vuela parabólico, con una apertura inicial en su trayectoria, que se va cerrando. Cianuro puro. Doria y Rezza se lanzan a la embestida en el primer palo, arrastrando a algún defensa en su estampida ofensiva. Quini se hace el 'roncha' en el punto de penalti por si las moscas. Con tanto tráfico, la caída del balón resulta fatal para Giuliano Terraneo, portero del Torino. Gol olímpico. Celebra Ferrero. El Sporting acaba de marcar el primer tanto de su vida en una competición europea. Así se escribe la historia, recreada cuarenta años después por su protagonista para EL COMERCIO con el mismo lanzamiento en la instantánea de leyenda que acompaña la entrevista.

-¿Cómo recuerda el 13 de septiembre de 1978?

-Con una emoción tremenda. Teníamos un partido muy importante, el primero que jugábamos en Europa. La ciudad estaba revolucionada y el estadio, repleto. Lo más llamativo en el campo era que había aficionados colgados en los techos, sobre todo en la zona de El Piles. ¡Se sentaban encima de la Tribuna! El aforo estaba muy por encima de la capacidad del estadio y eso que era un día feo, con algo de niebla. Pero era la primera vez en toda su historia que el Sporting se convertía en un club europeo.

-¿Y su gol?

-Un gol olímpico. Metí varios así. Los trabajábamos mucho. Teníamos a Doria y a Rezza, que entraban con fuerza al primer palo, y yo lanzaba siempre cerrado hacia esa zona o al centro de la portería. Ellos llegaban al remate, mientras que Quini se quedaba en el punto de penalti. Como los dos entraban a la vez, siempre se llevaban a algún defensa, más el portero que estaba por detrás. La pelota se iba cerrando. Si no la tocaba nadie, entraba. Si la tocaba alguien, podía ser gol en propia o de uno de los nuestros. Incluso el rebote podía caer a los pies de Quini, que era un 'cazagoles' estupendo. Aquel día, el balón salió largo y entró en el segundo palo. El portero se fue adelante con los defensas.

-¿Lo vio entrar?

-Vi toda la trayectoria.

-¿Lo tiró a marcar?

-No. Yo sacaba el centro cerrado. Sí que es cierto que Miera me mandaba, cuando terminaba el entrenamiento, a lanzar córners. Me ponía y tiraba directo. Una y otra vez. El balón entraba. A veces en los partidos salía bien, pero la pelota iba a donde entraban Doria y Rezza, y terminó dentro. Era una estrategia muy buena.

-Rezza asegura que ustedes no eran conscientes de que estaban haciendo historia en aquel partido.

-Nadie es consciente de lo que está haciendo mientras lo vive. Luego, con el paso de los años, sí. Lo mismo que cuando nos proclamamos campeones en Segunda en el Tartiere. Tuve la suerte de marcar el 2-1, que nos hizo campeón.

-¿Nervioso por la semana?

-La estoy viviendo con la alegría de que voy a ver a compañeros, sobre todo a Víctor (Doria) y Rezza, que llegan de Argentina. Nos reuniremos para ver qué es lo que tiene preparado el club. Estamos muy agradecidos. Es una cosa bonita.

-¿Qué recuerda de la víspera?

-La concentración. Estábamos en el Hotel Príncipe de Asturias, en El Muro. Yo me quedaba con Quini en la habitación. Había muchos 'tifosi' del Torino, hombres y mujeres. Nos hicieron la noche imposible. Andaban por todos los lados, haciendo ruido. No dormimos bien, que era lo que pretendían. Pero al final ganamos. El tercer gol de Morán fue fundamental. Nos permitió ir con garantías a Turín, donde sufrimos muchísimo.

-Hábleme de aquel Torino.

-Era el cabeza de serie del grupo. Nosotros la 'princesita', los tontos de pueblo, por los que nadie daba un duro. Y les sorprendimos. Aquel Torino era muy duro. En Italia entraron muy fuerte. Por suerte, nosotros teníamos una defensa que en dureza era difícil que pudieran ganar a Rezza y Doria. Los dos jugaban serio, pero si había que meter la pierna eran los primeros.

-¿Algún souvenir del partido?

-Tengo el balón y la camiseta, y, por supuesto, el recuerdo de todo el ambiente. Nadie esperaba que ganáramos 3-0 al Torino en El Molinón. Nadie. Era uno de los equipos fuertes de Italia. Sería como hablar del Madrid, Barcelona, Atlético... Posiblemente aquel fue mi partido más especial.

-¿La Liga 1978-1979 tenía que haber sido para el Sporting?

-Totalmente. No lo fue por la presión que tenía a su favor el Madrid, como la ha tenido toda la vida. Fuimos primeros todo el año, pero nos perjudicó el partido de Salamanca por un error de cálculo, justo antes de recibir al Madrid en El Molinón. En Salamanca estuvimos cuatro jugadores que no tendríamos que haber ido: Quini, Rezza, Doria y yo, con tres tarjetas cada uno. Con una más, ciclo. A los cinco minutos amonestaron a Doria y a los cuarenta y dos, a mí. Esa tarjeta no se recurrió. No interesó. ¿Por qué? Cosas de la vida.

-¿Cómo era Maradona?

-Un chico fenomenal. Jugué con él en el 81. Ya tenía toda la fama del mundo. Vivíamos más o menos cerca, en un barrio que se llamaba Devoto. Me venía a buscar todos los días para ir a entrenar. Una persona extraordinaria.

-¿Quién fue el entrenador que más lo marcó?

-Menotti. Luego, Miera.

-¿Por qué Menotti?

-Promovía un fútbol creativo. Nos instaba a hacer cosas que no existían hasta que Guardiola llegó al Barcelona: repliegue a tres cuartos de campo, 'pressing' tras pérdida de balón. Eso no existía.

-¿Qué le parece este Sporting?

-Es pronto para sacar conclusiones, pero es una incertidumbre. Baraja ha hecho algo muy positivo, porque el equipo defiende muy bien, pero a partir de ahí, poco. Está en una fase de construcción. No es posible que vaya a jugar a La Coruña y en noventa minutos no haga un solo remate a portería. Tiene que llegar, crear, tener el balón, desbordar. Y luego, eso sí, seguir con el trabajo de recuperación de balón, que lo hace muy bien.

-¿Qué espina le queda?

-Me quedan muchas espinas con respecto al club. El comportamiento no ha sido bueno, pero todo lo compensa el cariño del público. Por eso me quedé en Gijón. Pero espinas, sí. Unas cuantas.

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