«Nacho siempre ha sido diferente»

Nacho Méndez, el domingo, en plena celebración de su gol frente al Extremadura./DAMIÁN ARIENZA
Nacho Méndez, el domingo, en plena celebración de su gol frente al Extremadura. / DAMIÁN ARIENZA

«Va a jugar siempre con esa tranquilidad. Da lo mismo que lo saquen en El Molinón o en el Bernabéu», apuntan sobre él Técnicos y familiares realizan un retrato del canterano, que el domingo marcó su primer gol en la Liga

JAVIER BARRIOGIJÓN.

A Nacho Méndez (Luanco, 1998) el balón le trajo de cabeza desde niño. Y eso que su madre, Natalia, le intentó orientar hacia el atletismo, con el que ella disfrutó durante años. Incluso llegó a quemar zapatilla el hoy canterano del Sporting en alguna que otra carrera de niño, pero no le iba mucho eso del tartán. Pronto se enganchó al fútbol, la pasión de su padre Fernando, que le recuerda con un balón debajo del brazo de camino a la cancha. «Tiene un talento natural, casi resulta hasta demasiado seguro para lo que hace en el campo con su edad», apuntan desde Mareo. La lectura es reincidente desde hace tiempo. El domingo, con 20 años, celebró su primer gol con el Sporting en la Liga. «Pero con mucha calma y paso a paso», insisten en su casa.

«Lo vemos con la ilusión de un chico al que conocemos desde hace mucho y que poco a poco se está abriendo paso, defendiendo su fútbol en el equipo en el que siempre ha querido estar, que es el Sporting, y dejando cada vez mejores sensaciones», observa Manolo Sánchez Murias, director del fútbol base de Mareo, antes de describirle con más detalle: «Es un chico con personalidad a la hora de llevar el peso asociativo en un equipo. Tiene talento, creatividad, buen pase y ve el fútbol. Siempre muestra capacidad para hilvanar el juego del equipo en zonas próximas al área».

La opinión es unánime. «Siempre ha sido diferente», remacha Jesús Oliveros, uno de los entrenadores que más le han influido junto a José Alberto López. «Posiblemente sea futbolista desde que nació», completa el técnico gijonés, que le dirigió en sus dos primeros años de alevín en el TSK Roces. Ahí se intuyeron los rasgos de una personalidad marcada. Lo corroboran en Mareo: «Tiene mucho desparpajo y carácter». Y lo traía de serie. «Recuerdo un torneo en León. No sé muy bien el porqué, pero el entrenador rival se metió conmigo. Nacho hizo una gran jugada después y marcó. ¡Y le dedicó a aquel entrenador el gol mientras miraba hacia mí! Fue su forma de decirle que me respetara», recuerda con emoción Oliveros.

En su etapa formativa hay ejemplos para dar y tomar sobre esa personalidad tan fuerte y que le llegó a costar más de una lágrima. «No le gustaba perder ni al parchís. Nos costaba convencerle de que muchas veces no ganaba el que mejor jugaba. Era muy temperamental, un competidor nato al que nadie regaló nada», observa Víctor Holguera, responsable de su traslado desde el Marino al barrio de Roces, reconociendo que el domingo pegó «un buen bote» en el sofá de casa con su gol.

En otro partido con el TSK Roces, esta vez frente a la Selección Asturiana, «siendo todavía un renacuajo», pidió a su entrenador al descanso que cambiara la formación para jugar 1-2-1 en el Palacio de Deportes. Era su rebelde contestación al abultado 5-1 en contra de la primera mitad, que le escocía de lo lindo, ante un rival que se manejaba mejor en el fútbol sala. La tarde terminó 5-5. Esa singularidad tan inherente a su figura se repite como hilo conductor en las conversaciones que se mantienen con su entorno. Mientras tanto, el luanquín se abre de par en par las puertas del primer equipo del Sporting con una titularidad, una asistencia más que brillante ante el Nástic y ese gol frente al Extremadura, iniciático en su prometedora carrera, en estas tres primeras jornadas de la temporada.

Su interpretación del fútbol, más asociativa que solista, no es casual. «Siempre hemos tratado de inculcarle que está en un deporte colectivo. Una cosa que le saca mucho de quicio, por ejemplo, es no conseguir influir en el juego del equipo», apunta Fernando Méndez-Navia, su padre, que solía retarle cuando era niño apostándose con él un helado para que jugase a un toque y no monopolizara más de la cuenta el balón: «La idea era que entendiera que jugaba para otros y que el equipo estaba por encima de las individualidades».

Interviene Rogelio García, responsable de captación del Sporting. «Nacho es un jugador que maneja muchos conceptos tácticos, defensivos, ofensivos, de finalización y llegada. Tiene una tranquilidad con el balón impropia de su edad», apunta el técnico. Tan firme y calculador es su pie izquierdo que José Alberto le incrustó en algún partido con el filial como pivote por delante de la defensa para mejorar la salida del balón del colectivo. «Le vino bien porque suponía manejarse en otra interpretación del fútbol y ofrecerse a la salida», remarca Rogelio.

El mayor de tres hermanos

Siendo el mayor de tres hermanos (Nacho, Javi y Cristina), Nacho Méndez concentra su vida personal en Luanco. Allí reside con su familia y allí empezó a pelotear de niño con el Marino. Duró un guiño. Pronto se lo llevó el TSK Roces y, en el primer año de alevines, ya jugaba para el Sporting. La cadena alimenticia del fútbol. Durante ese trayecto nunca ha perdido el apetito educativo. Estudiante notable, con gusto por las Matemáticas, el año pasado lidiaba con Ingeniería de Telecomunicaciones, aunque las dificultades para encajar la agenda académica le pusieron en el camino de la UNIR (Universidad Internacional de La Rioja), obligándole a modificar su rumbo. Ahora se ha adentrado en Ingeniería de Organización Industrial, mientras da el estirón final en el campo. «Va a jugar siempre igual, con esa tranquilidad, y da lo mismo que lo saquen en El Molinón o en el Bernabéu. No lo va a tumbar nada porque es muy fuerte de cabeza», concluye Oliveros.

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